Lord Byron: poeta y peregrino
Por Paula Ruggeri | Reportajes | 6.03.09
En enero de 1810, Lord Byron llegaba por vez primera a Grecia. Tenía entonces veintiún años. Su breve pasado contaba con un título de nobleza y una infancia solitaria, un libro de poemas, Horas de ocio, que había recibido las críticas más feroces; una sátira de gran éxito, Los poetas ingleses y los críticos escoceses, satisfactoria venganza por tan crueles críticas. Una sola visita a la Cámara de los Lores, a la que ya no quiso honrar con su presencia. Y era ya, según propias palabras, “un libertino”.
“Los acontecimientos de mi corta vida han sido tan singulares que, si bien este orgullo que los hombres llaman honor me ha impedido hasta ahora deshonrar mi nombre con una cobardía, he sido ya considerado un libertino y un discípulo de la infidelidad.” Fue lo que respondió a una rara crítica benévola que atribuía sus poemas a las virtudes de su corazón.
Llegó a Grecia como el Don Juan de su poema, luego de un naufragio, y allí escribió el poema en el que por primera vez ensaya el inventarse a sí mismo, Childe Harold. Grecia se hallaba bajo el dominio turco, el pueblo sojuzgado no mostraba síntomas de rebeldía y Byron se hallaba indignado. Y de esa indignación surgen las estrofas de Childe Harold dedicadas a Grecia.
“¿Quién se pondrá al frente de tus hijos dispersos?
¿Quién te liberará de una esclavitud a la que estás demasiado habituada?”
Trece años después, Byron volvía a desembarcar en Grecia. Ya no era un joven aristócrata de viaje. Ahora era un soldado que escribía su último poema. Atrás quedaba una larga historia, la de sus amores rodeados de escándalo, en los que llegó a intervenir el mismo Papa durante su estadía en Italia, las largas veladas en que discutía sus poemas con Percy Shelley, que había muerto dos años antes. Era Byron el poeta más popular de su tiempo, pero esa popularidad se debía tanto al amor como al odio; los críticos no lo querían, pero el pueblo lo leía. Al publicarse El corsario, la historia cuenta que en un día se vendieron trece mil ejemplares. Marinos, sastres, tenderas, mujeres de todas las clases (como más tarde las hermanas Brönte, en su vida monástica), al igual que jueces y nobles, sabían sus versos de memoria. Era el poeta de la rebeldía y sus poemas, para la Inglaterra que lo había visto nacer, eran de un apasionamiento meridional.
Inglaterra lo insultaba en alta voz y lo leía a escondidas. “Si es cierto todo lo que dicen de mí”, escribe Byron al partir a Grecia, “soy indigno de volver a Inglaterra, si es falso Inglaterra es indigna de volver a verme.” Ya no volvería a ver a Inglaterra, que recibirá su cadáver con paradójicas pero auténticas muestras de dolor.
Pocos conocen que la admiración de Byron por Simón Bolívar lo llevó a concebir el proyecto de viajar a Venezuela e instalarse allí como colono, esa idea fue desechada cuando tuvo noticias de la insurrección griega. “Un hombre”, decía, “debe hacer algo mejor por la humanidad que escribir versos”. Dedicó su fortuna a armar una flota griega, dotó a las desorganizadas tropas rebeldes de medicamentos y artillería;
finalmente, murió en Missolonghi el 19 de abril de 1824.
Byron creó un personaje, el héroe que, pecador, desdeña arrepentirse, el peregrino que viaja por el Infierno llevándolo consigo. Byron es una figura clave para comprender el Romanticismo, el francés en particular, que fue el que más influyó en la poesía romántica hispanoamericana. Principalmente porque un poeta romántico es dramático, crea personajes y el primer personaje que inventa es el poeta mismo. Byron hizo un personaje de sí mismo y no hay en otro poeta una mayor confusión entre su obra y su vida. Los ensayos sobre Byron, como el que escribió T. S. Eliot, o las críticas puramente literarias, que apuntan defectos de forma o de composición en su obra, como la que realizara Ezra Pound, no pueden llegar a una auténtica conclusión sobre la poesía de Byron porque disgregan de ella un elemento fundamental: el mismo Byron. Porque Byron convirtió su carne y su sangre en poemas y dramas en los que crea al héroe, Childe Harold, donde hay un viajero aristocrático y donde el narrador de Don Juan, el que exclama a Grecia:
“Aún te queda la pírrica danza, pero
¿dónde está la falange pírrica?”
el poeta que se insta a abandonar los libros y hacer añicos la copa de vino, “de vino de Samos”, inventa al soldado.
El mismo Eliot que anuncia al comienzo de su ensayo que será el primer crítico de Byron en ocuparse de su poesía y no de su biografía, no puede dejar de referirse a ella, ni aún puede dejar de aludir a que Byron cojeaba o a su amor desgraciado y adolescente por Mary Chaworth. Es que si es imposible separar la vida de un poeta de su obra, ése es el caso de Byron.
Los poemas narrativos de Byron son tal vez los mejores de la lengua inglesa. Eliot deplora la calidad de sus versos, pero reconoce la habilidad narrativa. Aunque Eliot no llega a reconocer que en un poema narrativo dicha habilidad es más crucial que la calidad intrínseca de los versos. Esa habilidad, ese manejo del suspenso que en el siglo XIX la narrativa todavía estaba descubriendo, es el desafío cumplido por Byron que ningún otro poeta pudo igualar. En la lengua castellana, Espronceda ensayó el poema narrativo con bastante éxito, y se observa, al igual que en este caso inglés, que la potencia de los versos es más fuerte que su calidad positiva. Lo que se debe señalar, en todo caso, es que en un poema narrativo la principal virtud de los versos no es su pureza sino su potencia. “En sus poemas más extensos”, dice Eliot, “Byron hizo algo que nadie ha igualado nunca”. Pero este logro se debe tal vez a la misma fuerza avasallante que hizo decir a Ezra Pound que en cada poema de Byron “se podía encontrar al menos siete defectos de composición”.
Los biógrafos de Byron son poco piadosos con su figura, pero el mismo Byron se retrataba con escasa piedad. Gustó hacer de si mismo un personaje demoníaco, un ángel caído. Sus viajes, sus amores, su amistad con Percy y Mary Shelley, su muerte en Missolonghi son parte de una leyenda, la leyenda de un peregrino que era también un pecador, de un amante cuyo amor nadie comprendió, y de un soldado que murió en su patria, la patria de los poetas que cantan a los héroes.
Su vida, como su obra, fue una constante peregrinación. Y al fin, el poeta encontró en si mismo al héroe que tanto buscaba.
Paula Ruggeri
http://creesquesoysexy.blogspot.com












13.04.10 3:11 :
Gracias por haber enriquecido su texto con información que me dejó una imagen muy amplia de Byron.
24.07.10 23:04 :
Se dice que Lord Byron tuvo un hijo con su hermana Sara Virginia Byron, se dice que su nombre es James Stacey Byron, que de verdad hay en esa aceveración?
25.07.10 1:09 :
Estimado Carlos: según diversas biografias ( Andre Maurois, Alfredo de la Guardia), Lord Byron tuvo una hija con su medio hermana Augusta. La llamaron Médora, como la hija de su personaje Manfred. El y Augusta se conocieron ya adultos.De esa otra relación no tengo conocimiento. saludos.Paula Ruggeri
16.09.10 13:06 :
[...] La elección entre estar soltero y emparejado y entre elegir una pareja u otra (si es que podemos elegir, claro) se puede evaluar en función del coste y del beneficio de la decisión. En breve intentaremos analizar detalladamente los costes y los beneficios concretos de ello, sin querer con ello que nuestras lectoras piensen que un servidor no disfruta también de los escritos de Lord Byron. [...]
9.09.11 4:27 :
Apasionado, intenso, valiente, sincero, verdadero. Los seres humanos, tendemos a ser
intrigantes y de paso morbosos. Tratar de ir más allá de los hechos, personalidades,
situaciones. A veces es inteligente, pues más de algo se obtiene, pero el tenor de las
relaciones amorosas del poeta, son parte de la intimidad, vida privada del protagonista.
Sus obras, tal como su dinámica de vida, son de corte atormentado. De inspiración
satírica. Entremezclados, sentimientos de violencia, fogosidad, arrojo. Un eterno errante.
Buscador de hábitat empático, que lo reconociera, amara, entendiera. Inpetuoso de
esencia. Sarcástico, mordaz como todo sensible e inteligente. Grecia, su encanto de
vida. Lo acogió. Allí murió.
10.09.11 16:01 :
Una hermosa visión de Byron,Edda.
10.11.11 20:29 :
¿Byron heroe?, según consta en la biografía escrita por A. Maurois, Byron no llegó a entrar en combate en Missolonghi, sino que murio de una pulmonía que contrajo como consecuencia de uno más de sus caprichos y su participación en la guerra no dejó de ser una pose estética y teatral. Por otra parte sus versos son de pésima calidad.
El único mérito(?) de Byron consite en haber encarnado un personaje arquetípico que está en el incosciente colectivo desde hace siglos, el del pirata-aristocrata, al margen de la ley y de la sociedad, pero por encima de ella…, o el de Don Juan desafiante y rebelde ante Dios.
Como poeta romantico prefiero, con mucho, a William Blake.