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	<title>Revista de Letras &#187; Jonathan Franzen</title>
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	<description>La  Revista de críticas de libros, entrevistas, reportajes, reseñas y noticias sobre el mundo literario</description>
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		<title>Derrida en Estados Unidos I: Una aproximación</title>
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		<pubDate>Tue, 21 Jul 2009 08:52:34 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Diego Giménez</dc:creator>
				<category><![CDATA[Reportajes]]></category>
		<category><![CDATA[El hombre del traje gris]]></category>
		<category><![CDATA[Gregory Peck]]></category>
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			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">La filósofa argentina Nelly Schnaith dice que toda apertura nos compromete. Encontrar la forma de comenzar o articular un discurso es complicado y me voy a arriesgar citando a un autor aparentemente alejado de la figura de Derrida que es quien realmente me convoca para el presente trabajo. A Jonathan Franzen, ganador del National Book Award en 2001 por <em>The Corrections</em> se le debe, entre otras cosas, el haber redescubierto a mi generación a Sloan Wilson. Tal es así que no hace muchas semanas Libros del Asteroide a reeditado <em>El hombre del traje gris</em>, obra autobiográfica en la que Wilson narra las dificultades de un excombatiente de la segunda Guerra Mundial al volver al bienestar de los Estados Unidos en la década de los cincuenta.</p>
<blockquote style="text-align: justify;"><p><a href="http://www.revistadeletras.net/wp-content/uploads//2009/07/El-hombre-del-traje-gris.jpg" rel="lightbox[3670]"><img class="alignright size-medium wp-image-3671" title="El hombre del traje gris" src="http://www.revistadeletras.net/wp-content/uploads//2009/07/El-hombre-del-traje-gris-200x300.jpg" alt="El hombre del traje gris" width="142" height="214" /></a>La obra fue llevada al cine en 1956 por Nunnally Joh</p>
<p>nson y protagonizada por Jennifer Jones y Gregory Peck. ¿Por qué saco a colación la siguiente obra? Porque Franzen en el prólogo a la misma dice que:</p>
<p><em>es un libro sobre los años cincuenta. Podemos leer la primera mitad de la novela para divertirnos, y la segunda, para vislumbrar la década que se avecina, la de los sesenta. Fueron los años cincuenta, al fin y al cabo, los que les dieron a los sesenta su idealismo. Y su rabia.</em></p></blockquote>
<p style="text-align: justify;">¿Qué puede tener esto que ver con Derrida? La problemática periodización de los sesenta nos sirvió como marco en el que intentar establecer los límites teóricos de una época en que se puso en cuestión, por primera vez de manera sistemática, la definición y las fronteras de “Occidente”. Situamos aproximadamente los sesenta en Estados Unidos entre la lucha de los derechos civiles hasta la retirada de las tropas estadounidenses de Vietnam. Estudiamos así una escena pública en la que se daban unas intersecciones culturales, discursivas, generacionales y transnacionales en el ámbito estético, político y filosófico. Por lo que, retomando el inicio de la introducción, uno de los aspectos estudiados fue el cuestionamiento generacional de los sesenta por los crímenes, de hecho u omisión, cometidos en los cuarenta y cincuenta. En este sentido, la figura de Jacques Derrida aparece en la Francia de la descolonización y se manifiesta en un sentimiento de culpa por los pecados de Argelia. Al igual que Bourdieu y muchos otros, Derrida denuncia el eurocentrismo occidental del que nace su radical antihumanismo al señalar su logocentrismo.</p>
<blockquote style="text-align: justify;"><p><a href="http://www.revistadeletras.net/wp-content/uploads//2009/07/Derrida.jpg" rel="lightbox[3670]"><img class="alignleft size-medium wp-image-3673" title="Derrida" src="http://www.revistadeletras.net/wp-content/uploads//2009/07/Derrida-208x300.jpg" alt="Derrida" width="159" height="230" /></a>Asimismo, vimos como la figura del intelectual parecía definirse por una especie de estado volátil, sin profesión pero ocupando un espacio público, con unas determinadas funciones intelectuales pero no del todo definitorias, entre las que se encontraban el reformismo, la revolución o la guía. En cualquier caso hablamos de una figura tan irritante como necesaria en el mismo sentido que el tábano de Atenas lo fue para la Grecia de Platón. Cómo o dónde situar la figura de Derrida en tanto que intelectual en los Estados Unidos en los sesenta es el objetivo de la siguiente aproximación…</p></blockquote>
<p style="text-align: justify;"><strong>Diego Giménez</strong><br />
<a href="http://entrefragmentos.wordpress.com/">www.entrefragmentos.wordpress.com</a></p>
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		<title>El hombre del traje gris</title>
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		<pubDate>Sun, 07 Jun 2009 16:44:44 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Diego Giménez</dc:creator>
				<category><![CDATA[Críticas]]></category>
		<category><![CDATA[DeLillo]]></category>
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		<description><![CDATA[En una carta que le escribe DeLillo a Jonathan Franzen le comenta que “si la lectura seria disminuye casi hasta la inexistencia, posiblemente significará que la cosa de que estamos hablando cuando hablamos de “identidad” ha llegado a su fin”. Franzen nos dice que no puede dejar de leer estas líneas sin dejar de sentir una ráfaga de esperanza...]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><em><strong><a href="http://www.revistadeletras.net/wp-content/uploads//2009/06/978849266301.gif" rel="lightbox[2692]"><img class="alignright size-medium wp-image-2693" title="978849266301" src="http://www.revistadeletras.net/wp-content/uploads//2009/06/978849266301-192x300.gif" alt="978849266301" width="192" height="300" /></a>El hombre del traje gris</strong></em><br />
Sloan Wilson<br />
Libros del Asteroide<br />
Prólogo de Jonathan Franzen<br />
Traducción de Baldomero Porta</p>
<p>En una carta que le escribe DeLillo a Jonathan Franzen le comenta que <em>“si la lectura seria disminuye casi hasta la inexistencia, posiblemente significará que la cosa de que estamos hablando cuando hablamos de “identidad” ha llegado a su fin”</em>. Franzen nos dice que no puede dejar de leer estas líneas sin dejar de sentir una ráfaga de esperanza. Seguramente es la misma que siente al exponer en el prólogo a <em>El hombre del traje gris</em> que quien lo lea y <em>“crea en el amor y la lealtad y la verdad y la justicia, terminará la lectura con lágrimas en los ojos”</em>. Es al propio Franzen que se le debe el redescubrimiento en EE..UU del clásico de Sloan Wilson que es un claro retrato de la identidad norteamericana de los cincuenta.</p>
<div id="attachment_2696" class="wp-caption alignright" style="width: 244px"><a href="http://www.revistadeletras.net/wp-content/uploads//2009/06/100.jpg" rel="lightbox[2692]"><img class="size-medium wp-image-2696" title="100" src="http://www.revistadeletras.net/wp-content/uploads//2009/06/100-234x300.jpg" alt="Sloan Wilson" width="234" height="300" /></a><p class="wp-caption-text">Sloan Wilson</p></div>
<p>Narrada en tercer persona, <em>El hombre del traje gris</em>, relata la vida de Tom Rath, un veterano de la segunda guerra mundial que de vuelta en América lleva una vida aburguesada. Casado y con tres hijos la escisión que produjo la guerra lo ha dejado completamente fuera de juego y no es capaz de encontrar sentido a su vida. Comienza a trabajar para un magnate de la comunicación donde  poco a poco se enfrentará a su pasado al encontrarse con un compañero de guerra. A partir de entonces aflora todo el drama de la guerra y una relación sentimental que mantuvo mientras estuvo destinado en Italia.</p>
<p>Como comenta Franzen en el prólogo, la novela presenta dos momentos bien definidos. Una primera parte con un ritmo trepidante en el que se expone la miseria de la vida aburguesada de los Rath, atrapada por los deseos de bienestar, las hipotecas, una herencia familiar y la crisis de sentido, todo sazonado con los secretos de guerra que poco a poco vamos descubriendo. La segunda parte no tiene el mismo ritmo que la primera. El protagonismo recae sobre Betsy Rath, la esposa que obliga a Tom a sincerarse con todo el mundo, pero sobretodo con él mismo. Es entonces cuando se llega al desenlace de la novela que no voy a desvelar pero que se inscribe a la perfección dentro de lo que es el alegato <em>al amor, la lealtad y la verdad</em> a los que se apuntaba al principio. En definitiva, una<em> lectura seria</em>, creadora de <em>identidad.</em></p>
<p><object width="600" height="344" data="http://www.youtube.com/v/DD2_sVbg0-0&amp;hl=es&amp;fs=1&amp;" type="application/x-shockwave-flash"><param name="allowFullScreen" value="true" /><param name="allowscriptaccess" value="always" /><param name="src" value="http://www.youtube.com/v/DD2_sVbg0-0&amp;hl=es&amp;fs=1&amp;" /><param name="allowfullscreen" value="true" /></object></p>
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