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	<title>Revista de Letras &#187; Jack London</title>
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	<description>La  Revista de críticas de libros, entrevistas, reportajes, reseñas y noticias sobre el mundo literario</description>
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		<title>&#8220;El camino&#8221;, de Jack London</title>
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		<pubDate>Mon, 28 Dec 2009 16:28:49 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Diego Giménez</dc:creator>
				<category><![CDATA[Reseñas]]></category>
		<category><![CDATA[Ediciones Buck]]></category>
		<category><![CDATA[El Camino]]></category>
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		<description><![CDATA[Con "El camino", la literatura se confabula para poder tejer un entramado de vivencias que son capaces de hacer de la vida errante un símil del quehacer literario...]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center;"><em><strong><a href="http://www.revistadeletras.net/wp-content/uploads//2009/12/EL-camino.jpg" rel="lightbox[6420]"><img class="alignright size-medium wp-image-6421" title="EL camino" src="http://www.revistadeletras.net/wp-content/uploads//2009/12/EL-camino-191x300.jpg" alt="EL camino" width="146" height="230" /></a>El camino</strong></em>. Jack London<br />
Traducción de Mari Luz Ponce Hernández<br />
Ediciones Buck (Barcelona, 2009)</p>
<p style="text-align: justify;">
<p style="text-align: justify;">Afirmaba Borges en <em>Las muertes concéntricas </em>que <em>en <strong>Jack London</strong> se encontraron y hermanaron dos ideologías adversas: la doctrina darviniana de la supervivencia del más apto en la lucha por la vida y el infinito amor a la humanidad</em>. Fruto de esta contradicción, o en la gestación de la misma, <strong><em>El camino</em></strong> presenta las anotaciones biográficas de un joven London, escritor en ciernes, que da cuenta tanto de la lucha por sobrevivir cómo de la belleza que percibe en esa Norteamérica en construcción.</p>
<blockquote>
<p style="text-align: justify;">Con <em>El camino</em>, la literatura se confabula para poder tejer un entramado de vivencias que son capaces de hacer de la vida errante un símil del quehacer literario. Símil del que sin duda se nutre la obra de London y que podemos apreciar de forma destacada en este acierto literario de ediciones Buck que con este primer título se estrena con una colección dedicada a la narrativa norteamericana.</p>
</blockquote>
<p style="text-align: justify;"><em>El camino</em> presenta las errantes experiencias de un joven London que a través del relato en primera persona, a medio camino entre la autoficción y la autobiografía, consigue construir un mundo personal en el que se reconocen los puntos de la estética “londoniana” que estarán presentes en el resto de su obra. El libro consta de nueve capítulos en los que, cómo venimos comentando, London relata sus aventuras de vagabundeo en su época de juventud. El primero de los relatos, <em>Confesión</em>, fiel al género o subgénero de la autobiografía, plantea un pacto de ficción con el lector de tal manera que, de forma sutil, London nos advierte que es posible que nos esté tomando el pelo de la misma manera que lo hizo en el estado de Nevada con una mujer a la que mintió durante más de dos horas. Pero precisamente habla de esa mentira de la que se nutre la literatura y en la que lo que cuenta es lo verosímil. De tal manera que, sin saber a ciencia cierta si lo que cuenta es verdad o no, London consigue retratar un mundo en el que inserta la denuncia social de la que sin duda se nutre de su experiencia real. Y en este pacto entre autor y lector, como el que establece London con la mujer de Nevada que se deja tomar el pelo, <em>emergen las bondades intrínsecas de la naturaleza humana</em>. Por todo esto y por el sentido del humor que sobrevuela el libro, una obra más que recomendable.</p>
<blockquote>
<p style="text-align: justify;"><strong>Jack London</strong></p>
<p style="text-align: justify;"><a href="http://www.revistadeletras.net/wp-content/uploads//2009/12/London.jpg" rel="lightbox[6420]"><img class="alignleft size-medium wp-image-6422" title="London" src="http://www.revistadeletras.net/wp-content/uploads//2009/12/London-249x300.jpg" alt="London" width="161" height="193" /></a>Jack London nació el 12 de enero 1876 y murió el 22 de noviembre de 1916 a los cuarenta años. Es conocido por <em>La llamada de la selva</em>, <em>Martin Eden</em> y <em>Colmillo Blanco</em> entre otras obras. Fue un escritor prolífico cuya obra de ficción exploró varias regiones y culturas norteamericanas: el Yukón, California, Hawai y las Islas Salomón. Experimentó con muchas formas literarias, desde la novela romántica convencional a la fantasía, pasando por la novela de aventuras y el realismo. Socialista comprometido, insertó la crítica social en su ficción. Fue un escritor que entendió cómo crearse un personaje público y el uso de los medios de comunicación para comercializar su propia imagen de hombre pobre hecho a sí mismo. Su obra incluye más de cincuenta novelas, cuentos, artículos periodísticos y ensayos.</p>
</blockquote>
<p><strong>Diego Giménez</strong><br />
<a href="http://entrefragmentos.wordpress.com/">http://entrefragmentos.wordpress.com</a><br />
<a href="http://www.diegogimenez.com">http://www.diegogimenez.com</a></p>
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		<title>Buck rescata inéditos norteamericanos de hace 100 años</title>
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		<pubDate>Sat, 10 Oct 2009 07:33:46 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Josep A. Muñoz</dc:creator>
				<category><![CDATA[Destacados]]></category>
		<category><![CDATA[10 días en un manicomio]]></category>
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		<description><![CDATA[Quien piense que se ha llegado a traducir todo lo escrito por Jack London, Herman Melville o Stephen Crane está muy equivocado. Para demostrarlo nace Ediciones Buck...]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><strong><a href="http://www.revistadeletras.net/wp-content/uploads//2009/10/sello.ediciones.Buck.jpg" rel="lightbox[4982]"><img class="alignright size-full wp-image-4992" title="sello.ediciones.Buck" src="http://www.revistadeletras.net/wp-content/uploads//2009/10/sello.ediciones.Buck.jpg" alt="sello.ediciones.Buck" width="132" height="148" /></a>Ediciones Buck comienza su andadura con <em>El camino</em>, obra autobiográfica inédita de </strong><strong>Jack London.</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Quien piense que se ha llegado a traducir todo lo escrito por Jack London, Herman Melville o Stephen Crane está muy equivocado. Para demostrarlo nace Ediciones Buck, un nuevo sello especializado en literatura norteamericana de finales del siglo XIX y principios del XX, período en el que nacieron nuevas formas de narrar para competir con otros medios de entrenimiento (la radio, el cine o los grandes espectáculos teatrales).</p>
<p style="text-align: justify;"><a href="http://www.revistadeletras.net/wp-content/uploads//2009/10/El-camino.jpg" rel="lightbox[4982]"><img class="alignleft size-medium wp-image-4993" title="El camino" src="http://www.revistadeletras.net/wp-content/uploads//2009/10/El-camino-228x300.jpg" alt="El camino" width="179" height="237" /></a>Influenciada por la prensa, que comenzaba a despuntar como soporte para que muchos periodistas y escritores se dieran a conocer de manera masiva, la narrativa popular de la época reflejaba los grandes cambios que se producían a nivel político, social o científico, sin olvidar las dosis de aventura que el público exigía. Muestra de ello son los géneros que conformarán el catálogo de esta nueva editorial: Libros de viajes, relatos de aventuras y grandes descubrimientos, reportajes periodísticos o novelas del Oeste y autobiográficas. Todas las obras rescatadas son inéditas o están descatalogadas en nuestro país y pertenecen a autores clásicos o apenas conocidos a pesar de ser considerados referentes de la cultura americana.</p>
<p style="text-align: justify;">El primer volumen, que se pondrá a la venta a finales de octubre, es una joya del gran <strong>Jack London</strong>: <strong><em>El camino</em></strong> data de 1907 y  está considerada, junto a<em> John Barleycorn</em>, como su autobiografía, en este caso centrada en su juventud. En este libro de iniciación, dividido en nueve relatos, London describe sus peripecias como vagabundo con apenas dieciocho años, siguiendo el &#8220;camino de hierro&#8221; (las vías del tren).</p>
<p style="text-align: justify;"><a href="http://www.revistadeletras.net/wp-content/uploads//2009/10/jack-london.jpg" rel="lightbox[4982]"><img class="alignright size-medium wp-image-4983" title="jack-london" src="http://www.revistadeletras.net/wp-content/uploads//2009/10/jack-london-225x300.jpg" alt="jack-london" width="150" height="200" /></a>El autor de <em>Colmillo blanco</em> se sincera narrándonos con su habitual inventiva los trucos que empleaba para conseguir comida y limosna, sus correrías para despistar a los guardafrenos de los trenes, la primera experiencia en la cárcel (que muchos apuntan como edulcorada, ya que resultó más traumática de lo que expone) y su loca participación en la <em>March of Kelly&#8217;s Army</em> en la que participaron más de dos mil vagabundos, entre otras peripecias.</p>
<blockquote style="text-align: justify;"><p>Para muchos, <em>El camino</em> puede resultar un libro revelador, tanto por la información que ofrece, desmintiendo rumores infundados que se habían vertido sobre su vida, como por las reflexiones con las que va salpicando las historias, acerca del maltrato a las mujeres, el sistema judicial, el capitalismo de Walt Street o la policía (los &#8220;bovinos&#8221;).</p></blockquote>
<p style="text-align: justify;"><a href="http://www.revistadeletras.net/wp-content/uploads//2009/10/Nellie_Bly_2.jpg" rel="lightbox[4982]"><img class="alignleft size-medium wp-image-4987" title="Nellie_Bly_2" src="http://www.revistadeletras.net/wp-content/uploads//2009/10/Nellie_Bly_2-250x300.jpg" alt="Nellie_Bly_2" width="184" height="221" /></a>Tras este &#8220;rescate&#8221;, Buck descubrirá en España a <strong>Nellie Bly</strong>, un gran mito del periodismo (se le considera la primera gran reportera de investigación y una de las más destacadas defensoras de los derechos de la mujer)  a la que llegaron a dedicar canciones, juegos de mesa y películas. De Bly se publicarán sus dos trabajos periodísticos más sonados: <em>10 días en un manicomio</em>, sobre su experiencia en un centro psiquiátrico haciéndose pasar por loca, y <em>La vuelta al mundo en 72 días</em>, gran reportaje realizado entre el 14 de noviembre de 1889 y el 27 de enero de 1890, con el que consiguió batir el record que <strong>Jules Verne</strong> adjudicó a su personaje de ficción <strong>Phileas Fogg</strong>.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong><br />
</strong></p>
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		<title>La promesa: Réquiem por la novela policíaca</title>
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		<pubDate>Wed, 01 Jul 2009 08:17:44 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Blanca Vázquez</dc:creator>
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		<description><![CDATA[La editorial Navona, en un formato de lo más cómodo, como sobona que soy con los libros que llevo conmigo a todas partes, está dejando mi biblioteca chispeante de colores, y de ideas que revolotean como mariposas allí donde toma posición su colección Reencuentros...]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<blockquote style="text-align: justify;">
<p style="text-align: center;"><strong><em>La promesa</em></strong>. Friedrich Dürrenmatt<br />
Traducción y prólogo de Xandru Fernández<br />
Navona (Barcelona, 2009)</p></blockquote>
<p style="text-align: justify;"><a href="http://www.revistadeletras.net/wp-content/uploads//2009/07/La-promesa.jpg" rel="lightbox[3089]"><img class="alignright size-full wp-image-3090" title="La promesa" src="http://www.revistadeletras.net/wp-content/uploads//2009/07/La-promesa.jpg" alt="La promesa" width="169" height="272" /></a>La editorial Navona, en un formato de lo más cómodo, como sobona que soy con los libros que llevo conmigo a todas partes, está dejando mi biblioteca chispeante de colores, y de ideas que revolotean como mariposas allí donde toma posición su colección <em>Reencuentros</em>. Desde lo mejor de Jack London, John Steinbeck, R.L. Stevenson, Erskine Caldwell, Joseph Conrad, Mark Twain, Eric Ambler ó el dramaturgo suizo Friedrich Dürrenmatt,  en cuya obra estoy sumergida este verano, <em>La promesa</em>.</p>
<p style="text-align: justify;">No dejen pasar esta oportunidad de regalar literatura, la de llevar puesta, libros prêt-à-porter, para deleitarse en los pequeños momentos de espera, en los viajes, los desplazamientos en metro o tranvía y las nerviosas esperas al dentista; con el café a media mañana y con la televisión apagada al final de la tarde-noche. Pero dejemos de soñar cosas quasi imposibles, y vayamos al tema. Y el de hoy, viene de los cantones suizos y de finales de los años cincuenta. Empecemos por el autor.</p>
<blockquote style="text-align: justify;"><p><a href="http://www.revistadeletras.net/wp-content/uploads//2009/07/Friedrich-Dürrenmatt.jpg" rel="lightbox[3089]"><img class="alignleft size-full wp-image-3091" title="Friedrich Dürrenmatt" src="http://www.revistadeletras.net/wp-content/uploads//2009/07/Friedrich-Dürrenmatt.jpg" alt="Friedrich Dürrenmatt" width="151" height="183" /></a>Con muchas dosis de ironía, chorros de cinismo y sátira con las que rebañaba sus obras, Friedrich Dürrenmatt era un autor polifacético donde los haya: dramaturgo, novelista, filósofo, grafista, crítico de teatro, guionista y autor de piezas radiofónicas. Ninguneaba un tanto los grandes ideales humanos, y sacaba la lengua en muchas ocasiones a un Estado tan sumamente organizado como el suizo. “Suiza tiene algo grotesco en su carácter -declaró alguna vez-; sus intentos de constante neutralidad se parecen a los de una virgen ganándose la vida en un burdel que pretende, además, permanecer casta”. Su traductor y prologuista en <em>La promesa</em>, Xandru Fernández, nos adelanta que siendo una estupenda novela policíaca hay mucho del mejor teatro de Dürrenmatt en ella: personajes fascinantes, diálogos ágiles, digresiones sorprendentes, que pretenden a su vez mofarse del género. Aunque no lo consigue, y estamos ante una estampa de lo mejor del género negro, a pesar de que junto al título el autor haya añadido la coletilla “Réquiem por la novela policíaca”.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify;"><em>La promesa</em> es un encargo temático. En 1957, Dürrenmatt acepta la petición de escribir un guión o relato para posteriormente convertir en película (de hecho Ladislao Vajda hizo <em>El cebo</em> en 1958 y Sean Penn llevó a la pantalla <em>El juramento</em> (<em>The Pledge</em>)en 2001, con Jack Nicholson, basadas ambas en la historia de Dürrenmatt), sobre una problemática de interés cívico: las agresiones sexuales contra niños.</p>
<p style="text-align: justify;"><object classid="clsid:d27cdb6e-ae6d-11cf-96b8-444553540000" width="600" height="350" codebase="http://download.macromedia.com/pub/shockwave/cabs/flash/swflash.cab#version=6,0,40,0"><param name="allowFullScreen" value="true" /><param name="allowscriptaccess" value="always" /><param name="src" value="http://www.youtube.com/v/wsoMmemo9mc&amp;hl=es&amp;fs=1&amp;" /><param name="allowfullscreen" value="true" /><embed type="application/x-shockwave-flash" width="600" height="350" src="http://www.youtube.com/v/wsoMmemo9mc&amp;hl=es&amp;fs=1&amp;" allowscriptaccess="always" allowfullscreen="true"></embed></object></p>
<p style="text-align: justify;">Redactor de novelas policíacas que se publicaban por capítulos en los periódicos locales, el autor suizo tuvo su encumbramiento literario y mediático en los años sesenta. Intentando romper los tópicos y prototipos del género policíaco, <em>La promesa</em> es una novela de género diferente. Intenta llevar a la ficción las dificultades y el absurdo de la vida real, las jugarretas que nos hace el azar, y la genialidad que se esconde en comportamientos empecinados y algo obsesivos, representados estos en la figura del comisario Matthäi, hombre solitario, siempre puntilloso en el vestir, impersonal, formal, que domina su oficio como un frío funcionario implacable. No es, sin embargo, este perfecto policía el que se alzará como la voz del relato, sino H. su superior, personaje a través del que se trasluce el cinismo del autor.</p>
<blockquote style="text-align: justify;"><p>“…Pero eso les trae sin cuidado a ustedes los escritores. Nunca intentan vérselas con una realidad que se nos escapa una y otra vez, sino que crean un mundo más manejable. Ese mundo podrá ser perfecto, es posible, pero es una trola. Dejen en paz la perfección si quieren avanzar hacia las cosas mismas, hacia la realidad, como les incumbe a los hombres, en lugar de quedarse sentados, entreteniéndose con inútiles ejercicios de estilo”, arenga H. a un personaje escritor, sosias del propio Dürrenmatt, que encuentra en una conferencia sobre el arte de escribir novelas policíacas.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify;">Rizar el rizo, el (personaje) escritor, del que apenas sabemos nada, es aleccionado por el experimentado jefe policial, a través de la dificultad de la realidad de las investigaciones, todo ello dentro de una narrativa policíaca inusual y agridulce, la que tenemos entre las manos.</p>
<p style="text-align: justify;">Se produce el asesinato de una niña de trenzas rubias y vestido rojo, cometido cuando iba a visitar a su abuela en medio de la exuberante naturaleza cantonal. Es verano y al igual que describe Phillipe Claudel en <em>El informe de Brodeck</em>, “El antinatural calor pesaba sobre los hombres volviéndolos huraños, irritables, impacientes”, puede traer el caos a Estados tan sumamente ordenados como el suizo. La investigación no será fácil, y cuando está a punto de trasladarse a Jordania para reorganizar la policía de allí, el comisario Matthäi hace una singular promesa a los padres de la niña: encontrar al asesino.</p>
<p style="text-align: justify;">Un dibujo con demasiada imaginación, un buhonero que evita a la policía, una gasolinera, otra niña de trenzas rubias como cebo, y mucha paciencia y confianza en la eterna espera harán cambiar radicalmente al funcionario perfecto de la democracia perfecta. Pero, ¿no será este orden perfecto un espejismo?, nos recrimina Dürrenmatt por medio de esta historia que a pesar de su anticonvencional estructura nos mantiene alertas, como la mejor novela policíaca, hasta el mismo final.</p>
<p style="text-align: justify;"><a href="http://www.revistadeletras.net/wp-content/uploads//2009/07/El_Juramento.jpg" rel="lightbox[3089]"><img class="alignright size-full wp-image-3096" title="El_Juramento" src="http://www.revistadeletras.net/wp-content/uploads//2009/07/El_Juramento.jpg" alt="El_Juramento" width="160" height="237" /></a>¿No es, me pregunto yo, una excusa este absurdo relato, un medio por el cual Dürrenmatt nos quiere contar cómo sociedades tan impolutas esconden en sus entrañas elementos humanos podridos hasta el tuétano?. El final es la clave, pero el recorrido de la novela es pura realidad, dogma de la narrativa, sin los trucos de escritor que convierten al detective en moderno Abraham de esperanza y fe. Ser humildes y contar con lo absurdo en nuestros cálculos, eso es la vida, acaba filosofando el viejo H. al acabar de contar la historia al (personaje) escritor. En el libro abunda el detalle sabio, la filosofía de viejo, y mucha información sobre la cultura suiza en notas a pie de página.</p>
<p style="text-align: justify;">Extraordinaria novela que pone en solfa las catacumbas de las limpias, conservadoras y ordenadas sociedades perfectas, proporcionándonos a la vez una razón más por la que seguir reencontrando autores que ya se han ido.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Blanca Vázquez</strong><br />
El gusanillo de los libros<br />
<a href="http://elgusanillo.blogspot.com/">http://elgusanillo.blogspot.com</a></p>
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		<title>Alejandro Hernández</title>
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		<pubDate>Fri, 17 Apr 2009 11:19:50 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Diego Giménez</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Nacido en La Habana en 1970 Alejandro Hernández es escritor y guionista.  A los 18 años  sirvió como soldado en la guerra de Angola, donde escribió para periódicos militares y fue mecánico de la fuerza aérea. En 1996 publicó su primera novela, La Milla , en Cuba y Estados Unidos. Desde el año 2000 reside en España, donde trabaja como guionista...]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<blockquote><p><a href="http://www.revistadeletras.net/wp-content/uploads//2009/04/portugal-2007-077.jpg" rel="lightbox[2308]"><img class="alignright size-medium wp-image-2309" title="portugal-2007-077" src="http://www.revistadeletras.net/wp-content/uploads//2009/04/portugal-2007-077-300x225.jpg" alt="portugal-2007-077" width="300" height="225" /></a>Nacido en La Habana en 1970 Alejandro Hernández es escritor y guionista.  A los 18 años  sirvió como soldado en la guerra de Angola, donde escribió para periódicos militares y fue mecánico de la fuerza aérea. En 1996 publicó su primera novela, La Milla , en Cuba y Estados Unidos. Desde el año 2000 reside en España, donde trabaja como guionista cinematográfico e imparte clases en la Universidad Carlos III.  En 2007 publicó su segunda novela, Algún Demonio. Oro ciego es su tercera novela.</p></blockquote>
<p><strong>¿Cómo y cuando supo que lo suyo era escribir? </strong></p>
<p>No lo sé exactamente. Ganas de contar he tenido toda la vida, y se me daba fácil lo de hacer redacciones en clase. Pero no quería ser escritor porque me parecía un oficio aburrido. Prefería ganarme la vida haciendo  algo más interesante, marino mercante o qué sé yo, y luego escribir de lo que fuera viviendo. Quise ser abogado, historiador,  psicólogo&#8230; y no me dio la nota para nada de eso. Terminé de licenciado en Lengua Inglesa, el día que recogí mi título tenía claro que no tenía paciencia para enseñar inglés en un instituto, así que no tuve más remedio que hacerme escritor.</p>
<p><strong>¿Cómo surgió “Oro ciego”?</strong></p>
<p>Justo cuando acababa de publicar mi primera novela en Cuba (por la que no recuerdo si me pagaron algo) me enteré de un concurso del Instituto de Cine sobre la guerra del 98. Había que enviar un argumento de diez páginas y el premio consistía en ocho mil pesos (unos 320 dólares, el equivalente a 3 años de trabajo de mi madre) y te contrataban como guionista. Como no tenía nada que perder  armé una historia.    Mi intención era contar las peripecias de un ex mambí alejándome de cualquier alegoría patriótica. Narrar algo humano, universal, en el contexto de lo que fue el 98. Por eso se me ocurrió la historia de un soldado que tras la guerra no encuentra nada mejor que hacer que irse a buscar oro a unas cavernas perdidas en un valle. Una especie de fiebre del oro a lo Jack London (con todos los respetos) ubicado en las selvas de Pinar del Río. Tuve la suerte de ganar el concurso y firmar mi primer contrato como guionista. La película nunca se hizo pero  me ayudó a encontrar el oficio que tengo.</p>
<blockquote><p>Por eso decidí que mi protagonista tenía que bajar a ese infierno, para contar cómo fue, más allá de números, de aritmética. Para vivir el día a día de la reconcentración con alguien que tiene cara, que sufre, que te importa.</p></blockquote>
<p><strong>¿Utiliza la “historia” para comprender el presente o es un recurso estilístico que le permite desarrollar una trama?</strong></p>
<p>Utilizo la historia para contar algo que todos sabemos que sucedió, pero desde una perspectiva más personal, la que le aportan los personajes. Mi primer largometraje en España fue un documental titulado “El Juego de Cuba” (dirigido por Manuel Martín Cuenca, que escribió el guión conmigo) los dos quisimos contar la historia de la revolución cubana usando de pretexto el béisbol.  Eran historias de peloteros, pero sobre todo de seres humanos que estuvieron en Bahía de Cochinos, que sufrieron el embargo norteamericano, que un día quisieron jugar en las grandes ligas americanas y el gobierno cubano los acusó de traidores y los mandó a la cárcel. Historias de épica, de desolación. Si algo aprendí de ese documental fue que la historia sólo tiene emoción cuando lleva un componente humano, cuando hay un cuento detrás de la noticia. Un cuento con rostro.</p>
<p>En <em>Oro Ciego</em> hay un capítulo donde el protagonista sufre en carne propia la experiencia de los campos de reconcentración de Valeriano Weyler. Considerados hoy en día los primeros campos de concentración de la historia ( los invito a ver las fotos que hay en Google, parecen de Auschwit), cuando estuve investigando sobre esos campos me sorprendió que casi todo lo publicado se limita a una guerra de cifras, si murieron seiscientos mil o cien mil o qué sé yo pero apenas encontré historias de la gente que pasó por allí. Por eso decidí que mi protagonista tenía que bajar a ese infierno, para contar cómo fue, más allá de números, de aritmética. Para vivir el día a día de la reconcentración con alguien que tiene cara, que sufre, que te importa.</p>
<p><strong><a href="http://www.revistadeletras.net/wp-content/uploads//2009/04/portada4.jpg" rel="lightbox[2308]"><img class="alignright size-medium wp-image-2310" title="portada4" src="http://www.revistadeletras.net/wp-content/uploads//2009/04/portada4-199x300.jpg" alt="portada4" width="199" height="300" /></a>“Oro ciego” se da en un escenario de horror. Desde la muerte inherente a la guerra hasta las atrocidades de la barbarie. Dado que usted participó en la guerra de Angola, ¿En qué medida la experiencia de la guerra nutre su escritura?</strong></p>
<p><strong></strong>Yo viví la guerra de Angola en la última etapa, Sudáfrica ya estaba derrotada y la guerrilla no era tan activa en mi zona. Mi experiencia, más que de guerra, fue la de un soldado de ocupación. En ese sentido, me siento más identificado con los reclutas españoles que con los mambises. Sé lo que es vivir tras los muros de una zona fortificada. Sé lo que es estar noches y noches en vela, metido en una garita pendiente de lo que pueda ocurrir, o pasar un año y medio en un país extraño, hostil, donde no sabes si la gente te odia o te quiere. Sé lo que es la malaria, la mosca verde y el desquicie que generan los antipalúdicos.  ¿En qué medida todo eso nutre mi escritura?  Pues&#8230; imagínate&#8230;</p>
<p><strong>¿Cómo funciona su proceso creativo?</strong></p>
<p>Trabajo en casa, así que me levanto, desayuno, me siento y escribo. No sé nada del síndrome de la página en blanco. Mi proceso es distinto en función de lo que escriba: cine o literatura. Cuando hago guiones le dedico más tiempo a la estructura de la historia. Sólo tengo cien páginas, y hay que pensar en cómo contarlo todo sin salirme del presupuesto. Es un trabajo mucho más técnico. Para mí la literatura es sinónimo de libertad. A veces ni siquiera hago una sinopsis, la trabajo desde mi cabeza. No tengo productor al que rendirle cuentas, no tengo plazos de entrega. Trabajo desde la diez de la mañana hasta las siete o las ocho, con una pausa intermedia de unas tres horas para comer y hacer deporte (fundamental para desconectar del mundo, el tuyo y el de los demás).</p>
<p>Lo que más me apasiona del proceso creativo es la construcción de personajes. A los 18 años descubrí a Sigmund Freud, desde entonces soy un apasionado de la psicología, y creo que todo escritor debería serlo. Ayuda a entender a tus personajes, a hacerlos vulnerables, imperfectos sin dejarte arrastrar por juicios de valor. Un personaje complejo puede hacer grande una historia (el señor Kurtz de “El corazón de las tinieblas”). Esa es la diferencia entre Salgari y Conrad, para mí los dos escribían historias de aventuras, pero Conrad entraba en las tripas de sus personajes, en las zonas más oscuras, y le daba a todo una dimensión que iba más allá de la propia aventura.  Imagina una película sobre Chuck Norris en crisis&#8230; el ranger en un estado de vulnerabilidad absoluta. Nunca la hará, pero sería un peliculón.</p>
<p><strong>¿Cuáles son sus referentes?</strong></p>
<p><strong></strong>Sherezade, Esopo, Julio Verne, Jack London, Alejo Carpentier, Joseph Conrad o mi tío Fortunato, que era técnico avícola y contaba las historias con una tensión sobrecogedora.</p>
<p><strong>¿Qué se encontrará el lector en “Oro ciego”?</strong></p>
<p><strong></strong>La aventura de Alex Pashinantra, un hombre que lo apuesta todo a una promesa de prosperidad que lo lleva a situaciones muy límites.  Una aventura que me hubiera encantado vivir&#8230; y escapar a tiempo para contarla.</p>
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