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	<title>Revista de Letras &#187; John Huston</title>
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	<description>La  Revista de críticas de libros, entrevistas, reportajes, reseñas y noticias sobre el mundo literario</description>
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		<title>Algunas cosas sobre el Sr. Hinson</title>
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		<pubDate>Wed, 17 Nov 2010 21:21:30 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Marc García García</dc:creator>
				<category><![CDATA[Entrevistas]]></category>
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		<description><![CDATA[Marc García conversa con el cantautor Micah P. Hinson, quien acaba de ver publicada en España su primera novela, "No voy a salir de aquí", aprovechando la ocasión para acercanos a su trabajo e influencias.]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">
<p style="text-align: center;"><a href="http://www.revistadeletras.net/wp-content/uploads//2010/11/Micah.P.Hinson.5.jpg" rel="lightbox[14547]"><img class="size-full wp-image-14562 aligncenter" title="Micah.P.Hinson.5" src="http://www.revistadeletras.net/wp-content/uploads//2010/11/Micah.P.Hinson.5.jpg" alt="" width="515" height="200" /></a></p>
<p style="text-align: justify;">(Inicio con inusual<em> captatio malevolentiae</em>).</p>
<p style="text-align: justify;">He  visto dos veces a <strong>Micah P. Hinson</strong> (Abilene, Texas, 1981) en directo y  ninguna de las dos me ha convencido. La primera, hace 2 años, en Sidecar  y en solitario, fue un completo despropósito: selección anticlimática  del repertorio (empezando el bolo con temas inéditos), cuerdas rotas,  acordes fallados, ritmo discontinuo y atropellado, muchos más discursos  de los necesarios&#8230; Micah, acorde con el estilo vieja escuela que  practica, ofrecía 2 pases por la tarde-noche, y en este, el segundo,  apenas tocó 1h 10 min, a sus 27 años; uno salía de allí preguntándose  cómo podía ser que algunos viejos dinosaurios del rock doblasen en  duración e intensidad al que, sin duda, es uno de los músicos más  potentes del momento.</p>
<p style="text-align: justify;">La  segunda, apenas hace unos días, en el Palau, fue mejor, pero aún no  estuvo, para mi gusto, a la gran altura de sus discos, verdaderas  maravillas de belleza y orfebrería musical. Hinson, en lo que, al verlo  por segunda vez, se me antojó como una maniobra deliberada para epatar,  sigue reincidiendo en su torpeza, sus movimientos de Buddy Holly  epiléptico (lo dijo Jordi Bianciotto en <em>El Periódico</em>, ¡pero  juro que yo lo hice antes!), sus paradas para afinar, su insistencia  con pedales y monitores (yo me pregunto ¿a qué ese perfeccionismo sonoro  cuando ni su técnica ni su estilo lo permiten/requieren? Esto no es una  crítica, pero ¿imaginan al Dylan del &#8217;63 trasteando con pedales para  tocar <em>Blowin’ in the wind</em> un semitono más grave? ¿A Cohen buscando sutiles efectos de distorsión para su <em>Suzanne</em>?  Pues eso). En este caso, además, se le sumó la molesta presencia de  Centro-Matic, banda de apoyo con sonido reminiscente del pop dulzón y  estomagante de unos Snow Patrol y que adquirió un protagonismo  inusitado, contribuyendo a romper, otra vez, el ritmo del espectáculo.</p>
<blockquote>
<p style="text-align: justify;"><a href="http://www.revistadeletras.net/wp-content/uploads//2010/11/No-voy-a-salir-de-aquí.jpg" rel="lightbox[14547]"><img class="alignright size-full wp-image-14561" title="No voy a salir de aquí" src="http://www.revistadeletras.net/wp-content/uploads//2010/11/No-voy-a-salir-de-aquí.jpg" alt="" width="146" height="242" /></a>Pero  en fin, no estamos aquí para criticar al pobre Micah, al que por otra parte, y como ya he dicho, considero probablemente el mejor cantautor  actual, un músico de una profundidad emocional, sutileza, belleza,  capacidad lírica y melódica y precisión incomparables y sobrecogedoras.  Estamos aquí, umbralianamente hablando, para hablar de su libro; su  primera novela,<em><strong> No voy a salir de aquí</strong></em>, que  publica, sorprendentemente en primicia mundial, la editorial  barcelonesa Alpha Decay. Quizá no sea tan chocante si consideramos que  Micah P. Hinson es un perfecto desconocido en su país de origen; por no  tener, no tiene ni críticas en <em>AllMusic</em>. Oigan este dato: hay grupos de  mi pueblo que SÍ tienen críticas en <em>AllMusic</em>. Si tus discos no se  reseñan en <em>AllMusic</em> no eres, virtualmente, nadie. Pero, sin embargo, en  España, Micah P. Hinson es, como una vez dijo alguien de Sr. Chinarro,  “un pequeño fenómeno de masas”. Es curioso en un país que no se  caracteriza especialmente por su cultura musical; tan curioso como  merecido, sin duda. Esto es algo por lo que le preguntaré cuando lo  entreviste más adelante. Porque también de eso hemos venido a hablar.</p>
</blockquote>
<p style="text-align: justify;">Vamos por partes: <em>No voy a salir de aquí </em>es una novela que se lee tal y como se escribió: de un tirón. Las influencias <em>beatnik</em> y del realismo sucio son más que evidentes (Bukowski, Fante muy  especialmente&#8230;ese inicio, con un chico aspirante a escritor y que  malvive trabajando en un bar tendido en la cama de la habitación de su  miserable pensión, es “bandinianamente” inconfundible). Me parece ver  algo, en el humor negro, la presencia de la religión y el ambiente  sureño, del John Kennedy Toole de<em> La biblia de Neón</em>;  la relación entre los personajes, que podrían ser una nueva versión no  criminal de Bonnie &amp; Clyde (cuyas cartas también publicó, en una  coincidencia significativa, Alpha Decay), se ha comparado mucho con la  película<em> Buffalo 66 </em>(“<em><strong>ese tipo</strong></em> –Vincent Gallo, supremo hacedor del filme- <strong><em>está jodidamente loco, colega</em></strong>”, me dirá, con una sonrisa en la boca, cuando más tarde le pregunte por ello), aunque a mí también me recuerda a la insuperable<em> Fat city</em> de  John Huston. Poniéndonos estupendos, podríamos llegar incluso a  establecer paralelismos bíblicos: Apple (Manzana en inglés) es la que  tienta a Paul (segundo nombre de Hinson, por cierto), arrastrándolo a la  errancia y a una perdición en la que intervendrá un elemento mediador  muy significativo en este sentido, y que no revelaremos aquí. Pero no  creo que Hinson haya pensado en nada de eso al escribir el texto, aunque  puede habérsele filtrado inconscientemente debido a su infancia en la  ultrareligiosa Texas. La suya es una novela que la propia Ana S. Pareja  (editora de Alpha Decay, a la que he perseguido incansablemente,  abusando de su confianza para lograr esta entrevista, y que a estas  alturas debe oír mi nombre en sus peores pesadillas) define como  “urgente y pura”; la prosa de Hinson es sólida, rápida, hábil, pero si  algo no hay en este libro es una concienzuda planificación formal o una  decisión estética fríamente meditada: sólo la voluntad, casi adolescente  (Hinson escribió el libro con 21 años), de contar una historia  desgarrada, maldita, romántica al fin; algo con tanto encanto como  peligro potencial en esta época posmoderna hiperconsciente, y algo con  lo que el libro gana y pierde a la vez: gana en impulso, en carisma;  pierde en originalidad.</p>
<p style="text-align: justify;">El  pasado atormentado de Hinson, tan atractivo a nivel comercial, ha  llenado páginas y páginas, estableciendo unos paralelismos entre vida y  obra que, si bien en este caso pueden ser más apropiados que en otros,  no dejan de ser decimonónicamente reductivos. Aún a riesgo de  contradecirme y sacar el tema otra vez, será lo primero que le pregunte  cuando Ana me anuncie “Te toca”.</p>
<p style="text-align: justify;">La  entrevista será en la calle, frente a los cines Verdi, al lado del Café  Salambó, donde se celebra la presentación del libro con la presencia,  cómo no, de Rodrigo Fresán (tan brillante escritor como ubicuo  presentador y prologuista, al que no se puede negar, de todos modos, un  estilo personal y atractivo de manejarse en este tipo de situaciones).  Micah quiere fumar; parece que ya no tiene suficiente con el cigarrillo  eléctrico que en el Palau se llevaba constantemente a la boca. Así pues,  nos sentamos en dos bancos, y enciende su cigarro. Hago lo propio con  la grabadora. Vamos.</p>
<blockquote>
<p style="text-align: justify;"><a href="http://www.revistadeletras.net/wp-content/uploads//2010/11/Micah.P.Hinson.1.jpg" rel="lightbox[14547]"><img class="alignright size-full wp-image-14555" title="Micah.P.Hinson.1" src="http://www.revistadeletras.net/wp-content/uploads//2010/11/Micah.P.Hinson.1.jpg" alt="" width="175" height="261" /></a>Bien,  le pregunto, se habla mucho del autobiografismo de tu trabajo; sé que  es muy personal, pero ¿no estás un poco cansado de tanta insistencia?  ¿Cómo te acercas a tu trabajo en relación a tu propia vida y a tu  figura?</p>
<p style="text-align: justify;">Micah, amable, contesta: “<strong><em>Mi  libro no es personal, es sólo un libro. La manera en la que hablo en  mis canciones&#8230; sí, son personales, pero intento hablar de una manera en  la que tú te puedas poner en la canción, una chica pueda ponerse en la  canción; cualquiera. Puede que sean personales, pero también quiero que  sean muy universales. Siento que digo un montón de cosas en mis  canciones que la gente normalmente piensa; o al menos eso espero.  Mierda, si no lo hiciera quizá no sería ligeramente popular.  “Ligeramente”, esa es la palabra clave</em></strong>”, sonríe, autoirónico.</p>
</blockquote>
<p style="text-align: justify;">Empiezan los “<em>shit</em>” y los “<em>fuck</em>”. Yo también sonrío. Esto va a ser divertido.</p>
<p style="text-align: justify;">Voy  al tema de su popularidad aquí, y su falta de ella en los Estados  Unidos, sobre todo cuando su obra conecta tan fuertemente con la  tradición americana. Supongo que no está en tu mano explicarlo, pero  ¿por qué crees que pasa esto?</p>
<p style="text-align: justify;">“<em><strong>A  nadie en América le importo una mierda, tío. Soy como alguien de su  patio trasero. Para ti, para la gente de otras partes del mundo, quizá  parezca un poco diferente&#8230; Pero no, a los americanos no les importa  una mierda lo que hago. De hecho, me siento muy honrado de tener mi  primer libro traducido al español, ya que la mayoría de escritores  americanos, ingleses,&#8230; publican primero en inglés y luego esperan  durante años a que su libro se traduzca, pero, coño, a mí ya me han  traducido, así que no me preocupa realmente. Y además, en América las  editoriales no leen mis libros a causa de mis “ideas políticas” –</strong></em>supuestamente conservadoras, añado<em><strong>-, lo cual es una puta chorrada; nadie sabe realmente cómo coño me siento</strong></em>”.</p>
<p style="text-align: justify;">No  hay que interpretar los exabruptos hinsonianos como gestos de  hostilidad hacia el entrevistador; muy al contrario, su sinceridad y  naturalidad me hacen sentir cómodo. Como intuía, me estoy divirtiendo.  Prosigamos.</p>
<blockquote>
<p style="text-align: justify;"><a href="http://www.revistadeletras.net/wp-content/uploads//2010/11/Micah.P.Hinson.2.jpg" rel="lightbox[14547]"><img class="alignleft size-full wp-image-14556" title="Micah.P.Hinson.2" src="http://www.revistadeletras.net/wp-content/uploads//2010/11/Micah.P.Hinson.2.jpg" alt="" width="159" height="234" /></a>Mientras  le pregunto por sus influencias más allá de las evidentes y reconocidas  de Fante y Bukowski, Hinson fuma con avidez y nerviosismo, hasta que se  ahoga y empieza a toser. “<em><strong>Oh, esto es una mierda</strong></em>”, dice,  con el humo saliendo a golpes de la boca. Mientras me río, intento  señalarle mis ideas entorno a Kennedy Toole, Huston&#8230; desconoce estos  referentes, pero se interesa sinceramente por ellos. Respira al fin y  contesta: “<em><strong>Me  encantan Bukowski y Fante, sí. Crecí estudiando literatura, así que leí  mucho a Charles Dickens, Yeats, Shelley, Byron, Whitman, Hemingway,  Hunter S. Thompson,&#8230;</strong></em>” Con inusual honradez y algo de nerviosismo me confiesa: “<strong><em>Va  a ser extraño entrar ahí y hacer una jodida presentación del libro,  ¿sabes? No sé mucho sobre literatura. Estudié un poco en la escuela  antes de dejarlo, pero aparte de eso&#8230; He leído </em></strong>“<em><strong>Miedo y asco en Las  Vegas</strong></em>”<strong><em> unas 200 veces, </em></strong>“<em><strong>En el camino</strong></em>”<strong><em> unas 90, </em></strong>“<em><strong>El diario del ron</strong></em>”<strong><em> unas  300&#8230; Otras personas habrían leído 300 libros diferentes, pero para mí  todo consiste en estudiar aspectos muy particulares&#8230; Es un poco  extraño, quizá compulsivo, pero es la manera en que lo veo. Veo en el  libro una referencia más directa a Fante que a Bukowski&#8230; si te fijas,  no hay sexo&#8230; Bukowski se pasa un poco a veces, no creo que mi mujer lo  aprobara </em></strong>(los dos nos reímos).<strong><em> Él  tuvo la suerte de encontrar el tipo de mujer que aceptaba sus dosis de  locura. Sin él, de todos modos, no conoceríamos a Fante. Y luego está  Kerouac, y habla de lo que Faulkner hizo por él&#8230; Creo que es algo muy  común en literatura tratar de apoyarte en tus predecesores, porque sin  ellos no sabrías como escribir</em></strong>”.</p>
</blockquote>
<p style="text-align: justify;">Micah me confirma que como escritor cumple el prototipo romántico a la vieja usanza, al que no es ajeno su método de trabajo: “<strong><em>Definitivamente  no pensé en una estructura para el libro. Lo escribí en una máquina de  escribir. En esa época bebía un montón. Trabajaba en un bar desde las  10h de la mañana hasta las 14h del mediodía, y luego solía beber hasta  que cerraban, a las 2 de la madrugada; o me iba a casa, me ponía  realmente enfermo, dormía unas horas y luego de vuelta&#8230; Escribí el  libro en un mes, así que quizá sí haya un cierto sentimiento de  urgencia, no lo sé&#8230; lo escribí en un momento particularmente angustiado  y urgente de mi vida, así que quizá salió así por eso</em></strong>”.</p>
<p style="text-align: justify;">Durante  la pregunta han pasado una chicas disfrazadas de algo (algo felino, no  sé muy bien qué) y se han reído, igual que nosotros; “<strong><em>That’s great</em></strong>” dice Micah. “<em>Yeah</em>”, digo yo.</p>
<blockquote>
<p style="text-align: justify;"><a href="http://www.revistadeletras.net/wp-content/uploads//2010/11/Micah.P.Hinson.4.jpg" rel="lightbox[14547]"><img class="alignright size-full wp-image-14557" title="Micah.P.Hinson.4" src="http://www.revistadeletras.net/wp-content/uploads//2010/11/Micah.P.Hinson.4.jpg" alt="" width="256" height="171" /></a>El  tiempo se va acabando y quiero preguntarle qué opina de la obra de  otros músicos metidos a escritores que parecen tener que ver con su  propio estilo, ya sea musical o literario: Dylan, Cohen, Cave, Everett  (Eels)&#8230; Sé que no quieres ser etiquetado dentro del “rock literario”,  empiezo&#8230;</p>
<p style="text-align: justify;">“<em><strong>Sí, tío, esa palabra, tío, esa&#8230; oh, tío, ¡joder!</strong></em>”, nos reímos los dos. “<strong><em>El  otro día tuve una rueda de prensa, y esperaban que tocase una canción,  luego hiciera una especie de entrevista, luego tocara otra canción,&#8230;  Para mí&#8230; digamos que eres un pintor y que también escribiste una  novela&#8230; ¿le vas a pedir a un pintor que pinte un puto cuadro mientras  habla de su puta novela? No, no lo vas hacer, tío. Eso primero. Y  luego&#8230; se volvieron tan locos conmigo, tan locos&#8230; Sé que estoy aquí  para la gente, quiero estarlo, pero no soy un mono&#8230; no tengo una ranura  por la que puedes meter euros y hacer que cante, y toque </em></strong>(tararea, irónico)<strong><em>. No puedo hacer eso, quiero que las dos cosas vayan por separado</em></strong>”. Me  voy a reír mucho de esto luego cuando un asistente a la presentación  empiece a preguntar, inocentemente: “¿Te has traído tu guitarr&#8230;”.</p>
</blockquote>
<p style="text-align: justify;">“<strong><em>La única persona que creo que abrazó la música como una forma de escritura fue Woody Guthrie</em></strong>”, sigue (más adelante me contará con genuino entusiasmo como logró, por 5 dólares, una primera edición de <em>Rumbo a la gloria</em>, sus memorias. Le hablo de la película, que desconocía, en la que David Carradine hace de Guthrie. “<strong><em>No creo que sea tan buena</em></strong>”, dice. No lo es, Micah.) “<em><strong>Él  escribió un libro fabuloso con el que creo que si me hubiese  obsesionado tanto como con </strong></em>“<em><strong>En el camino</strong></em>”<em><strong> me hubiese hecho mucho más  bien. Habla sobre los </strong><strong>oakies</strong></em> (lugareños de Oklahoma), <strong><em>el  Dust Bowl,&#8230; ahí es donde yo y mi familia crecimos. No crecimos en  Nueva Inglaterra, no teníamos esa idea de ir tras el sueño  americano&#8230; Esa no era nuestra forma de pensar</em></strong>”.</p>
<blockquote>
<p style="text-align: justify;"><a href="http://www.revistadeletras.net/wp-content/uploads//2010/11/Micah.P.Hinson.3.jpg" rel="lightbox[14547]"><img class="alignleft size-full wp-image-14560" title="Micah.P.Hinson.3" src="http://www.revistadeletras.net/wp-content/uploads//2010/11/Micah.P.Hinson.3.jpg" alt="" width="175" height="261" /></a>Ana  ya se ha acercado a decirnos que el tiempo se acaba pero aún quiero  colar una última pregunta sobre el libro que he leído que prepara, y al  que quiere titular <em>La  Gran Novela Americana</em>: “<strong><em>Escribí este libro hace 8 años, he escrito 3  desde entonces y ahora trabajo en esto. No te voy a contar de qué va,  pero claramente el concepto de un título así es paródico, muy irónico,  porque creo que nadie hace eso ahora. Tiempo atrás tenías a Hemingway  matando putos alces en el bosque y esperando lograr </em></strong><strong><em>&#8220;La Gran Novela  Americana</em></strong>”<strong><em>, pero ahora tenemos a niños fumando puta metanfetamina, que ni  siquiera acaban el instituto, y no buscan &#8220;La</em><em> </em></strong><strong><em>Gran Novela Americana</em></strong>”<strong><em>, así  que alguien debe hacerlo&#8230; De toda la gente con la que crecí sólo  quedamos dos vivos. Todo el resto están muertos o en la cárcel (supongo  que en realidad no es así, pero espiritualmente lo están). Creo que  siento que esa pequeña generación con la  que crecí y a la que nadie será  capaz de entender&#8230; creo que debo explicar cómo se siente uno al estar  en Texas, como piensa alguna gente y la locura que hay allí, con la  religión, el alcoholismo y un montón de cosas más&#8230;</em></strong>”.</p>
</blockquote>
<p style="text-align: justify;">Se acabó el tiempo. Micah confiesa otra vez su nerviosismo al enfrentarse a la presentación y a Fresán (<strong><em>&#8220;That writer scares the shit out of me</em></strong>” – Ese  escritor me tiene cagado -, dice). Tanto Ana como yo lo tranquilizamos,  diciéndole que Fresán es admirador suyo, y que todo el mundo que ha  venido a la presentación lo ha hecho porque aprecia su trabajo. Antes de  irme (“<strong><em>Ha sido un placer</em></strong>”, me  dice, mientras me da la mano) le digo cuánto aprecio la oportunidad de  ver su carrera a tiempo, en su mejor momento; para mí es casi como haber  visto a Dylan en los 60, le digo. “<strong><em>¡Oh,  gracias! Ver a Dylan ahora sigue siendo mágico, pero a mí también me  gustaría haber estado en ese aeropuerto, con los periodistas&#8230;</em></strong>”. Junto  a su mujer, Ashley, (fiel, incansable escudera) comentamos el momento  en el que, en el concierto del Palau, le llamaron “¡Judas!” cuando se  colgó exactamente la misma guitarra que Dylan en su transición  eléctrica. No lo oyó, y le resulta muy divertido: “<strong><em>Si lo hubiera oído, hubiera gritado: </em>«</strong><strong><em>¡No te creo! ¡Eres un mentiroso!</em>»</strong>”. Nos reímos todos por última vez y nos despedimos.</p>
<p style="text-align: justify;">Ha  sido divertido, ha estado bien. No me ha dicho nada que en gran parte  no supiera ya, ni me ha dado grandes claves para entender mejor el  libro: de hecho, ya se entiende por sí mismo. Pero ha sido divertido, y  me ha dado la sensación de ver a un Micah más genuino que el del Palau;  algo de lo que ahí no me creí, de lo que me chirrió, me cuadra aquí. Más  tarde, en la presentación, a media pregunta, Micah se interrumpe y no  entiendo porqué; está explicando que su abuelo no quería dejarle en  herencia la máquina de escribir porque pensaba que la empeñaría o  perdería, y que cuando hubo muerto, su abuela se la dio. Finalmente se  hace evidente que está llorando. Al principio no sé si creérmelo. Pero  ya de entrada dudo. Es mucho.</p>
<p style="text-align: justify;"><em>Flashback</em>: Estoy  de nuevo en el Palau, y Micah está despidiéndose por segunda vez. Pero  antes de irse, se centra al fin y entrega una versión, espectacular en  su desnudez e intimismo, de <em>Don’t you</em>, que deja callada a toda la  sala, empezando por este vulgar plumillas. Y uno ve que Micah quizá sea  torpe, molesto a ratos; que quizá no sea el mejor <em>performer</em> del  mundo; que, a la luz de lo leído, no es, sin duda, el mejor escritor  del mundo (aunque podría ser mucho peor); pero tiene genio. Y eso, otra  vez, es mucho.</p>
<p style="text-align: justify;">(Final cursi y facilón):</p>
<p style="text-align: center;"><em>Don’t you<br />
Forget about me<br />
Forget about me<br />
Forget about me</em></p>
<p style="text-align: center;">Canta Micah, sólo con su acústica.<em> </em></p>
<p style="text-align: center;"><em>I won’t, Micah. We won’t.</em></p>
<p style="text-align: justify;">(Discúlpenme por esto, amigos: no me pude resistir.)</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Marc García García</strong></p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Fotos: </strong><strong>Ferran Martínez Rubio</strong></p>
<p style="text-align: justify;">
<p><object classid="clsid:d27cdb6e-ae6d-11cf-96b8-444553540000" width="654" height="395" codebase="http://download.macromedia.com/pub/shockwave/cabs/flash/swflash.cab#version=6,0,40,0"><param name="allowFullScreen" value="true" /><param name="allowscriptaccess" value="always" /><param name="src" value="http://www.youtube.com/v/oBM2wGiJv2Q?fs=1&amp;hl=es_ES" /><param name="allowfullscreen" value="true" /><embed type="application/x-shockwave-flash" width="654" height="395" src="http://www.youtube.com/v/oBM2wGiJv2Q?fs=1&amp;hl=es_ES" allowscriptaccess="always" allowfullscreen="true"></embed></object></p>
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		<title>Un ensayo diferente, original y cercano: &#8220;Leviatán o la ballena&#8221;, de Philip Hoare</title>
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		<comments>http://www.revistadeletras.net/un-ensayo-diferente-original-y-cercano-leviatan-o-la-ballena-de-philip-hoare/#comments</comments>
		<pubDate>Sun, 03 Oct 2010 14:49:57 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jordi Corominas i Julián</dc:creator>
				<category><![CDATA[Reseñas]]></category>
		<category><![CDATA[Arthur Gordon Pym]]></category>
		<category><![CDATA[Ático de los Libros]]></category>
		<category><![CDATA[Bartleby el escribiente]]></category>
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		<category><![CDATA[Joseph Mallord William Turner]]></category>
		<category><![CDATA[Leviatán o la ballena]]></category>
		<category><![CDATA[Moby Dick]]></category>
		<category><![CDATA[Philip Hoare]]></category>

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		<description><![CDATA[En mi infancia las ballenas eran animales simpáticos que asociaba con sonrisas, agua y plástico, quizá por los patitos de goma de la bañera, donde me sumergía con la esperanza de encontrar algas y bichos raros...]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">
<blockquote style="text-align: justify;">
<p style="text-align: center;"><em><strong><a href="http://www.revistadeletras.net/wp-content/uploads//2010/10/LeviatanFrontal.jpg" rel="lightbox[13572]"><img class="alignright size-medium wp-image-13573" title="LeviatanFrontal" src="http://www.revistadeletras.net/wp-content/uploads//2010/10/LeviatanFrontal-188x300.jpg" alt="" width="146" height="233" /></a>Leviatán o la ballena</strong></em>. Philip Hoare<br />
Traducción de Joan Eloi Roca<br />
Ático de los Libros (Barcelona, 2010)</p>
</blockquote>
<p style="text-align: justify;">
<p style="text-align: justify;"><strong>“<em>Para escribir un gran libro, debes elegir un gran tema</em>”.<br />
(<em>La ballena fósil, Moby Dick</em>).</strong></p>
<p style="text-align: justify;">En mi infancia las ballenas eran animales simpáticos que asociaba con sonrisas, agua y plástico, quizá por los patitos de goma de la bañera, donde me sumergía con la esperanza de encontrar algas y bichos raros. Una noche, cuando ya tenía ocho o nueve años, emitieron por televisión <em>Moby Dick</em>, la inestimable adaptación cinematográfica que John Huston hizo de la novela de Herman Melville. Supongo que me sacudió, porque de otro modo, no recordaría con tanta nitidez la mirada de Gregory Peck en el rol de Ahab, capitán obstinado en su meta titánica, el blanco cetáceo, Leviatán invencible, burla a la persistencia del empecinamiento humano contra lo imposible. Ése estímulo para la imaginación permaneció y volvió a cruzarse en mi camino durante una visita a las catacumbas de Santa Priscila en Roma. Jonás y la ballena, tres días en el inmenso vientre del monstruo, oración y vómito. Es posible que mi trilogía de recuerdos sea el estereotipo común que todo individuo tiene de este asombroso mamífero que se siente como pez en el agua. En el caso de <strong>Philip Hoare</strong> los tópicos requirieron más concreción. Una maqueta gigante le sedujo, y desde ese instante las ballenas fueron su pasión, descubriendo sin mucha dificultad que el mito estaba en las profundidades del conocimiento, por lo que decidió subsanar tal error penetrando en el fascinante mar de estas misteriosas criaturas para escribir su historia, una biografía en la que desgraciadamente las peores virtudes de nuestra especie cobran especial protagonismo.</p>
<blockquote style="text-align: justify;"><p><em><strong>Leviatán o la ballena</strong></em>, editado excepcionalmente por Ático de los Libros, es una obra total. Partiendo de la premisa de la ignorancia surca fronteras otrora desconocidas y logra que cualquier lector se interese por un tema que, en principio, puede considerarse anómalo, fuera del alcance del gran público, que corre el peligro de caer en una trampa de seducción basada en un estilo cercano al que se le han atribuido las propiedades de la no ficción, y no es cierto del todo, pues si bien el autor narra muchas experiencias propias y ha visitado los lugares clave para entender mejor los datos y acontecimientos que pueblan su texto, la verdad es que el mismo debe considerarse como un ensayo especial que goza de cercanía por la implicación del escritor británico, quien así confiere a su material un tono alejado de lo enciclopédico pese a la infinita información que aporta con abundantes imágenes, punto de apoyo que genera empatía y facilita la comprensión del relato. Otro factor a tener en cuenta es la estructura del manuscrito, dividido en dos partes separadas por la inmensidad del Océano. El primer tramo introduce cuestiones básicas para adentrarse con suma elegancia en Estados Unidos retrocediendo en la cronología hasta el siglo XIX, como si de este modo su búsqueda tuviera un pistoletazo de salida virgen hermanando el camino de Melville hacia Moby Dick con el de Hoare y su proeza de disipar cualquier duda sobre los cetáceos. El escritor de Nueva York nutrió a su celebrado monumento de un realismo que sólo pudo salir de un contacto directo con un microcosmos ubicado en las tierras de los padres fundadores, la Nueva Inglaterra de costas repletas de oportunidades para generar fortuna. Los balleneros estaban hechos de una pasta especial que se correspondía en las calles de ciudades como New Redford o la mítica isla de Nantucket, con forma similar a la víctima favorita de sus habitantes, inagotable fuente de dólares mediante el esfuerzo en embarcaciones que, si volvían al hogar, descargaban barriles y más barriles de oro aniquilado a base de arponazos. Melville se enroló en varias expediciones y así recorrió mundo en compañía de tipos duros que se enfrentaban a una leyenda para acumular aceite, semen y barbas, hombres de toda condición y color unidos, antes de la abolición de la esclavitud, en un esfuerzo heroico que el romanticismo ha encumbrado, idealizándolo sin contar las verdaderas repercusiones que el negoció tenía a nivel económico. Ese petróleo, válido para iluminar y hasta para la estética de las señoras, atrajo a muchos de los nombres más ilustres de la primitiva literatura norteamericana, y así comprobamos como la fuerza de Hawthorne pudo ser un catalizador para transformar Moby Dick de invento comercial a cumbre literaria mientras nos sorprendems con los comentarios de Thoreau sobre los cetáceos o su papel en el <em>Arthur Gordon Pym</em> de Edgar Allan Poe. No obstante, lo inteligente del armazón de esta parte de <em>Leviatán</em> es que su autor presenta las dudas que atenazaban al genio de <em>Bartleby, el escribiente</em> para, de este modo, avanzar en la disección del fenómeno y enterrar falacias que pervivieron demasiado en el inconsciente colectivo.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify;"><strong><a href="http://www.revistadeletras.net/wp-content/uploads//2010/10/ballena-1024x648.jpg" rel="lightbox[13572]"><img class="alignright size-medium wp-image-13574" title="ballena-1024x648" src="http://www.revistadeletras.net/wp-content/uploads//2010/10/ballena-1024x648-300x189.jpg" alt="" width="300" height="189" /></a>Del espíritu aventurero al sentido práctico de un exterminio: usos y costumbres de la Pérfida Albión.</strong></p>
<p style="text-align: justify;">“<em>Un décimo de las rentas ordinarias del rey es el derecho de los peces reales, que son la ballena y el esturión, los cuales, cuando son arrojados a tierra o apresados cerca de la costa, pertenecen al Rey</em>”.<br />
(<em>Blackstone</em>, Extractos de un sub-sub-bibliotecario).</p>
<p style="text-align: justify;">Los hijos de los padres peregrinos tomaron la delantera a sus primos ingleses durante siglos en el asunto que nos concierne. Se prefiguraba el futuro orden mundial y el afán pionero superaba a la corona británica por mucho que sus monarcas se ungieran en su coronación con aceite de la bestia. La relación de Gran Bretaña con las ballenas oscila entre la plena comprensión de sus beneficios, el don de la taxonomía científica, la flema de las islas y una desmedida orgía exterminadora. Una máquina necesita combustible para funcionar, y las múltiples propiedades de los cetáceos eran una tentación merecedora de un salvaje despliegue. Miles de barcos navegaron el Planeta con la consigna de clavar el arpón y traer un buen botín. Las anécdotas son importantes porque resumen nuestra crónica estupidez. Los museos se adornan con esqueletos gigantes que fueron disminuyendo de tamaño a medida que progresaba el exterminio de un mamífero que se exhibía en condiciones grotescas para disfrute del público y los nobles con ínfulas que decoraban salones de la campiña con huesos del animal, inofensivo pero maltratado, singular y ninguneado pese a su imán de amor. Muchos capitanes languidecieron al retirarse, y su actitud, además de expresar una nostalgia que no deja de tener ciertas dosis de repugnancia, demuestra el vicio de la muerte alentada con adrenalina que siempre creció más y más. Artistas como Turner plasmaban en sus lienzos la hermosura de la ballena mientras otros incrementaban incesantemente el ritmo de las ejecuciones porque así lo exigía  el engranaje del capitalismo. Ello sirve a Philip Hoare para mover ficha hacia el siglo XX y aturdirnos con la organizada corporación del genocidio ballenero en cada uno de los mares, tragedia reconducida en parte a través de los movimientos ecologistas en su tarea de concienciar a la Humanidad del tremendo error que supone acabar con una diosa mucho más parecida a nosotros en sus comportamientos de lo solemos pensar. La situación actual permite un mínimo respiro hacia la esperanza de una tolerancia, odioso vocablo, que propicie una coexistencia pacífica, lo que sería normal si consideramos que la ballena es más antigua, tiene un espacio propio que devora a la velocidad del rayo y adora su anonimato con el estómago lleno de calamares. Puede resultar gracioso contemplar a una orca, y retornamos a la pubertad con la querida Ulises del zoo de Barcelona, realizando piruetas, pero ésa también es una tortura que coarta libertades e invade preciadas intimidades. A nadie le gusta ir paseando y que le peguen un mamporro letal. Lo mejor sería hacer como Hoare y nadar con ellas, abrazándolas sin palpar entre las dos mitades que centran el libro. Las Azores y su fuerte aroma literario concluyen el texto con un canto a la armonía, colofón con matices poéticos para fundirse con la ballena, que de poder leer seguro se reiría gustosa con el sinfín de efemérides recogidas que he obviado a lo largo de la reseña porque creo justo que <em>Leviatán</em> sea un perfecto surtidor para todos aquellos lectores que aman el perfume sin saber que en su esencia hay mierda cetácea.</p>
<p><strong>Jordi Corominas i Julián</strong><br />
<a href="http://corominasijulian.blogspot.com/">http://corominasijulian.blogspot.com</a></p>
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		<title>Entrevista a F. G. Haghenbeck</title>
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		<pubDate>Wed, 29 Jul 2009 07:45:17 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José A. Muñoz</dc:creator>
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		<description><![CDATA[El cine le debe mucho a la novela negra. Y viceversa. F. G. Haghenberg, escritor y editor de cómics, rinde tributo a ambos en una trepidante novela, "Trago amargo"...]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<blockquote style="text-align: justify;"><p><a href="http://www.revistadeletras.net/wp-content/uploads//2009/07/Haghenbeck.jpg" rel="lightbox[3439]"><img class="alignright size-medium wp-image-3444" title="Haghenbeck" src="http://www.revistadeletras.net/wp-content/uploads//2009/07/Haghenbeck-216x300.jpg" alt="Haghenbeck" width="129" height="180" /></a>El cine le debe mucho a la novela negra. Y viceversa. F. G. Haghenbeck, escritor y editor de cómics, rinde tributo a ambos en una trepidante novela, <strong><em>Trago amargo</em></strong>, que le valió el Premio Nacional &#8220;Una Vuelta de Tuerca&#8221; en México, su país de origen. <strong>Roca Editorial</strong> acaba de publicarla en España, lo que ha permitido a Haghenbeck viajar a la península y &#8220;palpar&#8221; el interés que suscita el género en nuestro país. Por supuesto, es uno de los invitados a la Semana Negra que se celebra en Gijón.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify;"><strong><em>Trago amargo</em> es más que una novela negra. ¿Cómo te surgió la idea de mezclar literatura de género con un recetario de cócteles en el que incluyes, además, la banda sonora?</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Deseaba hacer una obra que fuera de múltiples sentidos: que se leyera, se paladeara y escuchara.  Sabía que  es un reto por el medio, pero creo que se aglutinó muy bien. En ella se mezclan mis obsesiones y gustos. Amo la coctelería y su historia, al igual que la música de los sesenta y a Raymond Chandler. Esos fueron los ingredientes.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Dices al final del libro que los personajes reales que aparecen hicieron y dijeron realmente lo que está escrito en él. Conseguir adaptar esos hechos con otros que son ficticios debió ser complicado. ¿La principal fuente fueron las memorias de John Huston, o recurriste también a crónicas de la época?</strong></p>
<p style="text-align: justify;">La medula espinal fueron dos fuentes: el libro <em>Huston</em><em>. The rebeld king</em> y las anécdotas de su biógrafo, William Reed, que era ex-agente del servicio secreto norteamericano. Muchos de los diálogos de los actores fueron saliendo de entrevistas de la época. Deseaba que sus voces fueran reales.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Ese detalle de mezclar hechos reales con ficción recuerda un poco a lo que hizo en cine Carl Reiner con<em> Cliente muerto no paga</em> (Dead Men Don&#8217;t Wear Plaid, 1982</strong>)<strong>, un homenaje al cine negro en el que insertaba fragmentos de películas clásicas en la trama. ¿Podemos considerar tu libro un tributo a ese género?</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Mi libro es un homenaje a Raymond Chandler, el resto es casualidad. No se podía hablar de Hollywood o de un evento tan característico como <em>La noche de la iguana</em> sin los nombres reales. Incluso el detonador del misterio, el que Huston regalara a cada actor pistolas de oro, fue verdad.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>¿Qué resultó más difícil, infiltrar a personajes de Hollywood o crear esos &#8220;diálogos-disparo&#8221; tan propios del género policiaco? (el cinismo y la chispa de algunos &#8220;lances&#8221; es brutal y no es fácil crear frases divertidas que resulten originales y frescas).</strong></p>
<p style="text-align: justify;">La voz de mi personaje, Sunny Pascal, su cinismo y sarcasmo es totalmente mía. Pero frases tan afortunadas como la Ava Gardner que dice “No te dejes engañar. Muy en el fondo sigo siendo una muchacha banal“, es de ella. Incluso el cierre  de “Cuídalos, hay más periodistas que iguanas“ lo dijo John Huston. Lo divertido era encontrar la frase adecuada, descontextualizarla y enlazarla.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>No has dejado al margen el mundo de la ilustración. La rápidez, las<br />
referencias a los <em>cartoons</em> de la Warner, los diálogos y algunos pasajes nos recuerdan que también forma parte de tu mundo (incluso la cubierta tiene un diseño muy propio de Saul Bass). ¿No pensaste en esta historia como posible guión para un cómic?</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Creo que son dos medios totalmente distintos, pero mi labor en las historietas para el mercado norteamericano, así como mis guiones en <em>Superman </em> y<em>Crimson</em>, ayudaron a que se pudieran narrar secuencias muy visuales. Esto ayuda a que el ritmo sea dinámico y atractivo.</p>
<blockquote style="text-align: justify;"><p><strong><a href="http://www.revistadeletras.net/wp-content/uploads//2009/07/La-noche-de-la-iguana.jpg" rel="lightbox[3439]"><img class="alignleft size-medium wp-image-3446" title="La noche de la iguana" src="http://www.revistadeletras.net/wp-content/uploads//2009/07/La-noche-de-la-iguana-205x300.jpg" alt="La noche de la iguana" width="152" height="224" /></a>Utilizar el rodaje de <em>La noche de la iguana</em> para ambientar la novela, te permite recrear el México de la época. ¿Ha cambiado mucho desde entonces, has podido inspirarte a través del México actual?</strong></p>
<p>Es totalmente otro México, así como otro mundo. Mi decisión de ubicarla en el &#8217;64, casi &#8217;65, es un motivo especial: es  el fin del sueño americano. La llegada de Vietnam, los Beatles y el hombre a la luna, terminó una época donde los blancos y negros eran más fáciles de distinguir. Hoy, todo es gris.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify;"><strong>La historia de los cócteles merece (de hecho ya los hay) un libro aparte. Leyendo tus referencias encontramos tanta mitología que, a veces, resulta un poco difícil concretar la manera en que nacieron determinados combinados. ¿Cuál ha sido tu trabajo de campo?</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Es mi hobby buscar el origen de los cócteles, pues es parte fundamental de la mitología de la mixiología. Siempre he pensado que la novela clásica negra americana va de la mano de la coctelería. Son paralelos en su historia. No existe  mayor referencia al policiaco que una bella dama en un vestido rojo bebiendo martini. Uno sabe que ahí va a ver problemas.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Reivindicas la calidad de la coctelería mexicana. ¿Nos recomiendas algún local en especial dónde degustar estos tragos?</strong></p>
<p style="text-align: justify;">No hay duda que el mejor lugar en México es el <em>San Ángel Inn</em>, en la ciudad. Se trata de una vieja hacienda convertida en restaurante, a un paso de la casa de Diego Rivera y Frida Kahlo. La <em>margarita</em> que sirven ahí es de morirse.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Raymond Chadler y Paco Ignacio Taibo II fueron tus primeras lecturas del género. ¿Con <em>Trago amargo</em> les devuelves el favor por las horas felices que pasaste con sus novelas?</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Es imposible devolverles la felicidad que me han dado. Descubrí un nuevo mundo con sus lecturas en una época donde estaba buscando mi lugar en el mundo. Es un homenaje, es una manera de seguir escribiendo el tipo de novelas que yo amo, que apreció y que puedo leer una y otra vez.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>¿Volveremos a encontrarnos con Sunny Pascal en el futuro?</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Sunny estará mucho tiempo con nosotros. Inmediatamente aparece en un cuento en la colección <em>México Noir</em> editada por Paco Ignacio Taibo II. Pero su segunda aventura en novela esta casi lista, en pleno festival de Acapulco, con Johnny Weissmuller, Elvis Presley, Ann Margret y Frank Sinatra. Para luego, tener que volar a España en una tercera entrega, en la filmación de<em> Por un puñado de dólares</em> en Almería, donde tendrá que lidiar con la policía franquista y el genio colérico de Sergio Leone.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Josep A. Muñoz</strong><br />
<a href="http://webdelibros.blogspot.com">www.webdelibros.blogspot.com</a></p>
<blockquote style="text-align: justify;"><p><a href="http://www.revistadeletras.net/wp-content/uploads//2009/07/Trago-Amargo.jpg" rel="lightbox[3439]"><img class="alignleft size-medium wp-image-3447" title="Trago Amargo" src="http://www.revistadeletras.net/wp-content/uploads//2009/07/Trago-Amargo-197x300.jpg" alt="Trago Amargo" width="137" height="208" /></a>De sobras son conocidas las aventuras de John Huston en sus rodajes y lo que para él representaba disfrutar fuera del <em>set</em>. Obras maestras como <em>La reina de África</em>,<em> La jungla del asfalto</em>, <em>El hombre que pudo reinar</em>, <em>Vidas rebeldes </em>o <em>Dublineses</em> (su última cinta, que rodó casi en fase terminal), son tan famosas por lo que sucedió en sus rodajes como por ellas mismas.</p>
<p>F. G. Haghenbeck nos ofrece una novela en la que el detective Sunny Pascal es contratado para &#8220;controlar&#8221; al equipo que se encuentra en Puerto Vallarta (México) para rodar <em>La noche de la iguana</em>. Las cosas no pintan bien, teniendo en cuenta los conflictos que arrastran las estrellas contratadas (Ava Gardner, Sue Lyon, Deborah Kerr y Richard Burton no son ningunos angelitos). Sin olvidar que Huston, siendo previsor, decide regalarles a cada uno de ellos una pistola de oro con balas de plata para que, llegado el caso y si es necesario, se maten entre sí. Para completar el explosivo <em>cocktail</em>, el alcohol ofrecido en excitantes mezclas actuará de onda expansiva salpicando a todos los personajes en un juego repleto de guiños a los aficionados.</p></blockquote>
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