“El viaje a la ficción”, de Mario Vargas Llosa

Por Javier Munguía | Reseñas | 29.10.09

El viaje a la ficciónEl viaje a la ficción. El mundo de Juan Carlos Onetti. Mario Vargas Llosa
Alfaguara (Madrid, 2008)

En 1983, en la revista peruana Caretas, Mario Vargas Llosa publica un breve pero hermoso artículo, que más bien parece cuento por su autosuficiencia y atractivo propio, independiente del cotejo con su modelo real: “La señorita de Somerset” relata la historia real de una apasionada lectora y autora de novelas románticas británica, que al morir destina todos sus bienes a la creación de un premio literario anual para novelistas menores de 35 años. Las obras premiadas, según los deseos de Miss Betty, deberán ser obras románticas o más bien tradicionales que experimentales.

Discurre Vargas Llosa por la vida de su personaje y nos entera de que la señora Trask escribió unas 50 novelas románticas, murió soltera y virgen, y evitó siempre el contacto con los seres humanos para consagrarse a su pasión de leer y escribir historias de amores arrebatados. Mientras que los vecinos de la mujer, tras su muerte, se apenan de lo monótona y triste que fue la vida de Miss Trask, Vargas Llosa la reivindica afirmando que en realidad Betty Trask vivió una vida mucho más rica y variada que muchos de sus contemporáneos, ya que al dedicar sus días y sus noches a la fantasía, le dio la espalda a ese mundo monótono, pedestre, odioso del pueblecito de Somerset.

No es casual que este breve artículo aparezca incluido tanto en Contra viento y marea III (1990), como en El lenguaje de la pasión (2001), ambos libros compilaciones de algunos de los artículos más representativos en la trayectoria periodística de Vargas Llosa. En “La señorita de Somerset” está ya el germen que, muchos años después, alentaría la escritura de El viaje a la ficción. El mundo de Juan Carlos Onetti (2008): la idea de la literatura como un mundo alternativo, más vivo y estimulante que el real, al cual los seres humanos pueden escapar huyendo de sus miserias cotidianas.

El viaje a la ficción no es un ensayo exhaustivo,  a la manera de Historia de un deicidio (1971) o La orgía perpetua (1975), sendos ensayos de Vargas Llosa sobre García Márquez y Flaubert, respectivamente. Esta nueva entrega dedicada a Onetti es más bien un libro contenido y sugerente, donde el autor no desmenuza minuciosamente la obra del narrador uruguayo, pero sí traza un mapa completo de todas sus novelas y sus mejores cuentos, y nos da claves esenciales para entenderlos.

Si bien desde 1967, en el discurso de aceptación del Premio Rómulo Gallegos, Vargas Llosa reconoce a Onetti como uno de los grandes narradores latinoamericanos, y en 1997 reafirma la admiración por su colega tanto en la novela Los cuadernos de don Rigoberto como en el ensayo Cartas a un joven novelista, hasta antes de la publicación del reciente ensayo no había dedicado ninguno de sus textos exclusivamente a analizar la obra de uno de sus maestros. El viaje a la ficción, pues, salda la deuda pendiente de Vargas Llosa con Onetti.

Si en otros ensayos de Vargas Llosa hay una separación tajante entre la vida y la obra del autor, entre impresionismo, formalismo e historicismo, en El viaje a la ficción todos ellos están engarzados de tal forma que es difícil para el lector identificar la transición entre uno y otro. Pasamos con sutileza del análisis de la obra a la confrontación con la vida, y luego a los testimonios de Vargas Llosa sobre sus breves y escasos encuentros con Onetti, así como al rastreo de influencias literarias y a la revisión de la crítica.

Juan Carlos Onetti

Juan Carlos Onetti

El libro abre con un ensayo que da su título al volumen, “El viaje a la ficción”, que vale no sólo como introducción a la narrativa onettiana, sino por sí mismo (de hecho, se publicó en Letras Libres en febrero de 2008, varios meses antes que la primera edición del libro completo). En esta apertura, Vargas Llosa se remonta a los orígenes de la humanidad, cuando, en su afán de sobrevivir, los hombres primitivos viven sumidos en un eterno presente. Más que con el nacimiento del lenguaje, que supone la “desanimalización del ser humano”, la civilización habría empezado, según Vargas Llosa, cuando los hombres y mujeres empiezan a reunirse para contarse historias y así enriquecer sus vidas, acceder a otras, materializar sus sueños. Para el autor, este mismo designio es el que lleva a los seres humanos del siglo XXI a leer y escribir novelas.

En el resto del libro el centro es Onetti, cuya obra estaría concebida casi íntegramente para mostrar la manera como los hombres y mujeres han construido y consumido vidas paralelas para escapar de las limitaciones de la vida real. Vemos dibujada en estas páginas la figura de Onetti como un hombre huraño y solitario que hizo de sus limitaciones, sus fuerzas, y escribió para construir un reducto adonde escapar de su odioso entorno, tal como Miss Betty Trask.

No es complaciente Vargas Llosa con las ficciones de Onetti: si bien lo llama el primer novelista latinoamericano moderno, por su empeño de innovar en la forma en una época en que predominaba la narrativa descuidada formalmente y de denuncia social, y da el estatus a varios de sus libros de obras maestras, a otros les señala defectos y excesos, como el talón de Aquiles del novelista uruguayo: la retórica. Mientras que las novelas La vida breve (1950) y El astillero (1962) y los cuentos “Un sueño realizado” (1941), “Bienvenido, Bob” (1944) y “El infierno tan temido” (1957) son presentados por el peruano como algunos de los puntos más altos que tocó Onetti, algunas de sus primeras novelas como Tierra de nadie (1941) y Para esta noche (1943), y de las últimas como Cuando entonces (1987) y Cuando ya no importe (1993), son descritas como obras inacabadas o imperfectas que importan más en el conjunto de la obra de Onetti que por sí solas.

Vargas Llosa revisa también la influencia de distintos escritores que pudieron haber impactado en mayor o menor medida en la escritura de Onetti, como Eduardo Mallea, Roberto Arlt, Jorge Luis Borges y, sobre todo, William Faulkner y Luois Ferdinand Céline.

La vida y la obra de Onetti aparecen estrechamente ligadas en este ensayo: la primera acosándolo siempre con sus sinsabores y desventuras, y la segunda redimiéndolo al ofrecerle una válvula de escape, un escenario donde desquitarse de sus frustraciones.

No desaprovecha Vargas Llosa la oportunidad de apuntalar la tendencia de los latinoamericanos de rechazar el mundo real y sustituirlo por espejismos y quimeras. Mientras que en el arte esta idiosincrasia ha producido obras maestras como las de Onetti, dice Vargas Llosa, en política ha engendrado catástrofes, encarnadas éstas en las utopías sociales de Fidel Castro y Hugo Chávez. De este modo, Vargas Llosa reivindica los modelos políticos democráticos y pragmáticos que en el fondo representa su propia apuesta política: la liberal.

En suma, El viaje a la ficción es un libro ameno, penetrante, con la capacidad de contagiar al lector la pasión de su autor por la literatura en general y por la obra de Onetti en particular. Como otros de Vargas Llosa, este libro intenta sacudir a la literatura la etiqueta de pasatiempo-para-gente-que-tiene-tiempo-de-sobra y de darle, en cambio, el estatus de subversiva, de fuente de insatisfacción para los seres humanos, sin la cual el progreso en todas las áreas del conocimiento no sería posible.

A través de la figura de Onetti y los protagonistas de sus libros, como ya lo había hecho con Betty Trask, Alonso Quijano y Madame Bovary, Vargas Llosa defiende y aplaude el derecho de los seres humanos de rebelarse contra la realidad en fugas ficticias que los devolverán a sus respectivos sitios transformados.

Javier Munguía
http://javiermunguia.blogspot.com

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Un comentario

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  1. Al leer “La guerra del fin del mundo” (1981), fue posible exclamar al final: ¡bravo! ¡qué excelente novela!; y, de “La Fiesta del Chivo” (2000) —a la que se le dedicó un modesto ensayo publicado el 28 de agosto de 2009 en http://www.monografias.com/trabajos-pdf2/fiesta-chivo-gobierno-fuerza-farsa/fiesta-chivo-gobierno-fuerza-farsa.shtml— quien esto escribe no dejó de expresar su admiración por la prosa y calidad estilística de Mario Vargas Llosa. Sin embargo, ocurre «casi» lo contrario después de la lectura de “El viaje a la ficción: el mundo de Juan Carlos Onetti” (2008).

    Sucede que lo que más interesaba conocer, algo de la vida personal de Onetti, es lo que hace falta en el Ensayo de Vargas Llosa, el cual no construye la biografía del novelista uruguayo, sino únicamente efectúa un recorrido por sus novelas y algunos cuentos. De la existencia de éste como hombre, casi nada.

    Empero, esto no desmejora la calidad del ensayista peruano. Como que a Mario Vargas Llosa no le interesó relatar la historia que cual personaje de novela tuvo Onetti, sino descubrir y aportar ideas (cuando no prejuicios) acerca de su obra. Claro está, separar la vida de un escritor con respecto a su obra, y examinar cada aspecto en forma disgregada y desapasionada, es algo muy difícil; fue lo que no pudo hacer el guatemalteco Luis Cardoza y Aragón cuando redactó “Miguel Ángel Asturias: Casi novela” (1991).

    Si un lector se interesa en leer las novelas y cuentos de Onetti, seguramente “El viaje a la ficción” de Vargas Llosa le podrá auxiliar, llevándolo de la mano a través de la producción literaria del uruguayo, año con año. A pesar de ello, que no espere encontrar sesudos análisis de cada obra, tan sólo someras descripciones; como que al peruano básicamente le preocupó dar a conocer ligeramente la obra, dejando al lector la tarea no sólo de interesarse, sino de desbrozarla según su propia ficción y prejuicios.

    En el supuesto que Vargas Llosa tuviera como propósito interesar al lector en la novelística de Onetti, se es de la opinión que fracasó. Su naufragio queda al descubierto con la inclusión de comentarios a cual más fríos y poco interesantes, a los que falta la gracia de un contador de historias, en virtud que no puede transmitir y transcribir lo candente e importante de cada novela y de más de algún cuento, como para invitar a la lectura.

    Lo anterior ocurre porque Vargas Llosa emplea un estilo académico, aunque exento de erudición para no aburrir o sobrecargar al lector con datos y referencias bibliográficas innecesarias. Por tal razón, el Ensayo pasará como uno más, lo cual es de lamentar.

    Si al peruano le otorgaron el 23 de octubre de 2009 el Premio Internacional de Ensayo Caballero Bonald 2008 (Jerez de la Frontera, Cádiz), en reconocimiento a su estudio “El viaje a la ficción”, solamente el Jurado Calificador podrá explicar por qué. A título personal se es de la opinión que se trata de un Ensayo que no atrae, quizá porque se esperaba más de quien ha sido varias veces candidato al Premio Nóbel de Literatura.

    Ariel Batres Villagrán
    Guatemala, 23 de diciembre de 2009

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