“El festín de Babette”, de Isak Dinesen

Por Javier Munguía | Reseñas | 14.01.10

El festín de BabetteEl festín de Babette. Isak Dinesen
Traducción de Pablo Marentes
Miguel Ángel Porrúa (México, 2000)

En 1958, bajo el seudónimo de Isak Dinesen, la escritora dinamarquesa Karen Blixen publicó el libro de relatos Anécdotas del destino. En él se incluía un cuento que la editorial Miguel Ángel Porrúa publicó en 2000 como un libro independiente. Se trata de El festín de Babette, cuya versión cinematográfica se filmó en 1979 y cosechó éxitos como el César de Francia de ese año, además de competir en los festivales fílmicos de Cannes y Nueva York.

En Berlevaag, un pueblecito noruego rodeado de montañas, viven en 1871 las hermanas Martine y Philippa, dos viejecitas cuyas vidas han trascurrido apacibles y moderadas. A pesar de haber sido en su juventud dos bellezas extraordinarias y de haber tenido diversos pretendientes, las hermanas nunca se casaron. Su padre, un párroco protestante, les enseñó desde muy pequeñas a renunciar a los placeres mundanos en favor de la verdadera vida en el cielo.

Un día llega a casa de estas señoras una mujer francesa llamada Babette que huye de una Francia convulsionada donde la acusan de incendiaria. Ante su semblante desastrada y su situación de urgencia, las hermanas la acogen a cambio de que se ocupe de la limpieza y de cocinar. Pronto, Babette se incorpora a la mansa rutina de la casa. Pero eso cambiará cuando ella obtenga un codiciado premio en efectivo que revolucionará, al menos por una noche, el aburrido devenir del pequeño pueblo de Berlevaag.

En su nota “Acerca de la autora”, incluida en esta edición, el traductor del cuento, Pablo Marentes, hace una interesante anotación: a diferencia de sus contemporáneos James Joyce, William Faulkner y Robert Musil, entre otros, Isak Dinesen no empleó innovaciones formales en su narrativa. En un ensayo sobre la autora, afirma Mario Vargas Llosa que su propósito era encantar, impedir el bostezo valiéndose de cualquier recurso.

Estas características de su narrativa están presentes en El festín de Babette: una estructura sencilla que sin embargo se encarga de, antes que nada, enganchar al lector con la historia que se le cuenta. En el primer capítulo sabemos, por ejemplo, que en su vejez las hermanas vivían acompañadas por Babette, pero no por qué, siendo tan puritanas, tenían una criada francesa (las mujeres de esta nacionalidad tenían fama de ligeras). Se nos adelanta que los motivos hay que buscarlos en el pasado y en “los recónditos dominios del corazón”. Luego de este arranque, al lector ha sido enganchado: no le quedará otra opción que leer las siguientes páginas, que cuentan la juventud de las hermanas, para llegar al punto en que, ya viejas, aceptaron en su casa a Babette contra cualquier tipo de prevención moral.

Pero Dinesen no se conforma con entretener, sino que enfrenta en su relato, para conmoción de los lectores, dos rostros antagónicos: el de la soledad de unas vidas minúsculas, efímeras, sin mayor trascendencia, y el de la plenitud terca, inmune a cualquier desgracia.

Javier Munguía
http://javiermunguia.blogspot.com

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