“Leonora”, de Elena Poniatowska
Por Javier Munguía | Críticas | 2.04.11
Leonora. Elena Poniatowska
Seix Barral (México, 2011)
En su vigésima quinta edición, el Premio Biblioteca Breve, de la editorial Seix Barral, recayó en Leonora, novela de la veterana y multigalardonada escritora mexicana Elena Poniatowska, nacida en Francia en 1932. Este certamen literario, que premia ficciones de autores españoles e hispanoamericanos, inició en 1958 y continuó de forma ininterrumpida hasta 1972. Al año siguiente dejó de convocarse y solo se retomó en 1999. Desde entonces ha tenido continuidad. Entre los ganadores anteriores están autores de la talla de Mario Vargas Llosa, Carlos Fuentes, Guillermo Cabrera Infante, Vicente Leñero y Juan Marsé.
Con Leonora, Poniatowska rinde homenaje a una mujer con la que tiene una amistad de más de cincuenta años: Leonora Carrington (1917), la pintora y escritora surrealista de origen inglés afincada en México desde 1942. El generoso, por no decir exagerado e imaginativo dictamen del jurado que conformaron José Manuel Caballero Bonald, Pere Gimferrer, Rosa Montero, Darío Villanueva y Elena Ramírez afirma que la novela ganadora construye, “en un escenario cosmopolita y con recursos verbales magistrales”, “una figura femenina turbadora en la que se encarnan los sueños y las pesadillas del siglo XX”.
Más reveladoras que estas líneas de cortesía son las declaraciones de la propia Poniatowska en una entrevista reciente con el periodista de El País Pablo Ordaz: “Yo escribo como Dios me da a entender, hago como puedo, en el aire las compongo. En el libro incluí muchas cosas que ella me contó (…) [Todos los libros de Carrington] se relacionan con ella. Así que es muy fácil tomar fragmentos enteros de los cuentos y meterlos en la novela. Es lo que yo hice, y lo hice con un entusiasmo total”.
En efecto: Leonora no parece obedecer a un plan previamente trazado, sino más bien al vaivén de la inspiración. Al libro, lineal de principio a fin, no le preocupa demasiado capturar la atención del lector desde el principio, quizás amparado en la premisa de que la narración gozará del interés del público por la relevancia del personaje recreado. Aunque la perspectiva del narrador en tercera persona se centra la mayoría del tiempo en la perspectiva de la protagonista, de pronto se introduce, sin obedecer a un método sistemático, en el punto de vista de otros personajes, algunos de ínfima relevancia. Esto hace suponer poca conciencia en el uso de la focalización. Además, en algunos casos se narran hechos históricos que no parecen haber sido determinantes en la vida de Leonora; en realidad tienen la función de enmarcar la vida de la artista en su siglo, de modo que resultan anotaciones sin mucha pertinencia, aunque no poco interesantes.
Dicho lo anterior, debo agregar, aunque parezca una contradicción, que la novela no es mala. No sé bien a bien si ello se debe al talento de la autora o la fascinante vida de Carrington. Desde muy pequeña, el personaje se distingue de su entorno conservador, en el seno de una familia inglesa acomodada, por su rebeldía y gran libertad para concebir su vida. Leonora vive en un mundo fantástico: ve extrañas criaturas que otros no ven y se asume como un caballo. Muy pronto su carácter choca con el talante opresivo de su padre, que intenta domar a la yegua sin conseguirlo. El primer acto de autoafirmación de Leonora como un ser independiente es abandonar la casa paterna, renunciando a una cuantiosa herencia. No será el único: Leonora no se dejará deslumbrar ni siquiera por su mentor y gran amor, el pintor Max Ernst, ni tampoco por el surrealismo, que la acoge como una gran artista. Siempre perdurará en ella, hasta su avanzada edad, esa resistencia a dejarse apresar por personas o etiquetas.
No tengo duda de que las páginas más bellas y sobrecogedoras del libro son aquellas que dan cuenta de la locura de la protagonista, desatada a raíz de la detención y posterior encierro en un campo de concentración de Max Ernst. En esos pasajes, el narrador tiene el acierto de no consignar el extravío mental de Leonora como un episodio ajeno; en vez de ello, se funde con el personaje, de modo que la narración nos instala en esa mente perturbada y nos invita a compartir su terrible confusión y sufrimiento.
Leonora enfrenta con regular éxito el peligro de la linealidad narrativa: el de contar cuando ya el clímax está lejano y no hay nada de la misma intensidad que ofrecer al lector. Si bien luego de la etapa de encierro en un manicomio de la protagonista la novela no alcanzará nuevamente el mismo impacto, a estas alturas el lector está lo suficientemente enganchado con Leonora como para desear conocer las vicisitudes de su vida posterior, pese a los puntos muertos.
En el libro no hay un esfuerzo por comprender e interpretar a profundidad el proceso creativo de las ficciones y los cuadros más significativos del personaje principal, como sí lo hay, por ejemplo, en El Paraíso en la otra esquina, de Mario Vargas Llosa, que recrea la vida del pintor Paul Gauguin. Aun así, la obra logra transmitirnos la capacidad de la pintora en cuestión para encontrar, sin esforzarse demasiado, de forma casi natural, un ángulo inédito o poco explorado de la realidad, ese ángulo que muchos de quienes escriben o pintan quisieran para sus creaciones (quisiéramos).
En suma: Leonora no es una obra formalmente deslumbrante ni una catedral del género novelesco, pero sí una ficción que, en su modestia, en su rusticidad, logra convocar el entusiasmo de quien lee e incluso, cobijada en el instinto o la experiencia de su autora, rozar la perfección, al menos en su punto más álgido.
Javier Munguía
http://javiermunguia.blogspot.com













19.04.11 23:51 :
[...] Texto previamente publicado en: http://www.revistadeletras.net/leonora-de-elena-poniatowska/ [...]
8.08.11 20:09 :
Coincido en que las páginas referidas al encienrro son las más radiactivas del libro, sin embargo, veo en la linealidad que usted refiere como una simplificación, un recurso espléndido para relatar casi la historia de la vanguardia en el siglo pasado. Me admira la enorme cantidad de personalidades que pueblan las páginas y la gran cantidad de información que baja Poniatowska sin que la ficción se vuelva aparatosa. Por otra parte, es incomparable leer algo que está, efectivamente, escrito. No sucede siempre.
¡Saludos!
30.01.12 22:44 :
[...] un lustro. De navidad me regalé el libro Leonora, de Elena Poniatowska. El libro cumple su promesa. Narra la vida de Leonora, la hace humana, nos permite vislumbrar sus [...]