“El corazón y la botella”, de Oliver Jeffers
Por Javier Munguía | Reseñas | 16.05.10
El corazón y la botella. Oliver Jeffers
Traducción de Udo Araiza
Fondo de Cultura Económica (México, 2010)
Aunque parezca increíble, hay quienes consideran a los niños incapaces de interpretar los textos literarios y, por tanto, la vida. Los infantes serían, pues, una suerte de adultos subdesarrollados, en espera de crecer para ser capaces de darles sentido al mundo que los rodea. En su artículo “La literatura infantil no ha existido nunca”, un tal Jesús G. Maestro afirma que la literatura, “si es “infantil”, no es literatura”, ya que ella constituye “un complejo sistema de ideas que resultará ilegible e inasequible para una inteligencia infantil (…), por muy desarrollada que se encuentre”. No me extrañaría que esta persona espere de los lectores que, como sus fervorosos discípulos (espero que sean muy pocos), celebren sus presuntos hallazgos.
Considero respetable el hecho de cuestionar la pertinencia del adjetivo “infantil” aplicado a la literatura. Si bien hay toda una tradición de textos literarios dirigidos a los niños, cuyos relatos incorporan inquietudes propias de su edad y están escritos con un lenguaje accesible a ellos, esos libros pueden ser disfrutados e interpretados con provecho también por adultos sin prejuicios, del mismo modo que éstos disfrutan y sacan provecho a ficciones y poemas dirigidos a adultos que optan por la simplicidad en la expresión y el contenido, sin sacrificar hondura por ello. Lo que me parece inconcebible es que un texto discriminatorio y lerdo que prácticamente trata de idiotas a los niños pueda hacerse pasar por crítica literaria.
Hablemos o no de literatura infantil, resulta estúpido subestimar la inteligencia de los niños, de cuyo desarrollo cognitivo el tal Maestro no tiene la menor idea. No es necesario, por lo demás, ser un psicólogo, sino apenas un poco de observación para enterarse de que los niños son muy capaces de leer textos literarios, hacer inferencias sobre ellos en el proceso de la lectura y, finalmente, interpretarlos. Cualquier maestro de escuela, cualquier madre o padre de familia que guste de la lectura podría darnos testimonio de ello.
Por fortuna, a los niños les tiene sin cuidado que los desdeñen como lectores: ellos siguen leyendo ficciones que estimulan su inteligencia e imaginación, y enriquecen su lenguaje. Ficciones como este álbum ilustrado de Oliver Jeffers (Irlanda del Norte, 1977) de nombre El corazón y la botella, editado en fechas recientes por el Fondo de Cultura Económica.
La protagonista de esta historia es una niña muy curiosa que quiere saberlo todo de todo y ama hacer descubrimientos. Uno de ellos le cambiará la vida: el de un sillón vacío en la sala de su casa. A partir de entonces, la niña se siente insegura y decide poner su corazón a buen resguardo. ¿Qué mejor lugar que una gruesa botella de vidrio para un corazón delicado? Sin embargo, el tiempo revelará a su dueña que la suya quizá no haya sido la mejor de las ideas.
Como vemos, esta obra ofrece una visión poética del mundo: nada en ella es literal, sino sugerido, presentado a través de sencillas metáforas que el lector deberá desentrañar. El hecho desencadenante del conflicto, por ejemplo, nunca se explica literalmente: se llega a él a través de inferencias, se percibe a través de una ausencia significativa. Un acierto del libro es que en él la moraleja nunca queda explícita: es bastante clara, pero será labor del lector extraerla. Tampoco caer el autor en la tentación de hacer juicios sobre sus personajes: se limita a presentarlos y deja el resto en manos de quienes leen.
El asombro ante las maravillas del mundo, la pérdida de la inocencia, la fragilidad y la autoprotección son algunos de los temas de este libro en el que, como en toda obra literaria, las ideas no aparecen desnudas, sino que se encarnan en historias, en personajes capaces de mover nuestra sensibilidad además de nuestra inteligencia.
El conciso texto y las sencillas imágenes, despojadas de adornos innecesarios, se conjugan en El corazón y la botella para ofrecernos una historia que, si bien no es compleja, es capaz de tocar esas fibras nuestras en las que la razón y la pasión, al análisis y la intuición dejan de ser distinguibles.
Javier Munguía
http://javiermunguia.blogspot.com













10.02.12 15:27 :
es un libro maravilloso, aun que sea un libro infantil deja una bonita enseñanza =)