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	<title>Revista de Letras</title>
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	<description>La  Revista de críticas de libros, entrevistas, reportajes, reseñas y noticias sobre el mundo literario</description>
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		<title>Los tesoros de los escritores</title>
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		<pubDate>Tue, 15 May 2012 07:20:56 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Soto Ivars</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Las grandes plumas atesoran enormes bibliotecas. Juan Soto Ivars ha mirado en sus anaqueles para ver cuáles son los libros favoritos (y las manías) de algunas figuras de la literatura.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">En tiempos de privatización, cuando la austeridad parece ser lo único que se comparte con los demás, crece la curiosidad del ciudadano por los edenes privados. Lugares a los que solo unos pocos tienen acceso alimentan la programación de las parrillas televisivas: ricachones mostrando sus yates, sus cocinas, las zonas <em>vips</em> de los clubes más exclusivos. Los huraños paraísos vedados en época de escasez.</p>
<p style="text-align: justify;">Los malos tiempos económicos lo son también para la lírica. Cierran editoriales, las bibliotecas públicas reducen su ingesta de libros y parece un sueño imposible ganarse la vida escribiendo, por bien que se haga. Para colmo, el libro electrónico irrumpe con la vanidad de almacenar una biblioteca entera en la palma de la mano. Y, sin embargo, igual que los jardines privados esconden celosamente su encanto a las ciudades, eso pasa también con las bibliotecas de los escritores.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Antonio Gamoneda</strong> otorgó a <strong>Jesús Marchamalo</strong> el título honorífico de Inspector de Bibliotecas y desde 2007 muchos escritores le han permitido explorar estas cajas fuertes del saber y el fetichismo lector. Con auténtica delectación reunió este periodista sus etapas en el viaje por los estantes de veinte escritores españoles en <strong><em>Donde se guardan los libros</em></strong>, editado por Siruela.</p>
<div id="attachment_26586" class="wp-caption alignright" style="width: 310px"><a href="http://www.revistadeletras.net/wp-content/uploads//2012/05/Enrique-Vila-Matas.jpg" rel="lightbox[26585]"><img class="size-medium wp-image-26586" title="Enrique Vila-Matas" src="http://www.revistadeletras.net/wp-content/uploads//2012/05/Enrique-Vila-Matas-300x225.jpg" alt="" width="300" height="225" /></a><p class="wp-caption-text">Enrique Vila-Matas (foto: antoncastro.blogia.com)</p></div>
<p style="text-align: justify;">Y es que las bibliotecas acumulan papel pero también historias. En el libro de Marchamalo se cuenta el primer <em>librocidio</em> de <strong>Enrique Vila-Matas</strong>, que decidió ser escritor y para ello tuvo que purgar de su biblioteca los pesados tomos de Derecho, que fueron a parar al contenedor en una noche de lluvia. También se cuenta cuál fue el primer libro que pudo leer Antonio Gamoneda después de que la Guerra Civil acabase con la biblioteca paterna.</p>
<p style="text-align: justify;">Se describe la fachada belicosa de las bibliotecas de <strong>Pérez Reverte</strong>, que exhibe un <em>kalashnikov</em>, o la de <strong>Javier Marías</strong>, custodiada por soldaditos de plomo. Se cuentan los sistemas estrafalarios con que organiza sus libros <strong>Fernando Savater</strong>, de forma que solo él podría encontrar un título, y tampoco faltan historias fantasmagóricas como la de <strong>Clara Janés</strong>, que descubrió una puerta tras uno de los estantes de su casa de juventud y, al otro lado, una habitación cuya existencia ignoraba su familia.</p>
<p style="text-align: justify;">También son interesantes las fotos que Marchamalo hizo a los autores ante sus bibliotecas: en ellas se detecta este orgullo casi infantil de quien muestra su colección de tesoros. Posa <strong>Mario Vargas Llosa</strong> ante sus libros, subido a una escalera que da pistas sobre la altura de los anaqueles y del orgullo del propietario; se apoya en una balda <strong>Soledad Puértolas</strong>, mirando con melancolía una de las muchas fotos familiares que distribuye delante de los lomos&#8230;</p>
<p style="text-align: justify;">Pero ¿leen los escritores todos sus libros? Idea tan absurda para Marchamalo como la que explica con una buena anécdota: “Cuenta <strong>Andrés Trapiello</strong> esa vez que, viendo su biblioteca llena de libros, le preguntaron a qué se dedicaba. Y cuando dijo que era escritor le preguntaron si los había escrito él todos”.</p>
<blockquote>
<p style="text-align: justify;">
<div id="attachment_26587" class="wp-caption alignleft" style="width: 310px"><a href="http://www.revistadeletras.net/wp-content/uploads//2012/05/Javier-Marías.jpg" rel="lightbox[26585]"><img class="size-medium wp-image-26587" title="Javier Marías" src="http://www.revistadeletras.net/wp-content/uploads//2012/05/Javier-Marías-300x225.jpg" alt="" width="300" height="225" /></a><p class="wp-caption-text">Javier Marías (foto: antoncastro.blogia.com)</p></div>
<p style="text-align: justify;"><strong>Dime qué libros lees y te diré quién eres.</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Un autor puede acumular libros suficientes como para llenar varias casas, como es el caso de Javier Marías o Andrés Trapiello, que tienen la suerte de podérselo permitir. <strong>Sánchez Dragó</strong> se jacta de acumular libros y dice que recibe unos treinta cada día. Mantenerse en pie en ese torrente libresco requiere leer con voracidad. Este escritor lo hace: entre quince y veinte libros lee&#8230; <em>a la vez. Más le vale, porque acumula unos 75.000 entre Soria y Madrid, aunque, como veremos más adelante, Fernando Sánchez Dragó tampoco se priva del placer de tirar libros malos</em>.</p>
<p style="text-align: justify;">Pero hablamos de acumulación y síndrome de Diógenes. ¿Qué ocurre entonces con una casa habitada por dos escritores? <strong>Antonio Muñoz Molina</strong> y sus libros comparten espacio con los de su mujer, <strong>Elvira Lindo</strong>. El escritor muestra la ingeniosa biblioteca de su despacho: montada como un fichero para economizar espacio, estanterías que forman pasillos y recuerdan a los intestinos de la burocracia. La diferencia, por supuesto, es el contenido, repleto de joyas literarias, como por ejemplo un libro de <strong>Wenceslao Fernández Flórez</strong> que Muñoz Molina robó (con cierto rubor) cuando visitaba una casa que iba a comprar un amigo suyo.</p>
<p style="text-align: justify;">Hay escritores que almacenan cantidades de libros casi imposibles de imaginar, como Dragó o <strong>Daniel Samper</strong>, escritor colombiano que guarda en la suya unos 10.000; <strong>Santiago Roncagliolo</strong> admite que dedica unos cuantos anaqueles para las traducciones de sus propios libros a numerosos idiomas. Lo llama la “egoteca”, aunque luego regala los demás en cada mudanza. No tiene ningún interés por acumular. Como dijo <strong>Felipe Benítez Reyes</strong>, “hacer una mudanza es la forma más brutal de hacer crítica literaria”. Aunque sin mudanzas de por medio, también está el placer de expulsar libros de una biblioteca. Sánchez Dragó reserva una parte de su programa de Telemadrid para lanzar a un cajón aquellos libros que ha leído y detestado, e incluso invita a los escritores que lo visitan a que hagan lo mismo. Algunos, según Dragó, recogen del cajón el libro que han sacrificado cuando las cámaras se apagan, y lo devuelven atemorizados a sus anaqueles.</p>
<p style="text-align: justify;">Pero también se pueden expulsar libros por necesidad. En el relato <em>Solo para fumadores</em>, el peruano <strong>Juan Ramón Ribeyro</strong> narra una particular quema de libros que nada tiene que ver con la que sufrió Alonso Quijano por parte del cura, el barbero y el ama. Ribeyro vivía en París en los años sesenta y la economía no daba ni para tabaco. Lo que comenzaron siendo viajes de purga a los huraños libreros de la orilla del Sena terminó convertido en hoguera. Los libros valen poco en esa ribera: una primera edición de <strong>Balzac</strong> le dio para un par de paquetes de tabaco. Decepcionado y con una biblioteca cada vez más modesta, llegó incluso a vender al peso los diez ejemplares que le quedaban de su primera novela, <em>Los gallinazos sin pluma</em>. <strong>Juan Bonilla</strong>, en un artículo en<em> El Cultural</em>, cuenta que fue a buscar un ejemplar de <em>Los gallinazos</em> a la página de libros de segunda mano <a href="http://www.abebooks.com/" target="_blank"><span style="text-decoration: underline;"><strong>abebooks</strong></span></a>. Encontró uno, tasado en 250 dólares. “Da para muchos cigarrillos”.</p>
</blockquote>
<p style="text-align: justify;"><strong>Bienes codiciados.</strong></p>
<div id="attachment_26588" class="wp-caption alignright" style="width: 303px"><a href="http://www.revistadeletras.net/wp-content/uploads//2012/05/Mario-Vargas-Llosa.jpg" rel="lightbox[26585]"><img class=" wp-image-26588" title="Mario Vargas Llosa" src="http://www.revistadeletras.net/wp-content/uploads//2012/05/Mario-Vargas-Llosa-300x271.jpg" alt="" width="293" height="265" /></a><p class="wp-caption-text">Mario Vargas Llosa (foto: juansotoivars.wordpress.com)</p></div>
<p style="text-align: justify;">Dice la voz bronca y popular que hay dos tipos de gilipollas: quienes prestan libros y quienes los devuelven. En la puerta de la biblioteca de <strong>Ramón Valle Inclán</strong> había un cartel que rezaba: “Esta biblioteca está hecha de libros robados. No se prestan libros”. Y es mucho más amenazante el aviso de la universidad antigua de Salamanca: “Hay excomunión reservada a su Santidad contra cualesquiera personas que quitaren, distrajeren, o de otro cualquier modo enajenaren algún libro, pergamino o papel de esta biblioteca, sin que puedan ser absueltos hasta que esta esté perfectamente reintegrada”. La propiedad de los libros es una cosa muy seria, y muchos autores se niegan a desprenderse incluso de las más modestas ediciones de bolsillo.</p>
<p style="text-align: justify;">No era el caso de <strong>Hemingway</strong>, que durante su etapa en Cuba se convirtió en una especie de biblioteca pública y llevaba ficheros con los préstamos. Su biblioteca se encuentra unida a la <strong>John Fitzgerald Kennedy</strong> por deseo expreso de sus viudas. En la bahía de Boston, la JFK Library contiene el rastro de caracol de miles de papeles que dejó Hemingway, aquel escritor con pose de antintelectual. Pose más bien falsa, pues su chófer <strong>Toby Bruce</strong> declaró que siempre cargaba en el coche una maleta llena de libros. El americano leía ocho o diez obras a la vez en sus noches de insomnio. Eso sí, era un lector peligroso: al registrar su archivo y sus anotaciones sobre lecturas, se descubre que no solo odiaba releer libros, sino que odiaba los libros que releía. Tal fue el caso de <em>Santuario</em>, de <strong>William Faulkner</strong>.</p>
<p style="text-align: justify;">No hay que remover mucho para encontrar, en la actualidad, historias de propietarios de libros celosos: el argentino<strong> Rodrigo Fresán</strong> evita prestar libros, e incluso a su hijo se los deja bajo estricta vigilancia. Es Fresán de los que no flexionan el lomo ni maltratan las páginas con dobleces y subrayados. Pero es que en su biblioteca, que ha cruzado el charco varias veces, tiene incluso un ejemplar de <em>The histories of John Cheever</em> firmado por el autor.</p>
<p style="text-align: justify;">Los libros firmados y dedicados son frecuentes en las bibliotecas de los grandes, pero hay también curiosas excepciones. Un editor español que prefiere mantener su nombre en el anonimato confiesa una vieja estratagema juvenil: acudía a la firma de libros de <strong>Cela</strong>, pongamos por caso, y pedía al gallego que le dedicase su última novela. “¿Cómo te llamas?”, preguntaba el escritor, y este pícaro respondía: “Paco Umbral”. Así se fue haciendo con libros de escritores dedicados a escritores, y las imitaciones que no vendió a precios abultados figuran hoy entre las rarezas de su biblioteca.</p>
<p style="text-align: justify;">El destino de los libros dedicados también es fecundo en historias: a<strong> Paul Theroux</strong> le costó un buen cabreo encontrar en una librería londinense un ejemplar dedicado de un libro suyo que había regalado al premio Nobel <strong>Naipaul</strong>. Nada que ver con Juan Bonilla, que encontró un ejemplar de su primera novela dedicado a Enrique Vila-Matas y agradeció poder recuperarlo, pues estaba totalmente descatalogado. Pese a su pasión, Jesús Marchamalo piensa que “hay algo artificioso en esa batalla que intentan imponernos entre la tecnología y el libro tradicional. O eres un chico moderno, o una antigualla,” declara. Entre las mejores virtudes de las bibliotecas sin estantes, destaca esta: “No parece razonable que hoy haya libros que no puedan comprarse porque están agotados desde hace años, y no se reeditan. O libros que desaparecen de las librerías a las tres semanas de salir, o que ni siquiera llegan”.</p>
<blockquote>
<p style="text-align: justify;">
<div id="attachment_26590" class="wp-caption alignleft" style="width: 344px"><a href="http://www.revistadeletras.net/wp-content/uploads//2012/05/Aurora-Bernárdez.jpg" rel="lightbox[26585]"><img class=" wp-image-26590" title="Aurora Bernárdez" src="http://www.revistadeletras.net/wp-content/uploads//2012/05/Aurora-Bernárdez-300x168.jpg" alt="" width="334" height="187" /></a><p class="wp-caption-text">Aurora Bernárdez (foto: ivanthays.com.pe)</p></div>
<p style="text-align: justify;"><strong>Radiografías de los escritores.</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Hace poco menos de dos meses que la Enciclopedia Británica anunció el cese de su publicación en papel. Parece evidente que el mismo destino van a tener las enciclopedias del resto del mundo. Sin embargo, la enciclopedia en papel era un texto para ser deglutido poco a poco y con él se tenía la fantasía de atesorar todo el conocimiento en unos metros de estantes. La Enciclopedia Británica era una lectura a fuego lento para <strong>Borges</strong>, y <strong>Álvaro Pombo</strong> atesora en Madrid la misma edición de 1912 que utilizó el argentino.</p>
<p style="text-align: justify;">Las bibliotecas privadas son radiografías de la vida de los escritores y por ello son uno de los primeros objetivos de sus biógrafos. Lo que ocurre con la biblioteca tras la muerte de un autor puede ser muy dispar. Algunos cedieron sus bibliotecas al público antes de irse, otros las destruyeron. En la familia de <strong>Leopoldo Panero</strong>, los vástagos fueron vendiendo a particulares dispersos las primeras ediciones dedicadas y los incunables del odiado padre, como en una histérica tragedia caníbal. Otras veces, viudas admirables legaron al ciudadano las colecciones de sus maridos, como hizo <strong>Aurora Bernárdez</strong>, esposa de <strong>Cortázar</strong>, que la donó íntegra a la Fundación Juan March.</p>
<p style="text-align: justify;">Pero quien piense que consigue algo con legar los libros a una institución se equivoca. Es célebre la anécdota de la biblioteca personal de <strong>Américo Castro</strong>, cuyo valor resulta fácilmente incalculable. Don Américo hizo las Américas en la última parte de su vida, dio clase en EEUU y a la Universidad de San Diego envió su monumental biblioteca. La Universidad lo agradeció inaugurando un flamante rótulo: “Biblioteca Américo Castro”: en la práctica, un sótano donde se encerró todo en cajones y lo dejaron pudrirse, hasta que un rumiante hizo limpieza. Colocó los volúmenes en pilas para que los cogiera quien pasase por allí. Como escribe Juan Bonilla, “los libreros de viejo hicieron su agosto: ejemplares de <strong>Salinas</strong>, <strong>Guillén</strong>, <strong>Juan Ramón</strong>, <strong>Aleixandre</strong>, <strong>Alberti</strong>, <strong>Cernuda</strong>, dedicados, todos ellos con el <em>ex libris</em> de Américo Castro en la guarda delantera”. Sobre estas atentas lampreas de libros que son los libreros de viejo hay también mucho que escribir, cosa que haremos más adelante.</p>
<p style="text-align: justify;">Nos alejamos ahora de los anaqueles, en los que quedan los viejos amigos cuando un escritor se va, pero también algunos despechados. <strong>Fernando Fernán Gómez</strong> fue un bibliófilo empedernido. En <em>La silla de Fernando</em>, el documental de <strong>David Trueba</strong> y <strong>Luis Alegre</strong>, el protagonista lleva a cabo el ensayo de una despedida: dice con total serenidad que ya es muy viejo y no tiene mucho futuro. Habla entonces de su biblioteca. “Creo que era Borges quien se despedía así de sus libros: ‘ay, a ti y a ti ya no os podré releer”. Con una sonrisa irónica, añade que es eso lo que diferenciaba a Borges de él. “Yo me disculpo con los que no podré leer, con los que adquirí en su momento lleno de entusiasmo y se han quedado ahí”.</p>
</blockquote>
<p style="text-align: justify;"><strong>Juan Soto Ivars</strong></p>
<p style="text-align: justify;"><strong>*Este reportaje fue publicado en la revista <a href="http://www.tiempodehoy.com/" target="_blank"><span style="text-decoration: underline;"><em>Tiempo</em></span></a> el 17 de abril de 2012 y ha sido cedido por su autor.</strong></p>
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		<title>&#8220;Aire de Dylan&#8221;, de Enrique Vila-Matas</title>
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		<pubDate>Tue, 15 May 2012 06:38:01 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Luis Amores</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Aire de Dylan. Enrique Vila-Matas Seix Barral (Barcelona, 2012) Me la regaló mi hija por el día del padre. ¿Qué quieres que te regale, papá? Aire de Dylan, respondí sin dudarlo demasiado. Las colonias son caras. Es el título de un libro, de la última novela de Enrique Vila-Matas. Espera que lo apunto. Creo haber [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<blockquote>
<p style="text-align: center;"><em><strong><a href="http://www.revistadeletras.net/wp-content/uploads//2012/05/Aire-de-Dylan1.jpg" rel="lightbox[26579]"><img class="alignright  wp-image-26580" title="Aire de Dylan" src="http://www.revistadeletras.net/wp-content/uploads//2012/05/Aire-de-Dylan1-176x300.jpg" alt="" width="170" height="290" /></a>Aire de Dylan</strong></em>. Enrique Vila-Matas<br />
Seix Barral (Barcelona, 2012)</p>
<p style="text-align: center;"><a href="http://bit.ly/MeW8G8" target="_blank"><img class="aligncenter  wp-image-22424" title="Cómpralo aquí" src="http://www.revistadeletras.net/wp-content/uploads//2011/11/Cómpralo-aquí.gif" alt="" width="196" height="31" /></a></p>
</blockquote>
<p style="text-align: justify;">Me la regaló mi hija por el día del padre. ¿Qué quieres que te regale, papá? <em><strong>Aire de Dylan</strong></em>, respondí sin dudarlo demasiado. Las colonias son caras. Es el título de un libro, de la última novela de <strong>Enrique Vila-Matas</strong>. Espera que lo apunto. Creo haber leído todos los libros de Vila-Matas, y si me he perdido alguno ha sido por despiste. Iba sabiendo de sus respectivos lanzamientos en plena antesala del verdadero teatro de operaciones literario que es la lectura. Los veía ya en la librería, siempre con esos títulos tan seductores. Se titula <em>Aire de Dylan</em>, me dijo una persona del entorno del autor queriendo corregir mi natural negligencia informativa: Oye, ¿sabes si está escribiendo algo nuevo?, en <em>Dublinesca</em> parecía tan harto… También me regalaron un frasco de colonia.</p>
<p style="text-align: justify;">Un día antes de conocer el título de la nueva novela de Enrique Vila-Matas, Enrique Vila-Matas escribió un <a href="http://cultura.elpais.com/cultura/2012/02/20/actualidad/1329750663_524503.html" target="_blank"><span style="text-decoration: underline;"><strong>artículo</strong></span></a> en el que hablaba del papel de los blogs literarios en la deprimida escena literaria hispanolectora. Bajo el también seductor título “Los viejos blogueros nunca mueren” —evocador de aquella canción de Barón Rojo de principios de los 80 en la que los ya por entonces decadentes e incluso calvos rockeros se quejaban del poco caso que la sociedad les prestaba, escondiendo sin éxito su más que evidente quejido bajo una tenue capa de autoexclusión y marginalidad imaginarias y, también, muy seductoras—, mencionaba el autor de <em>El mal de Montano</em> en su artículo varios blogs, entre ellos el de <strong>Javier Avilés</strong>, quien hacía poco se había hecho eco del post más largo que jamás he escrito (y que por fuerza tenía que haberlo escrito otro, no yo, aunque en otro idioma). Y se refería también Vila-Matas precisamente a ese post tan largo sobre el libro de <strong>Steven Moore</strong> que desató un breve pero intenso entusiasmo en nuestro deprimido panorama literario. Se cerraba así una larga cadena de comentarios sobre comentarios sobre comentarios, al más puro estilo nabokovniano; se terminaba así de condensar la poca lluvia no ácida incapaz de combatir el estéril diluvio eyaculatorio que inunda insistente y eficazmente nuestras librerías; cayeron aquellas escasas gotas y escampó: más o menos continuamos inmersos en la misma sempiterna sequía.</p>
<p style="text-align: justify;">Lo que más gusta de la literatura del autor de <em>París no se acaba nunca</em> es precisamente que no se acabe nunca. Imagino a una amiga valenciana, esposa de autor maldito y brutalmente afrancesado y madre de bibliotecaria empedernida, apuntando nombres propios y referencias insertos en sus libros, pues éstos, parafraseando al inefable<strong> Sergio Pitol</strong>, se disparan en muchas direcciones. Pero lo que más me gusta de la literatura del autor de <em>Extraña forma de vida</em> son los observadores natos y desocupados profesionales que pululan por entre sus páginas, como en su nueva obra. Esos Oblomovs híbridos walserianos y perequianos, unas veces tristes, otras alegres pero siempre expertos en adherirse a la vida de los otros para, como una especie de anotadores de lo ajeno, ir contando su propia versión, o interpretación, de los hechos. El personaje literario que no hace nada (casi) nunca tiene una salud de hierro, resiste como ningún otro la continua generación de esforzados aventureros de variado pelaje cuya originalidad resida acaso en la fugacidad de sus existencias de insecto. Un <a href="http://flavorwire.com/261770/the-10-best-slacker-novels-according-to-adam-wilson?all=1" target="_blank"><span style="text-decoration: underline;"><strong>vistazo rápido</strong></span></a> (o <a href="http://www.themillions.com/2012/03/the-slacker-in-modern-fiction-the-flaneur-goes-to-the-mall.html" target="_blank"><span style="text-decoration: underline;"><strong>dos</strong></span></a>) a lo que se hizo y hace fuera de aquí basta para confirmar la idea de que la única postura posible, y probablemente la más honesta, ante la estupidez reinante sea la de quedarse lo más quieto posible y dejarlo estar, no hacer nada, callarse —e incluso “desaparecer”, como ya escribió el autor de <em>Suicidios ejemplares</em>—. O si existe la pulsión de decir algo, hacerlo entonces de la única manera posible: parodiando, adoptando poses falsas, reciclando los fracasos de la inteligencia humana en obras en las que nunca pasa nada o, si algo, quede el suceso relegado por el comentario, superado por la especulación compartida del binomio autor-lector.</p>
<p style="text-align: justify;">En aquella obra de Moore también aparece Enrique Vila-Matas junto a<strong> Roberto Bolaño</strong>, <strong>Julian Barnes</strong>,<strong> David Markson</strong>, <strong>William Carlos Williams</strong> y muchos otros autores como ejemplo perfecto de la práctica del arte de la critificción (“término acuñado por el novelista experimental <strong>Raymond Federman</strong> … [referido a] una obra de ficción en forma de crítica, o viceversa”, p. 580). Porque eso es precisamente la segunda cosa que más me gusta de la literatura del autor de <em>Bartleby y compañía</em>, su arte de la critificción o, como él dice, sus ensayos novelados. La literatura genera literatura y no puede ser más literariamente posmoderna la idea de escribir sobre la memoria viva de un muerto, o más bien de reescribirla inventando gran parte de la misma e integrándola en la de sus sucesores y aun en la del negro circunstancial que tan sólo —y esta es una más de las numerosas vueltas de tuerca que en esta ocasión ofrece el autor de <em>Doctor Pasavento</em>— la imagina pero no la escribe, en realidad no hace mucho más que observar y dar cuenta de esas observaciones.</p>
<p style="text-align: justify;"><em>Aire de Dylan</em>, la más shakesperiana de las obras del autor de Impostura, recrea el drama de Hamlet en ese teatro mixto personal que es la vida imaginada mitad real mitad inventada o deformada. El rey de la ficción, el monarca del esfuerzo literario, ha muerto. ¿Ha sido asesinado? En tal caso, ¿por quién? Como una suerte de performance por etapas —actos—, la novela va desarrollando el drama de Hamlet a la genuina manera vila-matiana. <a href="http://ellamentodeportnoy.blogspot.com.es/2012/04/aire-de-dylan-de-enrique-vila-matas.html" target="_blank"><span style="text-decoration: underline;"><strong>Javier Avilés ha apuntado en su blog</strong></span></a> las conexiones de esta novela con <em>La verdadera vida de Sebastian Knight</em>, de <strong>Vladimir Nabokov</strong>, pero yo no puedo dejar de ver, sin excluir que quizá porque quiera verla, una gran conexión con otra de las novelas del ruso americanizado, <em>Pálido fuego</em> —a mi juicio, la mejor suya—. No me refiero solamente al siguiente párrafo:</p>
<blockquote>
<p style="text-align: justify;">Vi pues que, con la excusa de reparar el daño causado por Laura Verás, podía intentar escribir mi libro más libre: un viaje crítico, satírico, no exento de humor y de compasión, al corazón mismo de la tan dudosa grandeza del arte contemporáneo. Porque, destruida la autobiografía de Lancastre por su monstruosa esposa, se me brindaba la oportunidad de<em> restituir</em> al mundo unas memorias que, con su patética poética de lo ausente, podían dejar bien retratado el pálido fuego de todo lo postmoderno. [pp. 267-268].</p>
</blockquote>
<p style="text-align: justify;">Párrafo en el que el autor de <em>El viaje vertical</em> juega con la idea de escribir un libro característicamente posmoderno sobre el fracaso de lo posmoderno. Aprovechar, como hicieron los mejores posmodernistas y tal y como hiciera <strong>Shakespeare</strong> en sus obras, la luz del sol y transformarla en el pasivo y pálido fuego lunar. <strong>Andrés Ibañez</strong>, en la antología de ensayos <em>Nuevos narradores y críticos a principios del siglo XXI</em> coordinada por <strong>Antonio Orejudo</strong> y editada por la Universidad de Murcia, cercando “el paradigma posmoderno (en la literatura)” dice que “la literatura posmoderna es autorreferencial [y] practica innumerables y en algunos casos sofisticadísimas formas de metaficción, [entre las que se cuentan los] libros que tratan de otros libros: <em>Pálido fuego</em> de Nabokov, título tomado de unos versos del <em>Timón de Atenas</em> de Shakespeare que pueden tomarse como una condensada definición del autor posmoderno que se aprovecha de la ‘luz reflejada’ de la gran literatura: ‘el sol es un ladrón’, dice el texto de Shakespeare, ‘con su atracción enorme / roba al vasto mar: la luna es una ladrona errante / roba del sol su pálido fuego: / el mar es un ladrón, cuya líquida ondulación transforma / a la luna en lágrimas saladas: / la tierra es una ladrona / se alimenta y cría de un compuesto robado / del general excremento: todas las cosas son ladronas / (…) / todos los que te encuentras son ladrones.’ Universo de ladrones, donde cada uno roba al anterior, donde toda luz es reflejada y donde la presencia, la luz original y ‘verdadera’, no existe, así el mundo posmoderno”, pp. 131-132. Y añade Ibañez como ejemplo adicional de esta tipología metalibresca la <em>Historia abreviada de la literatura portátil</em>, del autor de <em>Aire de Dylan</em>. (Sin olvidar que la propia<em> Timón de Atenas</em> es un oscuro y complejo refrito protoposmoderno robado a, entre otros, Plutarco y Luciano).</p>
<p style="text-align: justify;">Quienes tildan <em>Aire de Dylan</em> de etérea no sólo yerran en su intento de apagar algo del pálido fuego de su autor, sino que también ejemplifican buena parte de sus meditaciones acerca de la falta de esfuerzo de los hijos de aquella generación posmoderna tan esforzada como denostada (quizá no <em>Hijos sin hijos</em> sino más bien hijos con hijos díscolos). Quizá sea lo que efectivamente nos quede, como decía más arriba, después de todas las parodias, reescrituras, metaficciones, poses, mentiras, intertextos, falsificaciones, paranoias, conspiraciones, conjuras, reintrepretaciones, virtualizaciones, plagios, deconstrucciones e interrupciones; quizá lo que quede es el arte del <em>slackening</em> como epitafio perfecto de la revolución posmodernista, el ir aflojando hasta definitivamente dejar de hacer, de escribir y hasta de leer.</p>
<p style="text-align: justify;">Por cierto, Enrique Vila-Matas sí aparece en esta novela:</p>
<blockquote>
<p style="text-align: justify;">Las causas por las que a Vilnius le gustaba aquel casi rival de su padre eran, entre otras (algunas de ellas, francamente baladíes), su tendencia a ser muy cerebral en la escritura, no tener hijos, dedicarle a su mujer todos los libros, su elección decidida de aproximarse siempre a la verdad a través de la ficción y, finalmente, su insistencia en tratar de ser como el alumno castigado en la parte trasera del salón, el alumno que tiene que escribir lo mismo siempre a la espera de que por fin un día le salga correctamente la novela que busca. [pp. 273-274].</p>
</blockquote>
<p><strong>José Luis Amores</strong><br />
<a href="http://bolmangani.blogspot.com/" target="_blank"><span style="text-decoration: underline;">http://bolmangani.blogspot.com</span></a></p>
]]></content:encoded>
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		<title>Pedro Sorela: &#8220;No creo que el artista deba vivir de su arte si quiere ser libre&#8221;</title>
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		<pubDate>Mon, 14 May 2012 08:10:43 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Marina Sanmartín</dc:creator>
				<category><![CDATA[Entrevistas]]></category>
		<category><![CDATA[Alfaguara]]></category>
		<category><![CDATA[El sol como disfraz]]></category>
		<category><![CDATA[Pedro Sorela]]></category>

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		<description><![CDATA[Marina Sanmartín entrevista al periodista y escritor Pedro Sorela, quien acaba de publicar su novela "El sol como disfraz", ambientada en la Redacción de un periódico.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div id="attachment_26539" class="wp-caption alignright" style="width: 310px"><a href="http://www.revistadeletras.net/wp-content/uploads//2012/05/Pedro-Sorela.jpg" rel="lightbox[26538]"><img class="size-medium wp-image-26539" title="Pedro Sorela" src="http://www.revistadeletras.net/wp-content/uploads//2012/05/Pedro-Sorela-300x215.jpg" alt="" width="300" height="215" /></a><p class="wp-caption-text">Pedro Sorela (foto: Alfaguara)</p></div>
<p style="text-align: justify;" dir="ltr"><strong>Pedro Sorela</strong> me pide que le tutee mientras me cuenta que ha llegado en metro y la estación de Plaza de España le ha parecido un laberinto. Entre esta anécdota y sus primeras palabras relacionadas con su faceta profesional no hay transición. Lo tiene muy claro: ha escrito ya muchas novelas y ejercido el periodismo durante más de veinte años; experiencia suficiente para emitir con criterio un diagnóstico sobre el estado actual de nuestros medios de comunicación: “<strong>no quiero discutir sobre modelos de producción, quiero discutir sobre periodismo. Me revienta leer nuestros periódicos, lo que no me ocurre con la prensa de otros países. Me pongo enfermo cuando me gasto un euro con veinte para encontrarme sobre el papel lo que ya me han contado en el telediario de la noche anterior</strong>”.</p>
<p style="text-align: justify;" dir="ltr">Tal vez por eso <em><strong>El sol como disfraz</strong></em>, que acaba de publicar con Alfaguara, es la historia de una excepción.</p>
<p style="text-align: justify;" dir="ltr">Eso me dice con una seguridad que me apabulla minutos después de conocernos. Vuelvo a estar en El Café De Las Letras, es martes y ha parado de llover. Hace ya más de media hora que dejamos atrás el mediodía y Sorela se pide un café; yo un zumo de naranja que, horror, me sirven con pajita, un elemento capaz de destrozar en un sorbito mi maltrecha imagen de lectora seria. Y eso me molesta, porque Sorela me gusta.</p>
<p style="text-align: justify;" dir="ltr">Me ha gustado leer su novela y pasar los días atrapada en la redacción de <em>La crónica del siglo</em>, un periódico imaginario, descrito con dureza y habitado por personajes que se desviven por una profesión que, en su momento, hace ya una década, yo no llegué a comprender: no supe enamorarme de las noticias cuando tuve la oportunidad de trabajar con ellas; y ahí está la razón de que este libro se acerque tanto a mí, porque me habla de las cosas que no hice.</p>
<p style="text-align: justify;" dir="ltr">Ya en las primeras páginas, una corresponsal de guerra se encuentra un ejemplar de <em>El desierto de los tártaros</em> entre las ruinas de una ciudad sitiada por las bombas; “<strong>probablemente, de lo mejor que se ha escrito sobre el paso del tiempo</strong>”, me comenta Sorela al confirmarme que la elección de la obra de Buzzati es premeditada: el tiempo le obsesiona, no se resigna a perderlo, y es uno de los temas centrales de <em>El sol como disfraz</em>: todo lo que vivimos sin darnos cuenta, lo que no se ve, porque es de eso de lo que va la novela.</p>
<p style="text-align: justify;" dir="ltr">“<strong>Cualquier escritor que haya invertido veinte años en una profesión sabe que, más tarde o más temprano, lo reflejará en la ficción. Yo quería disparar una sola vez y este es el resultado. Tuve muchísimo miedo al escribir<em> El sol como disfraz</em>. Existe un antecedente, mi segunda novela, que por fortuna permanece inédita; y tres redacciones definitivas de esta última. La primera duplicaba la extensión de la que ha llegado a las librerías</strong>”.</p>
<p style="text-align: justify;" dir="ltr">Han sido cuatro o cinco años de trabajo, no es capaz de precisarlo muy bien. Le creo cuando explica que escribe varias cosas a la vez y, aunque no nos habíamos visto antes, escuchándole hago fuerte mi sospecha de que se oculta detrás de cada uno de sus personajes. Al preguntárselo, se ríe y toma prestadas las palabras de Flaubert: <em>Madame Bovary soy yo</em>. “<strong>No puedes elegir. La imaginación no existe demasiado, lo que tenemos es una capacidad extraña para manejarnos por la memoria de una forma más o menos libre. No es casual que el más delirante de los libros, <em>Alicia en el país de las maravillas</em>, esté escrito por un lógico</strong>”.</p>
<p style="text-align: justify;" dir="ltr">Carroll escribió sobre su pasión real; Sorela, que eligió ser periodista porque quería ser escritor, siempre lleva un cuaderno de notas encima, como Dimas Foz, uno de sus protagonistas.</p>
<blockquote>
<p style="text-align: justify;" dir="ltr"><span style="text-decoration: underline;"><strong><a href="http://www.revistadeletras.net/wp-content/uploads//2012/05/El-sol-como-disfraz.jpg" rel="lightbox[26538]"><img class="alignleft size-medium wp-image-26540" title="El sol como disfraz" src="http://www.revistadeletras.net/wp-content/uploads//2012/05/El-sol-como-disfraz-187x300.jpg" alt="" width="187" height="300" /></a>“El periodismo no es una literatura de segunda categoría”</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;" dir="ltr">Ha sido teatrero, columnista en <em>El País</em> y redactor de miles de teletipos en Europa Press, es profesor universitario; un camino largo en el que, con <em>El sol como disfraz</em>, hace un punto de inflexión para poner sobre la mesa una alternativa al tratamiento actual de la información, que atraviesa una crisis y exige ser reinventado con urgencia.</p>
<p style="text-align: justify;" dir="ltr">Le pregunto, porque es algo que se deja ver entre las páginas del libro, donde son muchos los momentos en los que el redactor se sienta delante de la pantalla de un ordenador o con los dedos sobre el teclado de una máquina de escribir, hasta qué punto es importante <em>quién</em> transmite la noticia; y me responde que, a estas alturas de la película, ya sabemos que el ideal de la objetividad es bastante ingenuo. “<strong>Lo que buscamos es la honestidad del que cuenta. La sociedad del orden ha inventado la información, tal y como la conocemos, para neutralizar la realidad, para amortiguar su impacto y apagarla</strong>”.</p>
<p style="text-align: justify;" dir="ltr">“<strong>17 muertos en accidente de tráfico un fin de semana son 17 principios de <em>A sangre fría</em></strong>”, pero preferimos condensarlos en un titular del telediario.</p>
<p style="text-align: justify;" dir="ltr">“<strong>Hemos inventado una fórmula para creer que estamos informados, pero no es verdad</strong>”, y aquí recupera anécdotas de Faulkner y Edison, que hablan de nuestro miedo al fuego, de nuestra necesidad de sofocar las llamas por lo que tienen de realidad hiriente, que nos asusta, a la que no nos queremos enfrentar.</p>
<p style="text-align: justify;" dir="ltr">“<strong>Como escritor, reivindico mi derecho a hacer lo que me la gana; como periodista, reivindico la idea de que todo se puede contar de otra manera. He estado en la literatura desde siempre, me acerqué al periodismo con la vieja superstición de que tendría una vida literaria. Grave error. El periodismo no es una literatura de segunda categoría</strong>”.</p>
</blockquote>
<p style="text-align: justify;" dir="ltr"><span style="text-decoration: underline;"><strong>La libertad</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;" dir="ltr">Le gusta viajar. Es principalmente en eso en lo que gasta el dinero “extra” que obtiene de la ficción; en escaparse para escribir sus “cuentos-viaje”.</p>
<p style="text-align: justify;" dir="ltr">También es tajante en esto: “<strong>No creo que el artista deba vivir de su arte si quiere ser libre</strong>”. Y la utilización de la palabra <em>artista</em> no es casual, porque Sorela, que además de escribir dibuja, considera que lo importante es crear, sin importar el ámbito: “<strong>también se puede crear en un periódico, en una empresa</strong>”… pero eso sí, me recomienda que evite vivir exclusivamente de la literatura: “<strong>Siempre seguiré trabajando de otra cosa para gastarme en aire las cuatro perras que gano con esto. El éxito no da la independencia; es mi plaza en la universidad la que me da la seguridad necesaria para escribir lo que me apetece</strong>”.</p>
<p style="text-align: justify;" dir="ltr">Nunca dejó de dar clases y ahora se alegra, ya que con el despegue de su mundo literario sí que tuvo que apartarse del periodismo: “<strong>la convivencia entre el ejercicio de la profesión y la literatura resultaba intolerable</strong>”; y es curioso, porque cuando empecé a leer la novela, por su estilo, no me pareció escrita por un periodista-escritor, sino más bien por un gran lector que hubiera forjado su estilo a fuerza de adentrarse en mundos y visiones ajenas con la intención (lograda) de conseguir un refugio propio.</p>
<p style="text-align: justify;" dir="ltr">Hablamos de otros títulos relacionados con la prensa y dos despuntan por encima de todos: <em>El americano impasible</em>, de Graham Greene, y <em>Música para camaleones</em>, de Truman Capote; hablamos también de <em>Aire de mar en Gador</em>, <em>Trampas para estrellas</em>, <em>Cuentos invisibles</em>… anteriores a <em>El sol como disfraz</em>; de su blog, <span style="text-decoration: underline;"><a href="http://www.pedrosorela.com" target="_blank">www.pedrosorela.com</a></span>, con el que está viviendo en primera persona las infinitas posibilidades de la red y la tecnología digital; hablamos tanto, que a mí me entran ganas de pasar del zumo a las cañas, y se me olvida ese miedo inicial, provocado por la figura del profesor experto en entrevistas a escritores.</p>
<p style="text-align: justify;" dir="ltr">Espero haber superado la prueba.</p>
<p><strong>Marina Sanmartín</strong><br />
<a href="http://lacomunidad.elpais.com/esa-fal/posts" target="_blank"><span style="text-decoration: underline;">La Fallera Cósmica</span></a></p>
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		<title>Revista de Letras abre la Escuela de Periodismo Cultural</title>
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		<pubDate>Mon, 14 May 2012 08:10:16 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Revista de Letras</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Berta Ares]]></category>
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		<category><![CDATA[José A. Muñoz]]></category>
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		<description><![CDATA[Ponemos en marcha un nuevo proyecto de formación online, en colaboración con la Escola d'Escriptura de l'Ateneu Barcelonès, con un curso que ofrece especialización, herramientas digitales y orientación práctica en Periodismo Cultural.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<blockquote>
<p style="text-align: center;"><a href="http://www.revistadeletras.net/wp-content/uploads//2012/05/Logo-Escuela-RdL.png" rel="lightbox[26354]"><img class="aligncenter  wp-image-26355" title="Logo Escuela RdL" src="http://www.revistadeletras.net/wp-content/uploads//2012/05/Logo-Escuela-RdL-300x70.png" alt="" width="356" height="83" /></a></p>
<p style="text-align: justify;">Ponemos en marcha un nuevo proyecto de formación <em>online</em>, en colaboración con la <a href="http://www.escoladescriptura.org/web/continguts/es/index.html" target="_blank"><span style="text-decoration: underline;"><strong>Escola d&#8217;Escriptura de l&#8217;Ateneu Barcelonès</strong></span></a>, con un curso que ofrece especialización, herramientas digitales y orientación práctica en Periodismo Cultural.</p>
</blockquote>
<p style="text-align: justify;"><em><strong>Revista de Letras</strong></em>, canal de libros de <a href="http://lavanguardia.com" target="_blank"><span style="text-decoration: underline;"><em><strong>LaVanguardia.com</strong></em></span></a>, inaugura su <strong>Escuela de Periodismo Cultural</strong> con un curso <em>online</em> que ofrece especialización, herramientas digitales y orientación práctica. El proyecto de formación ha abierto ya el periodo de reserva de matrícula, a través de la web <a href="http://escuela.revistadeletras.net" target="_blank"><span style="text-decoration: underline;"><strong>escuela.revistadeletras.net</strong></span></a>, y tendrá un calendario lectivo que comenzará en octubre y finalizará en junio de 2013.</p>
<p style="text-align: justify;">Para <strong>Albert Lladó</strong>, director académico de la escuela, “el objetivo fundamental es ofrecer un equilibrio entre un marco teórico de calidad, redactado por expertos en cada materia, y enseñar todas los instrumentos necesarios para profesionalizarse en un entorno en el que la red es protagonista”.</p>
<p style="text-align: justify;">El curso convocado, que tendrá una duración de nueve meses, abarca diferentes campos, desde las nuevas influencias a los formatos de las piezas informativas, el periodismo digital u opciones profesionales, que permitirán a los alumnos obtener una panorámica de la especialización, sin olvidar las opciones laborales.</p>
<blockquote>
<p style="text-align: justify;"><a href="http://www.revistadeletras.net/wp-content/uploads//2012/05/Web-Escuela-RdL.jpg" rel="lightbox[26354]"><img class="alignleft  wp-image-26361" title="Web Escuela RdL" src="http://www.revistadeletras.net/wp-content/uploads//2012/05/Web-Escuela-RdL.jpg" alt="" width="290" height="290" /></a>De este modo, el escritor <strong>Jorge Carrión</strong> ofrece una “cronología de la actualidad” centrada en entender cómo funcionan los fenómenos masivos. Por su parte,<strong> Toni Iturbe</strong> dibuja las fronteras y sinergias  existentes  entre la crítica y la reseña, y <strong>Jordi Corominas i Julián</strong> trata la entrevista como género. <strong>Doménico Chiappe</strong> y <strong>Álvaro Colomer</strong> se centran en la crónica, el reportaje y el libro periodístico como géneros a los que acercarse desde una voz y un <em>tempo</em> muy concretos. La profesora de estética <strong>Carlota Gómez</strong> dedica su unidad didáctica a la información específica y a las diferencias entre “opinar la Cultura y gestionar el saber”. El director de innovación del <strong>Grupo Godó</strong>,<strong> Ismael Nafría</strong>, elabora una teoría del periodismo digital y la experta en comunicación cultural <strong>Berta Ares</strong> muestra las aptitudes que se necesitan para trabajar en un gabinete de prensa. <strong>David Lladó</strong> y <strong>José A. Muñoz</strong> son los responsables de la parte más práctica del curso, en la que el alumno aprende las herramientas digitales y multimedia que necesita para trabajar en un medio de comunicación digital o, incluso, los pasos para crear uno desde cero con pocos recursos.</p>
</blockquote>
<p style="text-align: justify;">En palabras de José A. Muñoz, director de <em>Revista de Letras</em> y coordinador del curso, “es importante que la formación sea práctica y que abra el camino para que los alumnos puedan adaptarse al nuevo paradigma que ya está en marcha. Podrán desarrollar sus propios proyectos, pero también les pondremos al día en comunicación <em>online</em>”. En la misma línea,  el periodista afirma: “cuando se reactive la oferta laboral, uno de los principales requisitos que se le van a pedir a los candidatos es que puedan redactar para la web y sepan utilizar aplicativos y gestores de contenidos para nutrir las ediciones digitales. Ya no habrá distinción entre periodista<em> off</em> y<em> online</em>”.</p>
<p style="text-align: justify;">Además de las unidades didácticas, redactadas en exclusiva para el curso de Periodismo Cultural, el campus virtual incluirá un foro y sesiones de chat con profesionales que participarán en encuentros con los alumnos. Cada tres semanas se deberá realizar un ejercicio que podrá ser publicado en <em>Revista de Letras</em>. Al finalizar la formación, la Escola d’Escriptura entregará un certificado de consecución de las competencias básicas del programa.</p>
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		<title>Empieza a leer &#8220;Tu alma en la orilla&#8221;, de Ignacio Lloret</title>
		<link>http://www.revistadeletras.net/empieza-a-leer-tu-alma-en-la-orilla-de-ignacio-lloret/</link>
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		<pubDate>Mon, 14 May 2012 07:46:27 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Revista de Letras</dc:creator>
				<category><![CDATA[Primeros capítulos]]></category>
		<category><![CDATA[Ediciones Beta]]></category>
		<category><![CDATA[Ignacio Lloret]]></category>
		<category><![CDATA[Tu alma en la orilla]]></category>

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		<description><![CDATA[La historia de una relación de pareja contada a lo largo de siete años por medio de una interesante mezcla de géneros: diario, reportaje, libro de viajes, relato de ficción.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><em><strong><a href="http://www.revistadeletras.net/wp-content/uploads//2012/05/Tu-alma-en-la-orilla.jpg" rel="lightbox[26530]"><img class="alignright  wp-image-26531" title="Tu alma en la orilla" src="http://www.revistadeletras.net/wp-content/uploads//2012/05/Tu-alma-en-la-orilla-200x300.jpg" alt="" width="162" height="244" /></a>Tu alma en la orilla</strong></em> (Ediciones Beta) es la historia de una relación de pareja contada a lo largo de siete años por medio de una interesante mezcla de géneros: diario, reportaje, libro de viajes, relato de ficción.</p>
<p style="text-align: justify;">Cada episodio transcurre en una playa distinta, en el contexto de un nuevo viaje, y recoge un aspecto diferente de esa relación: la atracción física, los celos, los enfados, las reconciliaciones, el paso del tiempo vivido en común.</p>
<p style="text-align: justify;">En cada capítulo hay una remisión a otros libros, a otras voces, a otras experiencias, a las palabras de otros que pasaron por los mismos lugares, que recorrieron un camino parecido.</p>
<blockquote>
<p style="text-align: center;"><a href="http://www.revistadeletras.net/wp-content/uploads//2012/05/1-Capítulo-Tu-alma-en-la-orilla.pdf" target="_blank"><span style="text-decoration: underline;"><strong>Comienza a leer <em>Tu alma en la orilla</em></strong></span></a></p>
<p style="text-align: center;"><a href="http://bit.ly/JLWM91" target="_blank"><img class="aligncenter  wp-image-22424" title="Cómpralo aquí" src="http://www.revistadeletras.net/wp-content/uploads//2011/11/Cómpralo-aquí.gif" alt="" width="196" height="31" /></a></p>
</blockquote>
<blockquote>
<p style="text-align: justify;">
<div id="attachment_26532" class="wp-caption alignleft" style="width: 230px"><a href="http://www.revistadeletras.net/wp-content/uploads//2012/05/Ignacio-Lloret.jpg" rel="lightbox[26530]"><img class=" wp-image-26532" title="Ignacio Lloret" src="http://www.revistadeletras.net/wp-content/uploads//2012/05/Ignacio-Lloret-259x300.jpg" alt="" width="220" height="255" /></a><p class="wp-caption-text">Ignacio Lloret (foto cedida por el autor)</p></div>
<p style="text-align: justify;"><em><strong>Ignacio Lloret</strong></em> (Barcelona, 1968) es Licenciado en Filología Alemana y en Derecho por la Universidad de Barcelona. Autor de las novelsa <em>Juguetes sin recoger</em>, ganadora del Premio a la Creación Literaria Príncipe de Viana 2001, publicada en 2002 por el Gobierno de Navarra, y <em>El Regreso de Albin</em>, eBook publicado por la editorial leer-e.es en 2009, así como del libro de relatos <em>Monocotiledóneas</em> (Bilaketa, 2008). Ha obtenido el Premio Francisco Ynduráin a Jóvenes Escritores 2001 y el Premio de Narrativa Tomás Fermín de Arteta 2002, ambos otorgados por el grupo cultural Bilaketa. Colabora con artículos de opinión en la sección Tribuna Abierta del <em>Diario de Noticias de Navarra</em>, y con relatos en las revistas literarias <em>Río Arga</em>, <em>Pregón</em> y  <em>La Casa de los Malfenti</em>. Colaborador habitual del programa de radio <em>Así suenan los libros</em>, dirigido por Belén Galindo en Onda Melodía Navarra. Imparte talleres literarios en los Civivox de Pamplona y desde 2005 organiza los Encuentros en Aróstegui, evento literario dedicado al género del relato.</p>
</blockquote>
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		<title>Aventuras, furias y Charles Manson</title>
		<link>http://www.revistadeletras.net/aventuras-furias-y-charles-manson/</link>
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		<pubDate>Mon, 14 May 2012 07:22:10 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Daniel Dimeco</dc:creator>
				<category><![CDATA[Destacados]]></category>
		<category><![CDATA[Andrew Tarbet]]></category>
		<category><![CDATA[Cosas que hoy decíamos]]></category>
		<category><![CDATA[Cristina Genebat]]></category>
		<category><![CDATA[Ernest Villegas]]></category>
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		<category><![CDATA[Teatro de la Abadía]]></category>
		<category><![CDATA[Xavier Ricart]]></category>

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		<description><![CDATA[Cosas que hoy decíamos. Neil LaBute Dirección y dramaturgia: Julio Manrique Traducción: Cristina Genebat Reparto: Andrew Tarbet, Norbert Martínez, Oriol Guinart, Xavier Ricart, Mireia Aixalà, Cristina Genebat y Ernest Villegas Producción: Sala Beckett y Grec 2010 Festival de Barcelona Sala José Luis Alonso del Teatro de la Abadía (Madrid) La fragilidad de las relaciones humanas [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<blockquote>
<p style="text-align: center;"><em><strong><a href="http://www.revistadeletras.net/wp-content/uploads//2012/05/Cartel.jpg" rel="lightbox[26515]"><img class="alignright  wp-image-26516" title="Cartel" src="http://www.revistadeletras.net/wp-content/uploads//2012/05/Cartel.jpg" alt="" width="209" height="295" /></a>Cosas que hoy decíamos</strong></em>. Neil LaBute<br />
<strong>Dirección y dramaturgia</strong>: Julio Manrique<br />
<strong>Traducción</strong>: Cristina Genebat<br />
<strong>Reparto</strong>: Andrew Tarbet, Norbert Martínez, Oriol Guinart, Xavier Ricart, Mireia Aixalà, Cristina Genebat y Ernest Villegas<br />
<strong>Producción</strong>: Sala Beckett y Grec 2010 Festival de Barcelona</p>
<p style="text-align: center;"><strong>Sala José Luis Alonso del Teatro de la Abadía (Madrid)</strong></p>
</blockquote>
<p style="text-align: justify;">La fragilidad de las relaciones humanas se pone de manifiesto de manera brutal en tan sólo un instante. Después del quiebre, mucha gente intenta continuar como si nada hubiera sucedido y algunos lo consiguen, seguramente pagando un alto precio emocional. Otra gente se libera a la vez que libera a la contraparte del contrato que les ha unido. Incluso existe un tercer grupo, los que ponen punto y final como si emularan a los actores de las tragedias griegas, varias veces mencionadas en <em><strong>Cosas que hoy decíamos</strong></em>, la obra de <strong>Neil LaBute</strong> y que el director barcelonés <strong>Julio Manrique</strong> ha traído al <strong>Teatro de la Abadía</strong>.</p>
<p style="text-align: justify;"><em>Cosas que hoy decíamos</em> está compuesta de tres series de diálogos íntimos: &#8220;Aventura&#8221; (&#8220;Romance&#8221;), &#8220;Las furias&#8221; (&#8220;The furies&#8221;)&#8221; y &#8220;Tobogán&#8221; (&#8220;Helter Skelter&#8221;). El tríptico nació en el marco de los cursos de verano de la Sala Beckett de Barcelona, donde Neil LaBute suele ser un <em>habitué</em>. En las tres partes priman los temas que nos llegan hondamente a todos: la soledad, el desamor, los miedos, las pérdidas y la muerte. El humor, desternillante por momentos, consigue meter a los espectadores en un bucle imparable de risas que mitigan, a la vez que aguijonean, las puñaladas certeras (que no traperas) del texto del autor nacido en Detroit.</p>
<blockquote>
<p style="text-align: justify;"><a href="http://www.revistadeletras.net/wp-content/uploads//2012/05/Aventura.jpg" rel="lightbox[26515]"><img class="alignleft size-medium wp-image-26518" title="Aventura" src="http://www.revistadeletras.net/wp-content/uploads//2012/05/Aventura-300x130.jpg" alt="" width="300" height="130" /></a>&#8220;Aventura&#8221;. ¿Por qué alguna gente se empeña en obtener respuestas de hechos que sucedieron en el pasado? ¿Por qué volver a la vida de alguien con el que ya ha habido una despedida definitiva? El dolor al que un personaje (<strong>Norbert Martínez</strong>) se expone cuando decide reaparecer en la vida del hombre que amó en otro tiempo (<strong>Andrew Tarbet</strong>) pidiéndole explicaciones. ¿Es necesario interrogar hasta escuchar verdades que le harán tanto daño?</p>
<p style="text-align: justify;"><a href="http://www.revistadeletras.net/wp-content/uploads//2012/05/Las.furias.jpg" rel="lightbox[26515]"><img class="alignright  wp-image-26519" title="Las.furias" src="http://www.revistadeletras.net/wp-content/uploads//2012/05/Las.furias-300x199.jpg" alt="" width="288" height="193" /></a>Unas veces se sienten &#8220;Las furias&#8221; porque el equilibrio de pareja se hace añicos en el instante en el que en la vida de una mujer joven (<strong>Mireia Aixalà</strong>) se presenta la situación más extrema: la aparición de la enfermedad que inevitablemente conduce hacia la muerte. La brutal incomprensión de un otro (<strong>Xavier Ricart</strong>) con el que hasta entonces la moribunda ha compartido parte de su vida, de un otro falto de personalidad e influenciado por una hermana gamberra y llena de fina crueldad interpretada por un genial y travestido <strong>Oriol Guinart</strong>.</p>
<p style="text-align: justify;"><a href="http://www.revistadeletras.net/wp-content/uploads//2012/05/Tobogán.jpg" rel="lightbox[26515]"><img class="alignleft  wp-image-26520" title="Tobogán" src="http://www.revistadeletras.net/wp-content/uploads//2012/05/Tobogán-300x199.jpg" alt="" width="286" height="190" /></a>Otras veces, como si se tratara de una predicción de Charles Manson, la vida desciende por un &#8220;Tobogán&#8221; y el equilibrio vital se estrella violentamente. Una mujer embarazada (<strong>Cristina Genebat</strong>) descubre que su pareja (<strong>Ernest Villegas</strong>) le ha ocultado durante mucho tiempo una historia con otra mujer. El descubrimiento de la infidelidad ocurre en tan sólo un instante y gracias (o por desgracia) a un beso en un portal. Genebat, quien a su vez se ha encargado de la traducción del texto de LaBute, borda magistralmente al personaje.</p>
</blockquote>
<p style="text-align: justify;">A través de una escenografía muy bien lograda por <strong>Lluc Castells</strong>, los espectadores se sitúan, bien como <em>voyeurs</em> o bien como comensales, en un restaurante que se adapta a la situación de cada una de las partes del tríptico. Y Julio Manrique conduce con maestría a un grupo de magníficos actores y actrices desbordantes en sus papeles y que consiguen, mediante la risa o el pellizco de dolor, implicar a los mencionados espectadores en lo que ocurre en la mesa vecina.</p>
<p style="text-align: justify;">Atreverse con un texto de Neil LaBute requiere el coraje de un director que quiera sacar partido de los entresijos ocultos del alma de los seres humanos, un director al que le interese jugar sobre el escenario con las pasiones bajunas que nos iguala a los hombres y a las mujeres, independientemente de la clase socio-cultural a la que pertenezcan. Y Manrique ha demostrado ser de esa clase de directores, como ya lo ha demostrado en anteriores montajes de <strong>David Mamet</strong> o de <strong>Mark Ravenhill</strong> o haciéndose cargo de la dirección artística del <strong>Teatre Romea</strong> de Barcelona.</p>
<p style="text-align: justify;">Neil LaBute elaborando los textos de las tres piezas breves y Julio Manrique a través de un montaje fascinante han creado a dos manos, aunque cada uno con su paleta y sus pinceles, un cuadro lleno de colores vivos que esconden los más oscuros de la infelicidad.</p>
<p><strong>Daniel Dimeco</strong><br />
<a href="http://www.cafecopenhague.blogspot.com/" target="_blank"><span style="text-decoration: underline;">http://www.cafecopenhague.blogspot.com</span></a><br />
<a href="http://danieldimeco.wordpress.com/" target="_blank"><span style="text-decoration: underline;">http://danieldimeco.wordpress.com</span></a></p>
<p><strong>Fotos: © David Ruano</strong></p>
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		<title>&#8220;Pessoa &amp; CIA&#8221;, de Laura Pérez Vernetti</title>
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		<pubDate>Mon, 14 May 2012 06:53:48 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Agustín Calvo Galán</dc:creator>
				<category><![CDATA[Destacados]]></category>
		<category><![CDATA[Laura Pérez Vernetti]]></category>
		<category><![CDATA[Luces de Gálibo]]></category>
		<category><![CDATA[Pessoa & CIA]]></category>

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		<description><![CDATA[Pessoa &#38; CIA. Laura Pérez Vernetti Luces de Gálibo (Barcelona, 2011) Cuando todo parecía ya dicho sobre Fernando Pessoa, cuando todo o casi todo el baúl de inéditos había sido ya publicado y traducido al español, Laura Pérez Vernetti, ilustradora y dibujante de cómic de larguísima y fructífera trayectoria, le da una nueva vuelta de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<blockquote>
<p style="text-align: center;"><em><strong><a href="http://www.revistadeletras.net/wp-content/uploads//2012/05/Pessoa-y-CIA.jpg" rel="lightbox[26509]"><img class="alignright  wp-image-26510" title="Pessoa y CIA" src="http://www.revistadeletras.net/wp-content/uploads//2012/05/Pessoa-y-CIA.jpg" alt="" width="170" height="243" /></a>Pessoa &amp; CIA</strong></em>. Laura Pérez Vernetti<br />
Luces de Gálibo (Barcelona, 2011)</p>
<p style="text-align: center;"><a href="http://bit.ly/wKGd8P" target="_blank"><img class="aligncenter  wp-image-22424" title="Cómpralo aquí" src="http://www.revistadeletras.net/wp-content/uploads//2011/11/Cómpralo-aquí.gif" alt="" width="196" height="31" /></a></p>
</blockquote>
<p style="text-align: justify;">Cuando todo parecía ya dicho sobre <strong>Fernando Pessoa</strong>, cuando todo o casi todo el baúl de inéditos había sido ya publicado y traducido al español, <strong>Laura Pérez Vernetti</strong>, ilustradora y dibujante de cómic de larguísima y fructífera trayectoria, le da una nueva vuelta de tuerca al mito de Pessoa -y de los Pessoas o heterónimos- y crea un novela gráfica, o mejor dicho: crea  un cómic que se abre a la poesía como experiencia creativa visual.</p>
<p style="text-align: justify;">Sin duda, la larga sombra del lisboeta universal ha ido acrecentándose durante el siglo XX, y ahora en el XXI continúa siendo fuente de interés para la poesía contemporánea. Las historias de su vida y de su creación corren paralelas y, a veces, en sentidos contrarios, cuando no en plena contradicción, pues el demiurgo poético y creador de heterónimos, tuvo una existencia aparentemente gris y apática que le condujo a la vida solitaria y al alcoholismo, frente a las vidas inventadas y extraordinarias de sus heterónimos.</p>
<p style="text-align: justify;">Pérez Vernetti no convierte su creación en un <em>biopic</em> del poeta, por el contrario se enfrenta a su obra, primero retratando en blanco y negro la personalidad, a la manera de retrato, y la vida del propio Pessoa y de los diferentes heterónimos, y en una segunda parte, en color, -y he aquí el gran logro de esta obra-, pone imágenes, desarrolladas en viñetas, a poemas y textos de cada uno de los heterónimos de Pessoa, haciendo especial hincapié en el <em>Libro del desasosiego</em> <em>de Bernardo Soares</em>, curiosamente una de las obras más difíciles e introspectivas del portugués. Unir poesía y cómic resulta de lo más sorprendente, pero también sugestivo en manos de Pérez Vernetti. Es así como nos encontramos con una obra que enseguida gana nuestras simpatías, y que no se queda en el mero retrato de personajes literarios, sino que investiga en la creación poética, investiga visualmente en el conocimiento estético de la obra de Pessoa y nos desvela, al fin, el carácter universal del lisboeta.</p>
<p style="text-align: justify;">Gran mérito, por tanto, de esta dibujante de cómics, que sabe arriesgar en la invención y sugiere y desarrolla -desde la dificultad de enfrentarse a un poeta como Pessoa- una obra caleidoscópica, moldeada en diferentes estilos de dibujo, adaptándose como un guante a las personalidades literarias que inventó Pessoa para cada uno de sus heterónimos y, también, en él mismo.</p>
<p style="text-align: justify;"><em><strong>Pessoa &amp; CIA</strong></em> viene a resaltar no sólo que la frontera entre géneros artísticos y literatura está bajada para quién la sepa aprovechar, sino que también se retroalimentan para ampliar y desarrollar nuevas vías de conocimiento y creación.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Agustín Calvo Galán</strong><br />
<a href="http://proyectodesvelos.blogspot.com.es/" target="_blank"><span style="text-decoration: underline;">http://proyectodesvelos.blogspot.com.es</span></a></p>
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		<title>El editor Andreu Jaume recupera a Shakespeare para el siglo XXI</title>
		<link>http://www.revistadeletras.net/el-editor-andreu-jaume-recupera-a-shakespeare-para-el-siglo-xxi/</link>
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		<pubDate>Tue, 08 May 2012 21:48:58 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José A. Muñoz</dc:creator>
				<category><![CDATA[Destacados]]></category>
		<category><![CDATA[Andreu Jaume]]></category>
		<category><![CDATA[Debolsillo]]></category>
		<category><![CDATA[Obras Completas de Shakespeare]]></category>
		<category><![CDATA[William Shakespeare]]></category>

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		<description><![CDATA[Raro es, en casa de cualquier amante de la lectura con una surtida biblioteca, no encontrar entre sus volúmenes las obras de William Shakespeare, uno de los clásicos por excelencia del teatro, la poesía y, por tanto, de la literatura.  Y siempre es motivo de celebración volver a tropezar con su nombre estampado en algún [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">Raro es, en casa de cualquier amante de la lectura con una surtida biblioteca, no encontrar entre sus volúmenes las obras de William Shakespeare, uno de los clásicos por excelencia del teatro, la poesía y, por tanto, de la literatura.  Y siempre es motivo de celebración volver a tropezar con su nombre estampado en algún volumen expuesto en las mesas de novedades de las librerías. <strong>Andreu Jaume</strong>, responsable de una magnífica edición de la obra crítica de T. S. Eliot publicada hace escasos meses en Lumen, acaba de presentar el primer tomo de una nueva edición divulgativa de las <em><strong>Obras Completas</strong></em> de <strong>Shakespeare</strong> (Debolsillo). Con las &#8220;Comedias&#8221; se inicia el periplo que, en cinco volúmenes (le seguirán &#8220;Tragedias&#8221;, &#8220;Dramas Históricos&#8221;, &#8220;Romances&#8221; y &#8220;Poesías&#8221;) reunirán el <em>corpus</em> literario de <em>El Bardo </em>para España y América latina. Para ello, se han recuperado las mejores traducciones existentes en español: aquellas que respetan y diferencian el verso de la prosa. Agustín García Calvo, Vicente Molina Foix, María Enriqueta González Padilla, José María Valverde, Federico Patán, Hugo Chaparro Valderrama, Pablo Armando Fernández, Alberto Silva, Víctor Obiols y Edmundo Paz Soldán son los que firman las versiones que componen esta primera entrega.</p>
<p style="text-align: justify;"><a href="http://www.revistadeletras.net/wp-content/uploads//2012/05/Comedias-Shakespeare.jpg" rel="lightbox[26486]"><img class="alignright  wp-image-26487" title="Comedias - Shakespeare" src="http://www.revistadeletras.net/wp-content/uploads//2012/05/Comedias-Shakespeare-195x300.jpg" alt="" width="219" height="337" /></a>En la introducción que acompaña al primero de los tomos, Andreu Jaume compone la biografía de William Shakespeare a partir de los datos que se conocen y remarca varios aspectos conflictivos, como la polémica, aún vigente, sobre la autoría de muchas de sus obras, y la problemática de datación de algunas de las treinta y ocho piezas que componen el canon shakesperiano.</p>
<p style="text-align: justify;">Hemos querido aprovechar la oportunidad para entrevistar al editor que ha hecho posible el reencuentro de los lectores con el gran dramaturgo.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Casi es obligado preguntarte qué representa para un editor ofrecer a los lectores la <em>Obra Completa</em> de Shakespeare y hacerlo, además, fijándola en base a unos criterios que le dan un carácter propio y diría que hasta definitivo, en su formato.</strong></p>
<p style="text-align: justify;">En primer lugar, además de un placer y un privilegio, se trata de una enorme responsabilidad. Quisiéramos que esta edición se convirtiera en el Shakespeare hispanoamericano del siglo XXI. Para ello, hemos tratado de incorporar las mejores traducciones disponibles, muchas de las cuales, por cierto, habían circulado muy poco. Por otro lado, se trata de un edición meramente divulgativa, pero, al mismo tiempo, rigurosa, con criterios de fijación unificados, muy servicial.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Por sus características, a muchos les puede sorprender que esta edición se presente directamente en formato bolsillo, aunque hace tiempo que vuestro sello está dignificándolo con un catálogo de obras de referencia difícil de superar. ¿Se planteó desde el primer momento que debía publicarse en Debolsillo? ¿No hubo la tentación de presentarla en <em>trade</em>?</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Como digo, queríamos que esta fuera la edición para una nueva generación y, en este sentido, el formato de bolsillo permite una difusión que el <em>trade</em>, ahora más que nunca, limita. Queríamos alejarnos de otras ediciones con una vocación, para entendernos, museística.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>¿Cuáles han sido los criterios para seleccionar las traducciones que debían incluirse en esta edición?</strong></p>
<p style="text-align: justify;">En la selección de traducciones, hemos privilegiado aquellas que distinguían con buen oído el verso de la prosa, una diferencia fundamental para la cabal comprensión de Shakespeare, quien utiliza verso blanco, verso rimado y prosa de las maneras más distintas y con un creciente virtuosismo a lo largo de su obra. Respetar ese contrapunto estilístico constituye un reto para los traductores, muy bien asumido en esta edición. Por otra parte, queríamos que todas las traducciones estuvieran hechas, como muy tarde, a lo largo de la segunda mitad del siglo XX. Cada generación necesita renovar las traducciones de sus clásicos.</p>
<div id="attachment_26488" class="wp-caption alignleft" style="width: 230px"><a href="http://www.revistadeletras.net/wp-content/uploads//2012/05/First-Folio.jpg" rel="lightbox[26486]"><img class=" wp-image-26488" title="First Folio" src="http://www.revistadeletras.net/wp-content/uploads//2012/05/First-Folio-188x300.jpg" alt="" width="220" height="358" /></a><p class="wp-caption-text">Presentación del &quot;Primer Folio&quot;, o edición príncipe, publicado en 1623 (imagen: wikipedia)</p></div>
<p style="text-align: justify;"><strong>La edición príncipe, agrupada por géneros, se ha establecido como la idónea para presentar sus textos, pero ¿el orden de publicación viene marcado también por la inicial del siglo XVII?</strong></p>
<p style="text-align: justify;">El Primer Folio, que es como se suele denominar a la edición príncipe del teatro completo de Shakespeare, agrupaba las obras en comedias, tragedias e historias, con un criterio bastante laxo. A finales del XIX se segregó de las comedidas un grupo de obras tardías, problemáticas y de difícil clasificación, como <em>Cimbelino</em> o <em>La tempestad</em>, bajo el nombre de &#8216;romances&#8217;. Desde entonces esa ha sido la taxonomía shakespeareana canónica, con el añadido de las &#8216;comedias sombrías&#8217;, como <em>Medida por medida</em>. Lo cierto es que Shakespeare subvirtió y remodeló todos los géneros, de manera que cualquier clasificación genérica es, en su caso, siempre insatisfactoria. La mejor manera de viajar por la obra de Shakespeare es cronológicamente. Por ello, en esta edición, hemos incluido también una cronología aproximada de la composición de todas las obras, de tal manera que el lector pueda, en cuanto tenga los cinco volúmenes, hacer una lectura diacrónica si así lo prefiere.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Según se anuncia, el volumen dedicado a las composiciones poéticas nos ofrecerá alguna sorpresa. ¿Puedes avanzarnos algo al respecto?</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Ese volumen será el único bilingüe y contará con traducciones inéditas. Creo que es un volumen fundamental para entender a Shakespeare, quien, por encima de todo, fue sobre todo poeta. Para comprender a Shakespeare hay que juzgarlo desde el punto de vista del poeta. Esa teoría de que hoy en día Shakespeare sería novelista es, además de un consuelo fútil, un completo disparate.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Hay expertos que recomiendan acercarse a los clásicos en ediciones como esta, divulgativa y no crítica, sin anotaciones, para no dejarse influenciar por la lectura de otros. ¿Te sumarías a esta idea en el caso de Shakespeare?</strong></p>
<p style="text-align: justify;">No, creo que uno puede aprender mucho de las ediciones críticas y de las ediciones anotadas. Son absolutamente necesarias, pero también deben convivir con ediciones que proponen, digamos, una primera lectura.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Una cuestión difícil y comprometida: toda la obra de Shakespeare, como sabes, está disponible de manera libre y gratuita en formato digital, algo que puede echar para atrás a muchos editores al plantearse comercializar una nueva edición impresa. Con este proyecto, ¿ves cerrada la posibilidad de nuevas ediciones divulgativas de la obra de <em>El Bardo de Avon</em> en formato económico?</strong></p>
<p style="text-align: justify;">A pesar de los cantos de sirena, creo que veremos, durante muchos años todavía, una alternancia entre el papel y el digital. Y sobre todo en los clásicos. Y sobre todo con Shakespeare.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>José A. Muñoz</strong></p>
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		<title>La tormenta pasa, por Paula Ruggeri</title>
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		<pubDate>Tue, 08 May 2012 21:47:32 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Paula Ruggeri</dc:creator>
				<category><![CDATA[Destacados]]></category>
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		<category><![CDATA[D'Artagnan]]></category>
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		<category><![CDATA[El Conde de Montecristo]]></category>
		<category><![CDATA[Los Tres Mosqueteros]]></category>

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		<description><![CDATA[La tormenta pasa. A veces crees que no pasará nunca. A veces, un solo segundo, pensarás que te matará. Puede ser cuando balearon tu calle y acostaste a tus hijos en el piso y vos encima de ellos, porque estás en el primer piso, las recortadas disparan plomo hacia arriba y esos ventanales que tanto [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">La tormenta pasa. A veces crees que no pasará nunca. A veces, un solo segundo, pensarás que te matará. Puede ser cuando balearon tu calle y acostaste a tus hijos en el piso y vos encima de ellos, porque estás en el primer piso, las recortadas disparan plomo hacia arriba y esos ventanales que tanto amaste ahora son el enemigo&#8230; ¿importa cuándo? ¿hay que vivir en un lugar muy raro o exótico para que ocurra? No&#8230; la tormenta pasa por todos los sitios. Por los que ocupan un rincón en el diario, tan chico que parece una noticia sobre un zoológico lejano, hasta los que ocupan toda la pantalla de los canales de tu país, y ni hace falta, ni podés verlas, porque para eso hay que cruzar&#8230; el salón con ventanal dónde está el televisor y llueven las balas. Y pasó. Esa tormenta que creía que me mataría. Y que mató a otros. Por eso una vez escribí que la ficción está, tiene que estar, para recordar entre los vivos la memoria de los que se fueron.</p>
<div id="attachment_26481" class="wp-caption alignright" style="width: 358px"><a href="http://www.revistadeletras.net/wp-content/uploads//2012/05/Feodor-Vasilyev.-After-a-Rain-Country-Road.jpg" rel="lightbox[26480]"><img class=" wp-image-26481" title="Feodor Vasilyev. After a Rain Country Road" src="http://www.revistadeletras.net/wp-content/uploads//2012/05/Feodor-Vasilyev.-After-a-Rain-Country-Road-300x211.jpg" alt="" width="348" height="244" /></a><p class="wp-caption-text">&quot;Después de la lluvia, camino hacia el pueblo&quot; (Feodor Vasilyev, 1867-1869)</p></div>
<p style="text-align: justify;">Pasan las tormentas. Nací en primavera, en 1970, bajo el signo del Escorpión. Es el signo de todos. Todos tenemos nuestro veneno, en la dulzura, o el otro, el letal. Hay quienes matan con un beso, decía Wilde. Y por él pasó la tormenta, la tormenta de un beso.</p>
<p style="text-align: justify;">Pasa la tormenta. Ahora tenés 23 años y tus hijos son niños, muy niños. La amiga dejó de serlo y te echó del departamento que ya no podías pagar, con la ayuda de diez hombres y en diez minutos. Tu trabajo de promotora y modelo se esfuma, la amiga que dejó de serlo se quedó con tu ropa y tu agenda y tus manuscritos. Estás bajo la lluvia de mayo, en la vereda de Julián Alvárez al 900, y mientras tus pertenencias se mojan, tu cabeza no piensa en la tormenta, sino en dónde pasar la noche. Y viene una señora con un termo de café con leche y otra con medias para tus chicos y otra que te dice Cuando Dios te cierra un puerta, te abre una ventana, y por un segundo tu cabeza escapa a la tormenta y se ríe de esos militantes teóricos y fervorosos amigos tuyos que prefieren discutir a Lenin durante horas y piensan que la simple caridad o la más digna solidaridad son &#8220;métodos del sistema para mantenerse&#8221;. Tal vez la señora del termo fuera leninista. No lo sé. No es imposible. Tal vez fuera católica, es más, del Opus Dei. Para mí, siempre será la señora del termo y quisiera para ella la corona del Reina de Inglaterra, el tejado del Taj Mahal y un arco iris sin lluvia cada atardecer.</p>
<p style="text-align: justify;">Esa tormenta también pasó. La amiga que ya no era amiga se borró de mi mente. No la reconocería. Tengo más presente a la señora del termo. Si no fuera así, la tormenta hubiera quedado en el pecho para siempre&#8230;</p>
<p style="text-align: justify;">Ahora es de noche y estoy durmiendo. Viajo hacia atrás, todavía más. El piso es enorme, en Recoleta. Era mi barrio de infancia y entonces no valía nada. Había una juguetería a la que ya no podía ir porque la policía había montado una ratonera y habían matado al hijo adolescente del juguetero. Era el año 1976. La tormenta estaba pasando y yo tenía cinco años. Tenía un camisón celeste y me despertaron rasguidos y ruidos extraños. Me levanté. Caminé por el enorme pasillo. Un piso en Recoleta, dirán. No sé qué hora de la noche era. Vi a mi madre con una amiga suya rompiendo cosas. Discos. Hacían un ruido seco, metálico, casi un disparo y ya había oído disparos. Libros. Tardaban más en romper los libros. Los fragmentos iban a bolsas y las bolsas al incinerador del edificio. Cuando me vieron me enviaron a dormir.<br />
Libros. Pasaron dos años y no vivía en un piso en Recoleta. Éramos cuidadores de un techo sin herederos en Villa Urquiza. Un techo para un matrimonio sin ingresos con cuatro hijos. Si pasó la tormenta por ahí no me di cuenta. Leía <em>Los tres mosqueteros</em> en esa casa soleada y me reía de como D&#8217;Artagnan lleva a sus tres amigos y a los cuatro lacayos a tomar chocolate a lo de un cura gascón que lo invitó a merendar&#8230; los mosqueteros, mis amigos, no tenían comida ¡y eran los héroes! Y mientras pasaba páginas, absorta, mi madre me sacudía los hombros y me daba una taza de harina mezclada con agua. Mi almuerzo.</p>
<p style="text-align: justify;">Hoy hay tormenta en Buenos Aires. Llueve mucho. Todo está húmedo, pero ya casi n0 siento la fractura de mi pierna. La tormenta pasa siempre. Creo que puedo decir que se puede vivir confiando en que pase, como dice Edmundo Dantés al final de <em>El Conde de Montecristo</em>, &#8220;ESPERAR Y CONFIAR&#8221;. Aunque creas, por un segundo, que te puede matar. Lo único errado es creer, estés donde estés, que por tu casa, tu pueblo, tu país, no va a pasar la tormenta.</p>
<p><strong>Paula Ruggeri</strong><br />
<a href="http://creesquesoysexy.blogspot.com/" target="_blank"><span style="text-decoration: underline;">http://creesquesoysexy.blogspot.com</span></a></p>
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		<title>Presencia de la estética postista en los minirrelatos de 1974 de Antonio Beneyto</title>
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		<pubDate>Tue, 08 May 2012 21:46:26 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Encarnación García de León</dc:creator>
				<category><![CDATA[Reportajes]]></category>
		<category><![CDATA[Algunos niños empleos y desempleos de Alcebate]]></category>
		<category><![CDATA[Ana Mª Matute]]></category>
		<category><![CDATA[Antonio Beneyto]]></category>
		<category><![CDATA[Los niños tontos]]></category>
		<category><![CDATA[Lumen]]></category>

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			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">Ha sido un sorprendente descubrimiento reencontrarme con el libro de <strong>Antonio Beneyto</strong>, <em><strong>Algunos niños empleos y desempleos de Alcebate</strong></em> (Palabra menor, editorial Lumen, 1974), un libro compuesto por 44 relatos cortos, lo que actualmente se denominan “microrrelatos”. Un pionero, como así lo fue también <strong>Ana Mª Matute</strong> con <em><strong>Los niños tontos</strong></em>, ambos libros de la década de los 70, escasamente valorados y olvidados en los estantes de las bibliotecas privadas. Ambos, además, con títulos que confunden porque hacen referencia a los niños, aunque en absoluto sean libros para niños sino sobre niños. Ya desde el propio título se aprecia el carácter lúdico que el escritor aplica con esa ruptura de la puntuación y  la propia fragmentación y distorsión del sentido.</p>
<p style="text-align: justify;"><a href="http://www.revistadeletras.net/wp-content/uploads//2012/05/Beneyto.jpg" rel="lightbox[26452]"><img class="alignright  wp-image-26459" title="Beneyto" src="http://www.revistadeletras.net/wp-content/uploads//2012/05/Beneyto.jpg" alt="" width="196" height="305" /></a>Son catorce microrrelatos cuyos protagonistas son extraños <em>niños</em>, diez en los que se desarrollan otros tantos curiosos <em>empleos</em>, y diecinueve relativos a <em>desempleos</em>. Todos ellos con un extraordinario dominio de la imaginación, que desplaza todo aquello que tenga una ligera semejanza con la realidad cotidiana. La realidad queda distorsionada, en un magnífico ejercicio de subjetividad que planea sobre el desarrollo de estos relatos cortos, cuya brevedad es un acierto constructivo que acelera el desenlace y multiplica la sorpresa.</p>
<p style="text-align: justify;">&#8220;Algunos niños&#8221; es la primera parte del título que encabeza el libro y que reúne los primeros catorce textos. Todas las historias son de niños desgraciados, vidas tristes sin esperanza, ni futuro. Tal vez por ello, sus descripciones adoptan un tono lírico: el niño que “en vez de uñas tenía flores”, la niña triste que “se pinchaba con un alfiler el ombligo” y por él brotaban las lágrimas, la hija del hojalatero de quien se burlaban las compañeras porque “había nacido por la voluntad de una perra que los oriundos del lugar llamaban puta”, el niño que se saca los ojos para jugar a la gallinita ciega, los niños que sobreviven al olvido de su padre vendiendo ingenuos dibujos a quienes pasean bajo su balcón, el hijo de los pasteleros que había nacido sin brazos ni piernas y desarrolla afilados cuchillos en sus muñones con los que tortura animales, el niño “imbécil” a quien su madre prostituye, el niño testigo de cómo a su madre, “la puta más hermosa de la ciudad” la marcan en el muslo con un hierro caliente, el niño que “mordía amorosamente los pezones” de su novia, el estudiante que pasea con sus amigas forasteras por un barrio de su ciudad en el que no podían entrar las niñas vírgenes, etc.</p>
<p style="text-align: justify;">En la presentación de los personajes de este primer bloque de minirrelatos, se trascienden los elementos reales cotidianos, los elementos insignificantes de la vida diaria que aparecen con cierto aire nebuloso y un punto de misterio, mediante una imaginativa y grotesca distorsión. Son vidas dominadas por la crueldad del entorno y del propio protagonista. Beneyto descubre un universo propio de carácter transgresivo destructivo, que lo sitúa en la estética postista. En ese mundo degradado, se desgranan las vidas crueles y desesperanzadas de estos niños, que nunca llegan a adultos, bien por la muerte, bien por el olvido, niños en cuyas vidas no hay salida, vidas abocadas sin remedio hacia la nada. Son personajes tristes sometidos a un tratamiento grotesco.</p>
<p style="text-align: justify;">Y en este universo está presente la imaginería postista, cercana a la naturaleza, en la que se repiten obsesivamente las referencias a la flora y la fauna. Así nos encontramos, por ejemplo, con el niño que tenía flores en vez de uñas. Las referencias a  la fauna son mucho más insistentes. Vemos a través de las palabras del escritor, la imagen de la cabeza “de ratón de campo de pata blanca” del chico del farmaceútico, con el humor que le caracteriza (ni siquiera es de la convencional “pata negra”), el hojalatero que cura a la “rana selvática”, el poeta que vive en un mundo de ranas (“rana Goliat, rana ardilla arborícola, rana de san Antonio…”) y de plantas, y apenas recuerda que tiene dos hijos, las víctimas de los afilados cuchillos de los muñones del niño inválido que corta las alas a las mariposas, saca los ojos y los testículos a los gatos y fractura las patas a los ratones, el camaleón con el que dormía el director del Banco, o su amante cucaracha, el hijo de la “puta más hermosa” que duerme abrazado a un canguro, las ratas que entran y salen de las alcantarillas del barrio donde no entran las niñas vírgenes, etc. Es obvio que la presencia de estas imágenes, obsesivas, forman parte de ese mundo propio organizado mediante imágenes y símbolos degradados. Los niños, los animales, la flora, e incluso los objetos cotidianos sencillos (botijos, barreños de plástico, etc.) son las claves del universo postista.</p>
<blockquote>
<p style="text-align: justify;">“<strong><em>Algunos niños</em></strong>. <em>X</em></p>
<p style="text-align: justify;"><em>Aquel otro niño era imbécil y sus padres eran también unos de los tantos imbéciles de la ciudad. Su madre lo había prostituido. Aquel otro niño, como era imbécil, no sabía de pros, ni de </em>ti<em>, ni de </em>tuido<em>. Pintaba con las pestañas unos hermosos ojos y luego se entretenía en mirar a través de ellos a todos los tíos suyos que cada tarde llegaban a su casa a tomar café. Era, sin duda, el niño que más tíos tenía por aquellos parajes y es que su madre sabía sonreír muy bien.</em></p>
<p style="text-align: justify;"><em>Y aquel otro niño como era imbécil aún siguió así por algún tiempo; hasta que la primera bofetada del sargento lo convirtió en cuerdo</em>”.</p>
</blockquote>
<p style="text-align: justify;">Una segunda parte, a mi juicio la más ingeniosa e incluso divertida, es la que hace referencia a la segunda parte del título, &#8220;Empleos&#8221;, que incluye once minirrelatos, con originales protagonistas que tienen curiosos empleos ciudadanos. La imaginación de Beneyto se entrega plenamente a la distorsión surrealista y postista. Se describe, en estos relatos, una realidad coherente con la lógica de la lengua y el tradicional mecanismo de composición para formación de nuevas palabras, neologismos, pero absolutamente incoherente respecto al conocimiento que el ser humano tiene del mundo. Así nos encontramos con el “<em>recibellamadas</em>” que responde mecánicamente al teléfono, absorto en sus críticos y grotescos pensamientos, o el “<em>subetopes</em>” que siempre viaja en los topes del tranvía y sueña con cosas extrañas durante el trayecto, o el “<em>rompecristales</em>” con su agotadora contabilidad del efecto de sus actividades, el “<em>coleccionasenos</em>” que los exhibe en un museo para que sean vistos y sobados, o el “<em>ponemultas</em>” que persigue a los conductores, el “<em>muevecafé</em>” y las variadas aplicaciones de esta actividad, el “<em>mirarrodillas</em>” que nunca goza de vacaciones, etc. Son originales neologismos, que nos sugiere el carácter lúdico de la estética postista y su búsqueda de innovación en el lenguaje. Común a todos es el reconocimiento, al que el lector asiste, de una insignificante actividad que el escritor asciende a la categoría de empleo. Lo humorístico de esta creación descubre cierta relación con los relatos de <strong>Cortázar</strong>. Se rompe la coherencia respecto al mundo que conocemos, para reconstruir otro mundo con relaciones y asociaciones propias y coherentes consigo mismas, que bien pueden tener anclaje en la tradición quevedesca y de pintores como <strong>El Bosco</strong> y <strong>Brueghel</strong>, además de que los postistas nunca negaron ser continuadores del surrealismo.</p>
<blockquote>
<p style="text-align: justify;"><a href="http://www.revistadeletras.net/wp-content/uploads//2012/05/Beneyto.2.jpg" rel="lightbox[26452]"><img class="alignleft  wp-image-26454" title="Beneyto.2" src="http://www.revistadeletras.net/wp-content/uploads//2012/05/Beneyto.2-222x300.jpg" alt="" width="196" height="302" /></a>“<em><strong>Empleos</strong></em>. <em>XXV</em> (Fragmento)</p>
<p style="text-align: justify;"><em>El mirarrodillas lo que debía hacer cotidianamente, él no disfrutaba ni de fiestas ni de vacaciones, era visitar los parques de las afueras de Alcebate y a todas las mujeres que encontrara paseando por sus veredas, o descansando en algún banco, rasgarles la falda de arriba abajo con una navaja y después tomarles la medida exacta de sus rodillas. Algunas de estas mujeres consentían al momento, sonriendo; sin embargo, otras eran auténticas fieras y entonces se podían admirar verdaderas peleas entre la mujer que se resistía y el mirarrodillas</em>”. (Ilustración, pág. 49).</p>
</blockquote>
<p style="text-align: justify;">Por fin, la tercera parte del título, &#8220;Desempleos&#8221;, reúne diecinueve microrrelatos. &#8220;<strong>Empleos</strong>&#8221; y &#8220;<strong>Desempleos</strong>&#8221; se ubican, ya desde el título, en una localización espacial concreta, “<em>Alcebate</em>”, referencia que no es difícil de reconocer cuando recordamos su ciudad natal, Albacete. Es un mundo personal y cerrado, un universo anclado en el disparate jocoso, con una lógica coherente dentro de su propio disparate. Y esta no es la única referencia a su ciudad, referencia explícita e intencionada en esta elección del nombre de su universo narrativo, sino que se encuentran espontáneos rastros de esta localización geográfica en algunos de los relatos. Así leemos, la presencia del rompecristales en la “<em>carretera de circunvalación</em>” (&#8220;<strong>Empleos</strong>&#8220;, XX), que va acompañado de su “<em>hermanico</em>” (con sufijo afectivo tan manchego) que le busca piedrecitas para que las arroje a los vehículos que por allí transitan, o la sesión de audición de “<em>seguidillas manchegas</em>”  mientras traduce a <strong>Michaux</strong> (&#8220;<strong>Desempleos</strong>&#8220;, IX, p. 61), asociación que por su disparidad resulta grotesca. Describe un barrio de Alcebate (&#8220;<strong>Empleos</strong>&#8220;, XIV) que no podían frecuentar las niñas vírgenes (referencia directa al barrio “<em>El Alto de la Villa</em>”) porque era el barrio de las prostitutas, por el que el protagonista deambula, exactamente por el “<em>cintillo</em>” de la baldosa (referencia a la acera). El léxico local está presente. Los alfareros, artesanos que trabajan en sus talleres de Chinchilla, son los “<em>hombres-barro</em>” (&#8220;<strong>Empleos</strong>&#8220;, XVII) que trabajan con botijos y “<em>cuerveras</em>”.</p>
<p style="text-align: justify;">Destaca igualmente la originalidad de las situaciones descritas en los “<strong>Desempleos</strong>”, en  la que los protagonistas  no saben bien para qué están donde están. Son aquellos que sienten que sus palabras se deshacen cuando el otro no muestra sentir nada al oírlas, o el que huye de las hormigas porque una vez pisó una y no murió, o el que se alegra al escuchar el nombre dado a las cosas y se enfada cuando le hablan por señas, o el que pierde los días ante un televisor, o el que chillaba porque no quería nacer y le cortaron el cordón umbilical obligándole a caminar, o el que nada puede hacer para evitar que sus vecinos expolien poco a poco su biblioteca, o el que aburrido de oír sonar el teléfono deambula por la calle, o el que se dedica al desempleo de recoger porquería de los animalitos sin ninguna finalidad, etc.</p>
<blockquote>
<p style="text-align: justify;">“<em><strong>Desempleos</strong></em>.<em> XV</em></p>
<p style="text-align: justify;"><em>Según me dé realizaré el viaje. Luego quizá resulta que voy y les hablo de Cómo acostarse con una hormiga y creen que les tomo el pelo y empiezan a arrojarme granos de trigo y cebada al escenario.</em></p>
<p style="text-align: justify;"><em>Por fin me decidí y realicé el viaje. Les hablé de mi célebre tratado y al final de la conferencia, los hombres que me escucharon se acercaron a pedirme que al menos durmiera una noche con cada una de sus mujeres. Yo, como es natural en mi desempleo, no acepté</em>”.</p>
</blockquote>
<p style="text-align: justify;">Ausencia de prejuicios y  libertad creativa son los pilares del postismo (movimiento estético que apenas duró cinco años), ambos presentes en este libro de Antonio Beneyto, en el que realidad y lenguaje adquieren una nueva dimensión.</p>
<p><strong>Encarnación García de León</strong><br />
<a href="http://garcileon-sinirmaslejos.blogspot.com" target="_blank"><span style="text-decoration: underline;">http://garcileon-</span></a><wbr><a href="http://garcileon-sinirmaslejos.blogspot.com" target="_blank"><span style="text-decoration: underline;">sinirmaslejos.blogspot.com</span></a></wbr></p>
<p><strong>(foto de portada: <span style="text-decoration: underline;"><a href="http://antonio-beneyto.com" target="_blank">antonio-beneyto.com</a></span>)</strong></p>
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