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	<title>Revista de Letras &#187; Jordi Corominas i Julián</title>
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	<description>La  Revista de críticas de libros, entrevistas, reportajes, reseñas y noticias sobre el mundo literario</description>
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		<title>Una conversación con Ginés S. Cutillas, por Jordi Corominas i Julián</title>
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		<pubDate>Sat, 14 Aug 2010 05:37:47 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jordi Corominas i Julián</dc:creator>
				<category><![CDATA[Destacados]]></category>
		<category><![CDATA[Cuadernos del vigía]]></category>
		<category><![CDATA[Ginés S. Cutillas]]></category>
		<category><![CDATA[Jordi Corominas i Julián]]></category>
		<category><![CDATA[La biblioteca de la vida]]></category>
		<category><![CDATA[Un koala en el armario]]></category>

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		<description><![CDATA[El autor de "Un koala en el armario" se somete a un encuentro con Jordi Corominas para hablar de su obra y del microrrelato, género narrativo cada día más reconocido por los lectores y creadores (no así por la crítica).]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<blockquote style="text-align: justify;"><p>Era un martes de junio y jugaba Argentina. Quedé con <strong>Ginés S. Cutillas</strong> (Valencia, 1973) en un bar donde suelo reunirme con otros escritores para hablar de cualquier cosa ajena a la literatura. Mis pasos se encaminaban hacia esa esquina cuando, de repente, atisbé la barba de Ginés en otro garito. Bebimos un vino, echamos unas risas y, porque somos muy ordenaditos, decidimos ir al punto inicial de encuentro, donde entre cervezas y mil ruidos tuvimos una charla interesante, sobre todo por permitirme, y espero que lo mismo suceda con el lector, conocer mejor un género desdeñado por la crítica convencional, demasiado ocupada en perpetuar sus posturas anacrónicas sin considerar en ningún momento libros como <em><strong>Un koala en el armario</strong> </em>(Cuadernos del vigía, Granada, 2010), colección de microrrelatos de un autor conciso, punzante y con mucho talento en sus letras.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify;"><strong> </strong></p>
<div id="attachment_12778" class="wp-caption alignleft" style="width: 173px"><strong> </strong><strong><a href="http://www.revistadeletras.net/wp-content/uploads//2010/08/1.jpg" rel="lightbox[12776]"><img class="size-full wp-image-12778" title="1" src="http://www.revistadeletras.net/wp-content/uploads//2010/08/1.jpg" alt="" width="163" height="213" /></a></strong><p class="wp-caption-text">Foto © Ginés S. Cutillas</p></div>
<p style="text-align: justify;"><strong>Jordi Corominas i Julián</strong>: Hazme cinco pinceladas de tu persona, vital y literariamente.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Ginés S. Cutillas</strong>: Veamos esas pinceladas. La primera sería que mi obra viene muy marcada por la formación científica que recibí. Eso me hace ver el mundo de otra forma, no desde un punto de vista meramente literario. Siempre busco la lógica a las cosas, lo que me permite también jugar con la parte ilógica y absurda de las mismas. Cuando terminé la ingeniería en informática estaba tan cuadriculado mentalmente que pensé contrarrestarlo estudiando Biblioteconomía y documentación –por aquello de hacer una carrera de letras-, lo que me descubrió un lado más amable de entender la vida y eso se refleja en mis escritos donde intento conjugar el mundo literario con el matemático.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Al fin y al cabo ambas carreras tienen que ver con encajar piezas, ordenar el mundo.</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Efectivamente. Si lees<em> el koala</em> te darás cuenta que, dentro de la ilógica inicial que se plantea en algunos cuentos, todos los personajes actúan de una manera coherente para el escenario que se les plantea, intentan buscar su hueco en el puzzle, una manera de encajar su comportamiento en dicho escenario.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Pero cuando empezaste tu primera carrera supongo que ya tenías el gusanillo lector.</strong></p>
<p style="text-align: justify;">En lo literario recuerdo que con diecisiete años redescubrí a Poe (lo había leído de niño sin saber quién era) e imitaba su estilo en lo que escribía por allá entonces. A punto de entrar en la universidad comencé a escribir una novela malísima que no acabé y me centré más en el relato a lo Poe, con final tajante, situaciones <em>in media res</em> … En realidad me fue muy bien esa influencia.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>¿Y cuál fue el siguiente paso en tu evolución?</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Supongo que la lógica. De Poe salté a Lovecraft, Baudelaire, más tarde los realistas sucios…</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>El lado oscuro.</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Sí, siempre me ha interesado el lado oscuro de las personas, el que se intenta esconder es más interesante que el que se muestra. Aunque descubrir toda la influencia hispanoamericana –con Cortázar y Borges a la cabeza- me abrió las puertas a una literatura menos oscura, más mágica y limpia.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Y se nota esa influencia borgiana en algunos de tus textos.</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Sin duda. El primer libro de relatos que publiqué se titula <em>La biblioteca de la vida</em> y era un claro homenaje a <em>La biblioteca de Babel</em> de Borges.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>¿Y cómo te vas decantando hacia el microrrelato?</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Hasta hace seis años escribía el cuento entendido como clásico. La novela para mi era una prueba de fuego. Ambos géneros tienen técnicas muy distintas, y el relato no desmerece en absoluto a la novela, el cuento no tiene porque ser el paso previo a un texto más largo. Es un género propio que tiene grandísimos escritores que no tienen porque dominar otras disciplinas. He escrito una novela que está pendiente de editor, y su proceso creativo me permitió entender que no es ni mucho menos la evolución del cuento. En el microrrelato puedes jugar más con los elementos literarios. Es un buen terreno como campo de pruebas para saber lo que funciona y lo que no.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Es interesante esa reflexión, porque la experiencia nos va dando la conciencia de la diferencia entre géneros y su independencia, las interconexiones en ocasiones son un tópico.</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Estoy de acuerdo. Los textos te dictan la forma con la que quieren nacer. Cuando tengo una idea ya conozco el género en la que la enmarcaré y por consiguiente las técnicas a utilizar. Si es un chispazo ira bien para un microrrelato, si encierra un mundo propio lo más acertado sería escribir un cuento&#8230;</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>¿Cuál es la evolución que lleva a sintetizar la forma del relato al microrrelato?</strong></p>
<p style="text-align: justify;">No existe tal evolución. Un microrrelato no es un relato comprimido. Hablamos de géneros distintos, con leyes propias y particulares. Los primeros microrrelatos que hoy consideramos como tales, eran pequeños textos de los grandes escritores que olvidaban por los cajones, que ni siquiera sabían muy bien cómo catalogar aquello o en qué formato publicarlo.</p>
<p style="text-align: justify;">En 2004 participaba en una tertulia literaria en Barcelona, en el barrio del Borne y creamos un blog llamado <em>Dorum</em> para reírnos de aquel engendro que fue el Fórum. Nos hacíamos eco de las referencias culturales de la ciudad entre amiguetes. En ese momento, sin darme cuenta, terminé creando mi propio blog y descubrí que lo que mejor funcionaba eran textos que cupieran enteros en la pantalla. Comencé a escribir textos breves sin saber muy bien que lo que realmente estaba escribiendo eran microrrelatos.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Y en 2004 es cuando empezó el boom del microrrelato en Internet.</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Sí, pero nadie lo sabía. En 2004 los blogs aun se llamaban weblogs, había algunos sitios de referencia pero eran casi todos de temas tecnológicos. Seis años en la red es mucho tiempo. Mientras los blogs más populares de aquella época eran diarios de gente anónima contando sus miserias, yo me dedicaba a colgar mis cuentos. El del koala fue el tercer o cuarto cuento que colgué, y no conocía en absoluto las reglas del microrrelato, me guiaba por el <em>feedback</em> que tenían en la red. La primera selección que envié al editor fue una recopilación de los que tuvieron mejor aceptación entre los seguidores del blog. Sólo modifiqué pequeños detalles para ajustarlos al mundo del papel.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Ya sé que la respuesta será negativa, pero ¿ves relación entre los SMS y el microrrelato?</strong></p>
<p style="text-align: justify;">En absoluto. Los SMS sirven para que la gente se comunique mientras que los microrrelatos cuentan algo, una historia. No hay mucha literatura en las pantallas de los móviles, pienso. Aunque ambos medios pretenden comunicar algo con las mínimas y más sencillas palabras posibles, esperando una reacción más o menos controlada por parte del receptor/lector.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Cada palabra se conecta con la otra…</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Sí, cuanto más microrrelatos escribes más reglas descubres. No es lo mismo decir un coche veloz que un bólido. Normalmente un sustantivo fuerte es mucho más poderoso que uno débil con un adjetivo. Es buscar la palabra adecuada en cada momento, encontrar vocablos certeros, en este sentido es un poco como la poesía. Cada palabra que aparece tiene su razón de ser, es la “elegida”. Ninguna está de más ni porque sí. El microrrelato es una perfecta maquinaria de relojería donde todas las palabras conspiran para realizar un cometido común.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Una labor artesanal.</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Sí, porque lo escribes, lo dejas reposar y al cabo de un tiempo ves lo que chirría. El texto debe permitir una lectura fluida porque si hay alguna construcción complicada el lector puede embarrarse, y la clave radica en la primera lectura, que sea instantánea, sin baches en el camino para contar con todo el poder de sorpresa del incauto que lo lea.</p>
<blockquote style="text-align: justify;"><p><strong><a href="http://www.revistadeletras.net/wp-content/uploads//2010/08/portada.jpg" rel="lightbox[12776]"><img class="alignright size-medium wp-image-12779" title="portada" src="http://www.revistadeletras.net/wp-content/uploads//2010/08/portada-206x300.jpg" alt="" width="160" height="232" /></a>Y en el caso de <em>Un koala en el armario</em> la variedad de microrrelatos permite un juego constante que también demuestra la riqueza del género. </strong></p>
<p>La compilación lo permite, sí. En los cincuenta y dos microrrelatos que forman el libro se intenta mostrar todo el abanico de tipología conocida del género. Desde meras imágenes poéticas hasta el clásico de final impactante donde nada es lo que parece, pasando también por los juegos metaliterarios.</p>
<p><strong>Sí, pero además de esa pluralidad en el género también creo que es importante el absurdo y la dimensión del texto.</strong></p>
<p>Efectivamente. Cabe jugar con la dimensión del texto, como el cuento que aparece de tan sólo de seis palabras –casi una greguería-, o jugar con la inclusión del elemento absurdo como catalizador de la historia. Me fascina introducir un elemento absurdo y ver cómo funciona en relación con los demás elementos del relato. Metamos un koala en el armario, un elemento fuera de lugar y ya tienes historia. Con ese movimiento abres muchas posibilidades. ¿Qué pasaría si entrara un koala ahora en este bar?</p></blockquote>
<p style="text-align: justify;"><strong>Las imágenes son fundamentales en el microrrelato, también el expresionismo del lenguaje.</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Hay un cuento en concreto que es eso: una imagen, la de los niños mirando el mar esperando algo. La idea nació en Cabo de Gata, en una cala en la que no había casi adultos. Me inquietó la imagen de una playa llena de niños. La ausencia de la figura adulta en un medio tan peligroso como puede ser el mar era algo terrible. El microrrelato es sin duda un género de imágenes potentes.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>¿Seleccionaste los relatos en función de la unidad temática del fuera de lugar?</strong></p>
<p style="text-align: justify;">No necesariamente. Le presenté a Miguel Ángel Arcas –editor de Cuadernos del Vigía-  cerca de doscientos microrrelatos de los que seleccionó ciento veinte. En la siguiente criba el número se redujo a la mitad siempre buscando los mejores y más representativos. Aún así, con el manuscrito final en las manos, descartamos ocho por motivos de coherencia temática y de estilo.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Y hay varios temas que recorren el libro: La mujer, las puertas, el ascensor…</strong></p>
<p style="text-align: justify;">La figura femenina está omnipresente en la obra, y también la comunicación, fundamental si hablamos de otro tema del libro: la pareja. Siempre me encantó  el título <em>La soledad de las parejas</em>, de Dorothy Parker. Cuando no estás con la persona adecuada tienes la sensación de estar más solo que la una. Las puertas, el ascensor, el espejo, el doble&#8230; Los umbrales del mundo real con uno paralelo también es una constante en el libro.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Y el tema de la pareja es quizá uno de los temas más universales. En el microrrelato <em>Una historia doméstica </em>se entiende bastante bien tu discurso.</strong></p>
<p style="text-align: justify;">La pareja cohabita, pero el hombre y la mujer están en planos distintos –hablo de la pareja tradicional pero es extensible a cualquier tipo de pareja-. No dejamos de ser individuos. Dos personas viven juntas y cuando rompen, se dan cuenta, sobre todo por la distancia física, que no tenían tanto en común como pensaban pese a compartir techo.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Hay personas que piensan que el microrrelato puede dar lugar a múltiples interpretaciones, pero en tu caso creo que eres bastante contundente, expones sin muchos tapujos tus ideas y dejas clara la interpretación del texto.</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Sí, aunque hay varios textos que pueden interpretarse de diferentes maneras –aquí juega un gran papel el estado anímico del lector-, también hay verdaderas declaraciones de principios: la inexistencia de Dios por ejemplo o que el fin del ser humano no es levantarse todos los días para ir a la oficina se afirman de forma tajante. Cualquier libro deja entrever un poco las ideas o angustias del autor, ¿no? Como la del paso del tiempo&#8230; <strong> </strong></p>
<blockquote style="text-align: justify;"><p><strong> </strong></p>
<div id="attachment_12780" class="wp-caption alignleft" style="width: 174px"><strong> </strong><strong><a href="http://www.revistadeletras.net/wp-content/uploads//2010/08/GinesCutillas1.jpg" rel="lightbox[12776]"><img class="size-medium wp-image-12780" title="GinesCutillas1" src="http://www.revistadeletras.net/wp-content/uploads//2010/08/GinesCutillas1-252x300.jpg" alt="" width="164" height="195" /></a></strong><p class="wp-caption-text">Foto © Ginés S. Cutillas</p></div>
<p><strong>El paso del tiempo en tus microrrelatos se ve de manera mínima, en gestos fulminantes, como el tipo que lleva la pistola en el desierto, que por una centésima pierde todo. Hay también una crítica muy fuerte, quizá el tema oculto del libro, a cómo está montado el sistema laboral en nuestra sociedad. </strong></p>
<p>Hay una crítica casi visceral a lo de levantarnos todos los días e ir a trabajar en lo que no nos gusta. Un personaje del libro se suicida todas las noches porque cada mañana tiene que cumplir con la rutina y mostrarse como un individuo ejemplar en la sociedad, que le exige –o lo que es peor: él piensa que le exige- que sea como es. Creo que el ser humano no es del todo consciente de su calidad de mortal.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify;"><strong>Y hasta usas la ironía sobre lo que sería la situación de muchos escritores cuando en uno de los cuentos escribes eso de “Muertas todas las musas  conseguí trabajar en una fábrica”.</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Ya sabes que los escritores tenemos etapas en las que escribimos mucho y otras en la que estamos en blanco. Tuve una de esas épocas donde fluían las ideas y era maravilloso, dormía poco, escribía como un loco pero hubo un momento en que empezó a afectarme físicamente. Ahí surgió la idea del silencio mental deseado en una fábrica.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Y eso irrumpe con fuerza en el cuento donde los libros se suicidan por culpa del televisor.</strong></p>
<p style="text-align: justify;">La televisión simboliza la sociedad y es la enemiga de los libros. El día que el protagonista de ese cuento se sienta y mira a los libros de la estantería se terminan los suicidios. Cuando más lees más preguntas te haces, y cuando más preguntas te planteas más lees. Es un círculo vicioso.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>El escritor siempre está dudando, planteándose cuestiones.</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Sí, y seguramente eso es una forma de felicidad que no se palpa. Dicen que un escritor no puede ser feliz, que un hombre feliz está demasiado ocupado siéndolo. Además cada nueva generación de escritores replantea de otra forma las dudas de la generación anterior.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Y ésta búsqueda quizá tiene que ver con la totalidad, captarla, como en tu cuento <em>La puerta 502</em>, donde el protagonista casi sin querer pretende abrazar esa totalidad que mencionaba.</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Sí, en ese cuento se plantean una serie de vidas y el personaje debe quedarse con una, siendo consciente de que la elegida excluirá a las otras. Es un tópico lo de que el escritor intenta vivir el máximo de vidas posibles por medio de sus personajes. La totalidad, de cualquier modo, el algo inalcanzable.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>¿Y tras esta experiencia quieres cambiar el chip y tomar un nuevo rumbo?</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Sí, quiero reenfocar mis pasos hacia el relato que lo he tenido un poco abandonado. He estado esperando dos años la publicación del libro y no he hecho otra cosa que corregir y ampliar el manuscrito. El microrrelato es un género que requiere mucha dedicación, tanto al escritor a la hora de escribirlo como a los lectores a quienes se les exige un esfuerzo mayor, ya que la elipsis es la reina de este género. Consta de una serie de mecanismos propios que no son exportables a otras disciplinas. Por eso descansaré un poco del micro, dejaré un poco de lado esos mecanismos para volver al relato. Después de centrarme tanto en el microrrelato se adquieren métodos y vicios, como el de corregir de forma enfermiza los textos largos en los que estoy trabajando ahora mismo, de todas formas siempre he dicho que un verdadero escritor nace cuando es capaz de tachar una página entera y tirarla a la papelera sin ningún tipo de remordimiento.</p>
<p><strong>Jordi Corominas i Julián</strong><br />
<a href="http://corominasijulian.blogspot.com/">http://corominasijulian.blogspot.com</a></p>
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		<title>Diálogo con Guillermo Saccomanno</title>
		<link>http://www.revistadeletras.net/dialogo-con-guillermo-saccomanno/</link>
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		<pubDate>Tue, 13 Jul 2010 15:43:04 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jordi Corominas i Julián</dc:creator>
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		<description><![CDATA["El oficinista", novela ganadora del último Premio Biblioteca Breve, es una obra intensa, seca, trepidante y cruda por el panorama que ofrece entre interiores y exteriores, tanto mentales como físicos...]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">Jueves 20 de mayo de 2010. Me levanto de la cama, aturdido. Es una dura semana y la cierro entrevistando a <strong>Guillermo Saccomanno</strong>. Mientras el autobús me acerca a la cita pienso en su novela<em><strong> El oficinista</strong></em>, ganadora del último Premio Biblioteca Breve, una obra intensa, seca, trepidante y cruda por el panorama que ofrece entre interiores y exteriores, tanto mentales como físicos. La desolación que recorre sus páginas es una cabal ofrenda de desamparo, perfecta radiografía de un malestar común que el autor argentino expresa mediante la figura de un anónimo empleado, víctima de una leve ilusión entre el marasmo.</p>
<p style="text-align: justify;">
<div id="attachment_12140" class="wp-caption alignleft" style="width: 268px"><a href="http://www.revistadeletras.net/wp-content/uploads//2010/07/saccomano.jpg" rel="lightbox[12138]"><img class="size-medium wp-image-12140" title="saccomano" src="http://www.revistadeletras.net/wp-content/uploads//2010/07/saccomano-300x200.jpg" alt="" width="258" height="172" /></a><p class="wp-caption-text">Guillermo Saccomano (Foto: Dirección de Prensa MSMA)</p></div>
<p style="text-align: justify;">Llego al hotel y espero. Me solivianta saber que Guillermo está cansado, no tanto como los atléticos que duermen en el sofá adyacente a nuestra mesa, pero sí a mi nivel, por lo que el diálogo se desarrollará en igualdad de condiciones. Enciendo la grabadora e intento descubrir la esencia de esta potente narrativa editada en España por Seix Barral.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Jordi Corominas i Julián: En la rueda de prensa donde se anunció  que <em>El oficinista</em> había ganado el Biblioteca Breve me aturdió la cantidad de nombres célebres que disparó el jurado. Eso me preocupó, y hasta llegué a pensar que en cierto sentido quedabas oculto entre Kafka y los demás. Cuéntame cómo nació la idea de la novela.</strong></p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Guillermo Saccomanno</strong>: Siempre tuve ganas de escribir una novela rusa. Había escrito antes un guión de cómic en tres episodios que era la historia de un empleado de Wall Street en el momento del <em>crack </em>bursátil. Pasó el tiempo. En los ochenta publiqué bastantes cómics en España e Italia. El guión quedó muerto, pero en febrero de 2003 me acordé de la trama y decidí recuperarla de otra manera, tensionándola y usándola en otro campo. Me gusta mucho la literatura rusa, soy especialmente aficionado a la del siglo XIX hasta principios del XX: Turgénev, Isaak Bábel, Dostoievski y hasta llegar a Grossman. El cuento de Nikolai Gógol <em>El capote</em> fue fundamental. La literatura de oficina es un género literario&#8230;</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Pero lo interesante de abordar un género es jugar con él e introducir elementos que no estén en la tradición.</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Tomarlo, tensionarlo, darle la vuelta como un guante y ver qué se puede agregar en ese mecanismo narrativo. Hice una primera versión en febrero de 2003 y luego la fui modificando, lijando, quitando&#8230; En parte me basé en referencias cinematográficas que van desde el comienzo de <em>El apartamento</em> de Billy Wilder pasando por <em>Blade Runner</em> hasta llegar a otros títulos como <em>Código 46</em> de Michael Winterbottom, <em>Brazil </em>de Terry Gilliam y <em>El Proceso</em> de Kafka con la dirección de Orson Welles. Estos parte de los materiales en los que de alguna manera breva esta novela, y creo que los guiños en muchas zonas del texto están bien a la vista.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>¿Y pensaste desde un primer momento mandarla a editoriales españolas?</strong></p>
<p style="text-align: justify;">No exactamente. La terminé y la mandé a concursos, la rechazaron y lo mismo pasó cuando la envíe a varias editoriales. Seguí escribiendo otro tipo de novelas, como la trilogía sobre la violencia política en Argentina, hasta que finalmente llegué a una versión de <em>El oficinista</em> que me interesaba.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>¿Por qué la oficina como espacio clave?</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Es un ámbito cerrado, concentracionario, donde se dan las relaciones de humillación y sometimiento propias de la dialéctica amo-esclavo.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Y es el paradigma espacial donde encontramos al hombre común del siglo XX.</strong></p>
<p style="text-align: justify;">En este paradigma entra tanto el administrativo como el creador publicitario, porque aunque éste piense que está más arriba también debe fichar como los demás.</p>
<blockquote>
<p style="text-align: justify;"><strong><a href="http://www.revistadeletras.net/wp-content/uploads//2010/07/of.jpg" rel="lightbox[12138]"><img class="alignright size-medium wp-image-12143" title="of" src="http://www.revistadeletras.net/wp-content/uploads//2010/07/of-175x300.jpg" alt="" width="175" height="300" /></a>Pero quizá  el perfil del administrativo se ajuste mejor a ese paradigma, quizá  por todas las sugerencias visuales que tenemos en el cerebro: el hombre del traje gris, pendular de la casa a la oficina.</strong></p>
<p style="text-align: justify;">El paradigma es el hombre gris que mencionas, pero hay una infinidad de trabajos en la que los individuos, pese a sentirse libres, están condicionados, tienen una labor, pero al trabajar en un estudio y tener el tiempo marcado están encadenados. El que labora en un lugar está en una jaula donde se dan relaciones de fieras domadas, donde tal vez la violencia no se expresa de manera rotunda o evidente, sino que circula por debajo de los escritorios de manera serpentina.</p>
</blockquote>
<p style="text-align: justify;"><strong>Y la gran violencia es la represión mental fortísima a la que el personaje protagonista se ve sometido.</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Creo que todos los personajes tienen esa violencia contenida. Es una novela de mucha carga dura. Todos son insatisfechos, derrotados y víctimas. Pensaba en novelas que no son de héroes, sino de perdedores, tipos mucho más interesantes.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Pero el jefe puede ser un ganador derrotado.</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Sí, pero aquí  no hay puros ni limpios, nadie sale vivo.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Supongo que puede establecerse un paralelismo entre el exterior y el interior. Todas las amenazas del mundo de afuera se reproducen en la oficina desde otras coordenadas.</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Están. Antes de encender la grabadora hablabas de Goya y mira, soñé la novela con mucha razón y mira los monstruos que produje. (risas).</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Pensé  algo así al ver la portada con los perros rojos clonados.</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Son elementos de composición de futuro, pero por otro lado no creo que sea una novela de futuro lejano, no es <em>1984</em>.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Es más una novela de presente.</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Ya hay vacas clonadas. ¿Falta mucho para los perros clonados? No lo creo.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Circulan muchas metáforas de terrorismo y violencia, y eso me hace hermanar tu obra con el presente, porque al fin y al cabo los dos factores mencionados están en la calle, pero son invisibles para la mayoría, sea por poca curiosidad, sea por una ceguera voluntaria. Tú la proyectas.</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Es no querer verla. Ves a una mujer tirada por la calle, un drogadicto vomitando, la violencia en el metro&#8230; nos hemos acostumbrado a vivir con eso. Creo que inventé muy poco. Esto es así y está.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Pero lo tuyo es el Apocalipsis, como cuando el protagonista va al trabajo y se limpia el polvo que ha aterrizado en su chaqueta como consecuencia de un atentado a escasos metros.</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Sí, pensaba en la Ciudad de Buenos Aires en los noventa. Dos atentados en pleno día con una normalidad pasmosa, volaron edificios. Esos atentados los inventó el gobierno argentino. Ahora nos pintan a Bin Laden como Frankenstein, pero Frankenstein fue generado por los Estados Unidos.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Más que en las torres gemelas pensaba en un hermanamiento de ciudades, en los anarquistas de finales del ochocientos en Barcelona.</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Es distinto. Creo que los anarquistas tenían fines revolucionarios y sus atentados estaban focalizados en el poder sin quererse cobrar víctimas inocentes. Ahora las bombas se enfocan a lo propagandístico tras provocar un efecto.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Actos que se ignoran, porque nos hemos habituado, como tu personaje, a la rutina de muerte. Hay un atentado y no importa, toca volver a la oficina.</strong></p>
<p style="text-align: justify;">En nuestras sociedades se vive con naturalidad y espontaneidad. Ustedes lo sufrieron en Madrid. El mundo sigue andando, como dice el tango. El mundo sigue andando porque tengo que hacer un trámite en el banco, porque debo ir a la oficina, porque tengo una cita. Todo continúa.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Volvamos al personaje. Es curiosa la relación que establece con la oficina. Es donde pasa más horas, y en cierto modo la usa como refugio de su verdadero domicilio, una pesadilla que desea evitar para no salir más dañado.</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Es el lugar donde pasa más tiempo. Es un escape de su hogar, así entre comillas, porque cuando llega a casa se enfrenta a la jauría que es la familia.</p>
<blockquote>
<p style="text-align: justify;"><strong> </strong></p>
<div id="attachment_12142" class="wp-caption alignleft" style="width: 210px"><strong> </strong><strong><a href="http://www.revistadeletras.net/wp-content/uploads//2010/07/Guillermo-Saccomano-2.jpg" rel="lightbox[12138]"><img class="size-medium wp-image-12142" title="Guillermo Saccomano 2" src="http://www.revistadeletras.net/wp-content/uploads//2010/07/Guillermo-Saccomano-2-200x300.jpg" alt="" width="200" height="300" /></a></strong><p class="wp-caption-text">Guillermo Saccomanno (Foto: Dirección de Prensa MSMA)</p></div>
<p style="text-align: justify;"><strong>Y desde ese escape opresivo surge la esperanza, que después se concreta en una imposibilidad de amar, porque pese al anhelo rápidamente vemos el desengaño.</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Bien, creo que sos el único que se avivó de esto, porque en la novela todos hablan del amor, pero la ecuación de ese sistema es otra. Sexo, dinero, poder. Se nombra un absoluto como el amor, pero es una coartada. Se habla de la familia, pero es una institución carnicera. La relación que se denomina amorosa encubre una estrategia de ascenso social o la posibilidad de articular una fuga de la realidad. En la novela el doble discurso está presente todo el tiempo. Cuando aparece el otro (ndlr: el trabajador de la mesa de al lado) ahí viene un cuestionamiento.</p>
</blockquote>
<p style="text-align: justify;"><strong>El otro es otra forma de paliar la soledad del protagonista.</strong></p>
<p style="text-align: justify;">El otro aparece, no tiene explicación, no es consciente.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Pero esto es un poco cómo cuando vas cada día en el autobús y siempre ves a la misma persona, pero no le hablas&#8230;hasta que se activa un resorte y superas la represión que permite asesinar una extrema soledad.</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Una soledad que parece rusa, pero aquí el compañero no es el otro, sino más bien una figura antagónica y al mismo tiempo complementaria que plantea otro modelo, pero el compañero tampoco es inocente, porque tiene sus sueños y ambiciones personales, no hay un proyecto solidario que contemple al otro diversamente.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Sí, pero el otro tiene una pareja moderna. Ahora pensé  que el oficinista es un vestigio de un tiempo pasado, ya inexistente.</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Pertenece a una generación anterior de oficinistas. Es un empleado veterano, que con su modo de pasar inadvertido, agachando la cabeza, se ha zafado de los despidos y el paro.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Esa antigüedad está hasta su concepción del amor.</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Todo en él responde a otro modelo, pero asimismo representa la pusilanimidad del mundo actual. Creo que si la novela, más allá de sus méritos literarios, impactó acá en España es porque toca una llaga social, en Argentina la pasamos y ya estamos acostumbrados a comer del plato del perro, no lo digo con malicia ni alegría.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Aquí en España el personaje puede entrar a la gente por una inadaptación e incomprensión del tiempo que se avecina, o de nuestras propias circunstancias actuales. No entiende el proceso de la crisis y por eso se inquieta con <em>El oficinista</em> y siente interés.</strong></p>
<p style="text-align: justify;">No lo entiende porque es cómplice.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Es cómplice absolutamente.</strong></p>
<p style="text-align: justify;">No quiere ver la realidad y en que medida es cómplice. En Argentina el Turco Menem ganó la segunda elección con un voto cuota. Estaban empeñados e hipotecados y su papeleta era la garantía de asegurar que el dólar no estallaría y nada caería, así seguiría la dinámica del crédito. En este sentido hay que ser duro con la clase media porque es una clase de mierda en gran parte. Tanto tú como yo pertenecemos a ella, pero nadie como uno que la conoce de adentro sabe de su hipocresía y su doble discurso. En Argentina apoyó los golpes militares, no es una clase inocente.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Y aquí  en España ha sido el artífice engañado del pelotazo inmobiliario.</strong></p>
<p style="text-align: justify;">La clase media votó a Aznar. El gran <em>crack</em> de la democracia es que consiste en cómo los ricos se distribuyen la torta.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Y luego hay la gran falacia de la democracia participativa.</strong></p>
<p style="text-align: justify;">¿Participativa hasta que punto? Creo que los políticos están muy preocupados por estar agarrados a su banca, a su puesto; es una manera nefasta de entender la política.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>La clase media es una culpable silenciosa porque acata lo de arriba y participa en el engranaje.</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Y quiere ver qué puede sacar de ese silencio.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Y nunca se la etiqueta como culpable porque la historia la identifica con la mayoría.</strong></p>
<p style="text-align: justify;">La mayoría silenciosa.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Y además nadie, al ser mayoría, quiere culpabilizarse de la tragedia.</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Esto implicaría un ejercicio de autocrítica que la clase media no está dispuesta a hacer. No olvidemos que los políticos también pertenecen a este estrato, al igual que los sindicatos, que han obtenido buenos beneficios de la democracia. El mundo que le toca a este perdedor de oficina es un mundo sin salida. Me cuesta mucho ser optimista. Se llega por la noche al hotel, vemos los noticieros: la sangre nos empapa, el Planeta estalla en petróleo, contaminación y muerte.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>¿Qué incidencia tiene la televisión en la novela?</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Su mujer ve la televisión y él, al llegar a casa, se empapa de un quiz. La televisión es una caja de resonancia, un reflejo de nuestra situación. También hay televisión en el restaurante, cuando está con la chica. La televisión también tiene que ver con la complicidad, el problema es ver cómo se carga el aparato. Es un rumor de lo que pasa en algún lugar, cómo si nos mostrara tragedias ajenas que no nos pertenecen.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Y eso es falso, porque él cuando se mueve siempre va hacia zonas oscuras.</strong></p>
<p style="text-align: justify;">La calle siempre es territorio enemigo, siempre tiene que ir sorteando charcos de sangre.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Como si las farolas hubiesen desaparecido.</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Vamos hacia ahí, una especie de<em> Blade Runner </em>o<em> Doce monos</em>.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Un <em>Blade Runner</em> que nosotros protagonizamos.</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Oficinistas, sin techo, putas, pandillas&#8230;</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>¿Haces una traslación de aspectos americanos que llegarán a Europa?</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Ya estamos en eso. Nuestros países compraron el modelo McDonalds. Compras la cajita feliz e introduces la ametralladora que acaba con los compañeros del instituto. No adoptas sólo la hamburguesa, que es un átomo inicial.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Y naturalmente ello incide en las mentalidades. La chica que enamora al oficinista sabe muy bien cómo medrar para lograr sus objetivos.</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Lo que ella intenta es alcanzar sus objetivos de cualquier manera. Eso es una americanización. Por desgracia todas las ciudades se parecen. Mi novela puede pasar en San Pablo, en el DF, en algún lugar de Madrid&#8230;</p>
<blockquote>
<p style="text-align: justify;"><strong>En este sentido es interesante lo que planteas, porque en España últimamente se hace una cierta literatura que no trata la esencia del ser humano e ignora los márgenes. Tú te atreves a ir hacia ese límite de luz y sombra desde un punto de vista cotidiano, y eso hace que <em>El oficinista</em> pueda ser una historia universal.</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Eso surge naturalmente porque mientras la escribía pensaba en Buenos Aires. Todo lo que he escrito lo he visto. Quien camina la calle recibe infinitos estímulos narrativos. Cuando estoy en la capital veo putas, turistas, sin techo, delincuentes, ejecutivos&#8230; y la distancia que les separa es de metros.</p>
</blockquote>
<p style="text-align: justify;"><strong>Hay primero toda la acción de la calle y luego todos estos personajes urbanos que en la privacidad de sus cuatro paredes se juntan y crean uniones inesperadas: el camello con el ejecutivo y así hasta el acabóse, la jerarquía desaparece, todos somos humanos.</strong></p>
<p style="text-align: justify;">El oficinista sufre un manifiesto complejo de inferioridad. Le gustaría ir hacia esas extrañas uniones, pero no le sale. El individualismo está  llevado a la enésima potencia porque no existe la solidaridad.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Hay un individualismo según los parámetros de la sociedad y luego tenemos el individualismo del personaje, un hombre incapaz de superar las trabas que le impone su Universo.</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Seguramente esta concepción en mi novela nació sola, no pensé en hacer una novela de denuncia, de haberlo buscado no hubiese conseguido este efecto.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Al fin y al cabo en tu novela hay un momento en que se usa la frase <em>gattopardiana</em> de cambiar todo para que no cambie nada, y el pesimismo del oficinista radica en estar encadenado a esta máxima.</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Sí, pero porque a ninguno de los personajes le interesa cambiar el sistema, todos se mueven dentro del más absoluto y solitario individualismo, buscan salidas personales y se mueven en la ecuación sexual y de poder. Sigue la lucha de clases, lo único es que ahora la sociedad se divide entre incluidos y excluidos, y aquellos incluidos se agarran con uñas y dientes a su puesto porque no quieren perder ese espacio. Y esta posibilidad de ser expulsado genera miedo.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Una lucha de clases reformada, sin proletariado, que camina hacia otras rutas.</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Se ha resignificado. Lenin cuando se refería a los oficinistas hablaba del proletariado de cuello blanco. Lo que ocurre es que la clase media no asume su destino de explotación, y un oficinista está tan explotado como el obrero, éste hará cuerpo y el otro no tanto, pero ambos son víctimas de un sistema que aliena y enajena. El obrero, por su trabajo físico, será más solidario; el oficinista, al creerse único, siempre será más mezquino.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>La soledad del cubículo hace potenciar una imaginación inútil.</strong></p>
<p style="text-align: justify;">El oficinista tiene una imaginación de tipo paranoico, ve complots por todas partes, es el mundo contra él. En algún momento Melville, creo que en <em>Moby Dick</em>, se planteó que quizá la historia es una inmensa broma.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Y a veces en la novela cabe la posibilidad de sentir que el protagonista vive en un sueño, en ocasiones parece que quieras confundir al lector con ese juego entre imaginación y realidad.</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Lo que le ocurre tiene un aire de sueño y pesadilla.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Y en su caso hay la imposibilidad de cumplir sus fantasías, hay una incapacidad manifiesta de actuar pese a sus propósitos de terminar con el íncubo en el que se encuentra inmerso.</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Y pierde, siempre pierde.</p>
<p><strong>Jordi Corominas i Julián</strong><br />
<a href="http://corominasijulian.blogspot.com/">http://corominasijulian.blogspot.com</a></p>
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		<title>Canal-L celebra su primer aniversario</title>
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		<pubDate>Sat, 19 Jun 2010 08:21:11 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Revista de Letras</dc:creator>
				<category><![CDATA[Crónicas]]></category>
		<category><![CDATA[Álex Chico]]></category>
		<category><![CDATA[Canal-L]]></category>
		<category><![CDATA[Ernesto Escobar]]></category>
		<category><![CDATA[Jordi Corominas i Julián]]></category>
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		<category><![CDATA[Laia López]]></category>
		<category><![CDATA[Luarna]]></category>
		<category><![CDATA[Poetas Delaonion]]></category>

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		<description><![CDATA[Canal-L se ha convertido en un referente informativo en la Red. La web, con blog propio, ofrece un archivo que abarca lo mejor de lo acontecido en Barcelona...]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><a href="http://www.revistadeletras.net/wp-content/uploads//2010/06/logo.jpg" rel="lightbox[11480]"><img class="alignright size-full wp-image-11483" title="logo" src="http://www.revistadeletras.net/wp-content/uploads//2010/06/logo.jpg" alt="" width="287" height="58" /></a>Hace un año, <strong>Ernesto Escobar</strong> (Lima, 1971) puso en marcha una iniciativa que, pese a los recursos disponibles, presentaba como ambiciosa (&#8220;Queremos ser la CNN de los libros&#8221;, afirmaba por aquel entonces). En este tiempo, su dedicación y empeño ha dado frutos. Con casi 150 videos, entre los que podemos encontrar entrevistas, reportajes y testimonios audiovisuales de presentaciones y actos literarios, <strong><a href="http://www.canal-l.com/">Canal-L</a></strong> se ha convertido en un referente informativo en la Red. La web, con <strong><a href="canal-l.blogspot.com/">blog</a></strong> propio, ofrece un archivo que abarca lo mejor de lo acontecido en Barcelona relacionado con el mundo de las letras durante los últimos doce meses.</p>
<blockquote style="text-align: justify;"><p><strong><a href="http://www.revistadeletras.net/wp-content/uploads//2010/06/invitación-C-L.jpg" rel="lightbox[11480]"><img class="alignleft size-medium wp-image-11481" title="invitación-C-L" src="http://www.revistadeletras.net/wp-content/uploads//2010/06/invitación-C-L-300x200.jpg" alt="" width="343" height="254" /></a>Para celebrarlo, esta noche se ofrece una fiesta en el Bar Ramat de Barcelona, en la que participarán los poetas Delaonion Álex Chico, Jordi Corominas i Julián, Laia López y Juan Salido-Vico. Durante el evento se sorteará, por cortesía de la editorial digital <a href="www.luarna.com/">Luarna</a>, un  iRiver Story.</strong></p></blockquote>
<p style="text-align: justify;">En un momento como el actual, en el que los medios impresos y las televisiones convencionales dan menos cancha a los contenidos culturales, internet se ha convertido en el contenedor ideal para que surjan propuestas alternativas que permitan la difusión literaria. Es por ello que, desde nuestro espacio, felicitamos al compañero Ernesto por su labor y le animamos a continuar trabajando con ahínco cubriendo un espacio en el que, hasta el momento, no tiene competencia.</p>
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		<title>Pasear con Jordi Corominas</title>
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		<pubDate>Sun, 13 Jun 2010 12:42:13 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Albert Lladó</dc:creator>
				<category><![CDATA[Reseñas]]></category>
		<category><![CDATA[Ediciones Vitruvio]]></category>
		<category><![CDATA[Jordi Corominas i Julián]]></category>
		<category><![CDATA[Paseos simultáneos]]></category>

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		<description><![CDATA[Jordi Corominas i Julián es una energía a un hombre pegada, un fotógrafo de novelas, o una novela de imágenes, historias y crímenes. Es un editor de instantes performáticos, o un poeta de radio y alevosía.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<blockquote>
<p style="text-align: center;"><em><strong><a href="http://www.revistadeletras.net/wp-content/uploads//2010/06/Portada.llibre.poesia.jpg" rel="lightbox[11273]"><img class="alignright size-medium wp-image-11274" title="Portada.llibre.poesia" src="http://www.revistadeletras.net/wp-content/uploads//2010/06/Portada.llibre.poesia-186x300.jpg" alt="" width="145" height="234" /></a>Paseos simultáneos</strong></em>. Jordi Corominas i Julián<br />
Ediciones Vitruvio (Madrid, 2010)</p>
</blockquote>
<p style="text-align: justify;">
<p style="text-align: justify;"><strong>Jordi Corominas i Julián</strong> (Barcelona, 1979) es una energía a un hombre pegada, un fotógrafo de novelas, o una novela de imágenes, historias y crímenes. Es un editor de instantes performáticos, o un poeta de radio y alevosía.</p>
<p style="text-align: justify;">Con Corominas hay que hablar y pasear por Gracia, tomar una cerveza, o conversar sobre cualquier motivo banal desde la profundidad del tiempo que se nos escapa de los pies y de las manos. Después de publicar <em>Una dona que sap jugar amb els peus</em> y<em> Colors</em>, ambos editados por Abadia, nos propone la propuesta poética <strong><em>Paseos simultáneos</em></strong>, la nueva aventura de Vitruvio.</p>
<p style="text-align: justify;">Uno siempre lee con predeterminación – y prejuicios, claro – y por ello nos ha parecido ver en su primer poemario una tradición aprehendida del que ha leído mucho a los surrealistas. Hay cultura caligráfica, hay una herencia dadaísta y hay lo que a muchos nos ha obsesionado durante largo tiempo: la magia de la casualidad.</p>
<blockquote>
<p style="text-align: justify;">
<div id="attachment_11276" class="wp-caption alignleft" style="width: 207px"><a href="http://www.revistadeletras.net/wp-content/uploads//2010/06/foto3.jpg" rel="lightbox[11273]"><img class="size-medium wp-image-11276" title="foto3" src="http://www.revistadeletras.net/wp-content/uploads//2010/06/foto3-300x199.jpg" alt="" width="197" height="130" /></a><p class="wp-caption-text">Foto: Jordi Corominas</p></div>
<p style="text-align: justify;">El azar objetivo es un fenómeno que, aunque la expresión procede de Engels, fue utilizado con mucha frecuencia por los surrealistas, y en especial por André Breton. Se trata, pues, de coincidencias, de casualidades, que de alguna manera conectan el mundo interior – las premoniciones o los deseos – con el mundo exterior, donde se acaban realizando.</p>
</blockquote>
<p style="text-align: justify;">Esta facultad de servir de puente, entre el subconsciente y la realidad &#8220;racional&#8221;, hace que el surrealismo le diera un carácter muy significativo al fenómeno, y que Corominas lo utilize como nadie para aprovechar una crisis de narratividad, un bloqueo momentáneo, para adentrarse en el valiente territorio de la libertad. Literatura, por tanto.</p>
<p style="text-align: justify;">El psiquiatra Carl Jung se interesaría por la manifestación antes citada – que es en el fondo una búsqueda perpetua &#8211; denominándole “sincronicidad” y definiéndola como “la simultaneidad de dos sucesos vinculados por el sentido pero de manera acausal…  una coincidencia temporal de dos o más sucesos relacionados entre sí de una manera no causal, cuyo contenido significativo sea igual o similar”. De eso, precisamente, tratan los caminos de Corominas, de “paseos de todo/ tipo mezclados de verbo/colectivo&#8230; como la escucho, la visiono/la concibo, la invento/por deformación y vuelo/con inéditas gárgolas”.</p>
<blockquote>
<p style="text-align: justify;">
<div id="attachment_11275" class="wp-caption alignright" style="width: 264px"><a href="http://www.revistadeletras.net/wp-content/uploads//2010/06/Jordi-Corominas.jpg" rel="lightbox[11273]"><img class="size-medium wp-image-11275" title="Jordi Corominas" src="http://www.revistadeletras.net/wp-content/uploads//2010/06/Jordi-Corominas-300x300.jpg" alt="" width="254" height="242" /></a><p class="wp-caption-text">Foto: Jordi Corominas</p></div>
<p style="text-align: justify;">Un cigarillo se va a convertir en miedo al laberinto, y la mirada va a ser la ráfaga de la cámara de la escritura, que va a intentar atrapar las conversaciones de la calle, que es el auténtico escenario de lo que hemos llamado vida. Esa capacidad de re-producir, de re-crear, los diálogos ajenos – que se convierten en propios desde el momento en que se renuncia a la pasividad – es la que se burlará de nacinalismos cortos de vista, que incorpora múltiples lenguas y lenguajes, y que eleva el osito de goma a símbolo surrealista, desbancando a referentes anticuados como el paraguas o el femenino guante.</p>
</blockquote>
<p style="text-align: justify;">El poeta reconoce que es “Isabel la Católica”, un juego que – como todo buen cadáver exquisto – seguirá desarrollando en su acción teatral ‘Loopoesia’, y nos presenta su primera antología lírica con una portada que nos invita a seguir los tres patos del 222. Y es que, para escribir, sólo hay que escuchar y confiar en nuestro entorno. La realidad es otra(s). Y Corominas lo vuelve a demostrar con <em>Paseos simultáneos</em>.</p>
<p><strong>Albert Lladó</strong><br />
<a href="http://albertllado.com/">www.albertllado.com</a></p>
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		<title>De lo difuso a lo concreto desde el contraste: &#8220;La pesca de la trucha en América&#8221;, de Richard Brautigan</title>
		<link>http://www.revistadeletras.net/de-lo-difuso-a-lo-concreto-desde-el-contraste-la-pesca-de-la-trucha-en-america-de-richard-brautigan/</link>
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		<pubDate>Tue, 08 Jun 2010 10:39:17 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jordi Corominas i Julián</dc:creator>
				<category><![CDATA[Reseñas]]></category>
		<category><![CDATA[Blackie Books]]></category>
		<category><![CDATA[Jordi Corominas i Julián]]></category>
		<category><![CDATA[La pesca de la trucha en América]]></category>
		<category><![CDATA[Pablo Álvarez Ellacuria]]></category>
		<category><![CDATA[Richard Brautigan]]></category>

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		<description><![CDATA[No tiene ningún sentido empezar esta reseña de manera convencional, por lo que procederé  a explicarles mi experiencia en el saltarín mundo de la pesca...]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<blockquote>
<p style="text-align: center;"><em><strong><a href="http://www.revistadeletras.net/wp-content/uploads//2010/06/brautigan.jpg" rel="lightbox[11173]"><img class="alignright size-medium wp-image-11183" title="brautigan" src="http://www.revistadeletras.net/wp-content/uploads//2010/06/brautigan-198x300.jpg" alt="" width="146" height="222" /></a>La pesca de la trucha en América</strong></em>.<br />
Richard Brautigan<br />
Traducción de Pablo Álvarez Ellacuria<br />
Blackie Books (Barcelona, 2010)</p>
</blockquote>
<p style="text-align: justify;">
<p style="text-align: justify;">No tiene ningún sentido empezar esta reseña de manera convencional, por lo que procederé  a explicarles mi experiencia en el saltarín mundo de la pesca. Una mañana fui con un amigo de la familia al río Tordera, al lado de un puente entre mi pueblo y Sant Celoni. Los peces eran muy pequeños, anaranjados, anárquicos y vivarachos. Los volví a ver en un acuario de una gasolinera de supermercado y me inquieté, lo que se constató un par de años más tarde, en un tórrido verano donde volví al lugar de anzuelos y moscas para desesperarme. El río era tierra y los bichos acuáticos yacían, muertos y secos, entre piedrecillas y maleza. Esa horrible imagen desapareció en mi edad adulta, sobre todo esa tarde de miércoles en Trastevere, inolvidable por unas truchas con jamón y queso que devoré con sumo placer, sensación parecida a la que ha invadido mi mente al leer la obra más famosa de <strong>Richard Brautigan</strong>, recuperada por Blackie Books en una edición que respeta la original de 1967 y juega risueña con todos nosotros al crear un libro que no sólo es eso. El típico reclamo publicitario, ese envoltorio que suele terminar sus horas en la basura más cercano, se convierte en una pregunta que ayuda al lector antes de asaltar la novela.</p>
<blockquote>
<p style="text-align: justify;">
<div id="attachment_11174" class="wp-caption alignleft" style="width: 175px"><a href="http://www.revistadeletras.net/wp-content/uploads//2010/06/brautigan2.jpg" rel="lightbox[11173]"><img class="size-medium wp-image-11174" title="brautigan2" src="http://www.revistadeletras.net/wp-content/uploads//2010/06/brautigan2-246x300.jpg" alt="" width="165" height="202" /></a><p class="wp-caption-text">Richard Brautigan (Foto: Brautigan.net)</p></div>
<p>¿Y quién es Richard Brautigan?</p>
<p style="text-align: justify;">Buena pregunta querido Watson. Lean el blanco papelillo y la introducción y sabrán más del hombre que triunfó y no sabía administrar su dinero, del  individuo alto y mujeriego, del tipo exitoso que fue incomprendido hasta dejar su cuerpo para mayor gloria de los insectos pantagruélicos. Lean ambos textos y procedan con cautela al abordar <strong><em>La pesca de la trucha en América</em></strong>. Les recomiendo tratarla sin prejuicios, pues de nada sirven las etiquetas con el escritor huérfano y abandonado que trató la literatura desde la ingenuidad para alcanzar lo genuino mediante procedimientos poco ortodoxos que dan a sus artefactos esa extraña virtud de plantearnos cuestiones tanto en lo temático como en lo formal.</p>
</blockquote>
<p style="text-align: justify;">Y lo intuimos desde el minuto cero de nuestra lectura. ¿Nos toma el pelo? No, tiene la libertad absoluta de ser el dios de su obra, y eso significa romper con la tradición para abrazar la idea de la literatura expresada desde cualquier forma posible. Brautigan se puede permitir la osadía de comenzar comentando la portada, que es una estatua de Benjamín Franklin, aunque también podría ser un avestruz tartamudo, lo que importa es entender que desde un punto se puede enarbolar un discurso que en su caso, y desde una óptica desenfadada con tintes muy serios, se centra en América, que al fin y al cabo es la fuente de conocimiento del chico de Tacoma, explorador de Estados Unidos que bebe del instante y por el instante, caudal cotidiano que da a su prosa un estilo simple y en apariencia fragmentario, como si su novela fuese un puzzle a ordenar por nuestras manos. No, no se engañen. La estructura es deliberada porque lo difuso es el mejor camino para captar lo concreto de su exposición. ¿Libro de tesis? En parte, porque la ambición de truchas, señuelos, moscas y corrientes es retratar el verdadero rostro norteamericano de finales de los cincuenta y principios de los sesenta, universo en profunda mutación que el poeta glosa vestido de claro oráculo, consciente de transmitir la metamorfosis con una cierta confusión muy lógica, típica de una transición entre lo viejo y lo nuevo.</p>
<blockquote>
<p style="text-align: justify;"><strong> </strong></p>
<div id="attachment_11175" class="wp-caption alignright" style="width: 180px"><strong> </strong><strong><a href="http://www.revistadeletras.net/wp-content/uploads//2010/06/rb-idaho19612.jpg" rel="lightbox[11173]"><img class="size-medium wp-image-11175" title="rb-idaho19612" src="http://www.revistadeletras.net/wp-content/uploads//2010/06/rb-idaho19612-239x300.jpg" alt="" width="170" height="214" /></a></strong><p class="wp-caption-text">Brautigan pescando (Foto: Brautigan.net)</p></div>
<p><strong>Todos somos la pesca de la trucha en América: utensilios de la tarea.</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Y sí, por eso motivo todos somos la pesca de la trucha en América, lugar, persona, verbo y matriz por la que circulan María Callas, el borracho del pueblo, ratas, bibliotecarios, John Dillinger y terroristas. Olviden los nombres. Lo interesante es cómo y donde se ubican. El título del libro es una metáfora de un todo que vuela de lo grande a lo pequeño sin trabas. La pesca de la trucha en América se erige como un doble diálogo que desde el origen quiere enfocarse en una conclusión contemporánea de despersonalización y consumo colectivo de masas. Muchos capítulos versan sobre los entresijos de pescar tan codiciado manjar, y lo hacen con un tacto que explica con agrado anécdotas útiles al contextualizar el hecho. Pescar truchas en América evoca a una Arcadia de tierras yermas, naturaleza virgen a bautizar en solitarios arroyos desposeídos de su magia con la modernidad, lo salvaje empecinado en derrotar lo puro. ¿La típica crítica nostálgica? La transformación siempre aparece con el dólar, monoteísmo capaz de absorber toda la sociedad para alterarla en función de amargos caprichos de poder. En este sentido destaca <em>El desguace de Cleveland</em>, centro comercial temático donde puedes comprar arroyos, animales, cascadas y ciervos, Dios consumo para los fans de la pesca que son las inocentes víctimas de la velocidad que engendra violencia. Sorprende en Brautigan la sinceridad lírica del cronista que con sutiles pinceladas deja caer sentencias filosóficas sobre la aceleración del siglo XX, vertida en sus páginas con varios toques que remarcan la falta de humor, la preponderancia revolucionaria de Jack el destripador o lo anacrónico de los objetos recientes, trastos de 1920 que por nuestra manía de no poner el freno huelen a 1890.</p>
</blockquote>
<p style="text-align: justify;"><strong> </strong></p>
<div id="attachment_11177" class="wp-caption alignleft" style="width: 178px"><strong> </strong><strong><a href="http://www.revistadeletras.net/wp-content/uploads//2010/06/rb-19812.jpg" rel="lightbox[11173]"><img class="size-medium wp-image-11177" title="rb-19812" src="http://www.revistadeletras.net/wp-content/uploads//2010/06/rb-19812-168x300.jpg" alt="" width="168" height="300" /></a></strong><p class="wp-caption-text">Richard Brautigan (Foto © Roger Ressmmeyer)</p></div>
<p><strong>Señores que desde la tumba advierten a los vivos: la justificación final</strong></p>
<p style="text-align: justify;">En los últimos estertores de su obra Brautigan se justifica, a sabiendas de la dificultad de su construcción para los que desean impregnarse de normalidad. A grandes rasgos advierte de lo vacuo en las definiciones, de lo estéril de tanto esfuerzo en delimitar lo humano, impotencia e incompetencia en precisar el suelo por donde pisamos. Quizá por repetir las mismas acciones cada día somos incapaces de ponernos en la tarea de describir con acierto lo que nos rodea, y en ocasiones es posible que esa carencia se deba a nuestro acomodo para con las formas, pues al aceptar el esquema mil veces trazado caemos sin darnos cuenta en un conformismo fácilmente sorteable a través de violar lo establecido y prender la mecha que distinga y proyecte fuegos con otra textura. La reflexión de este estilete de la contracultura sirve también para quitarnos las legañas y contemplar ciertos casos del panorama literario español con la brillantez que se merecen por innovadores, innovación que por otra parte sólo lo es por nuestro retraso histórico, dado que los sesenta, encarnados magníficamente en<em> La pesca de la trucha en América</em>, ya sabían mucho de locura calculada, que entonces era vanguardista y lo sigue siendo en el original porque cuesta mucho abrir el tarro de la mayonesa.</p>
<p><strong>Jordi Corominas i Julián</strong><br />
<a href="http://corominasijulian.blogspot.com/">http://corominasijulian.blogspot.com</a></p>
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		<title>Un inédito Beat enterrado sesenta y seis años (hasta que la muerte lo resucitó)</title>
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		<pubDate>Wed, 02 Jun 2010 09:06:43 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jordi Corominas i Julián</dc:creator>
				<category><![CDATA[Reseñas]]></category>
		<category><![CDATA[Anagrama]]></category>
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		<category><![CDATA[Jack Kerouac]]></category>
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		<category><![CDATA[William S. Burroughs]]></category>
		<category><![CDATA[Y los hipopótamos se cocieron en sus tanques]]></category>

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		<description><![CDATA[Siempre hay un acontecimiento que finiquita la adolescencia y marca el ingreso en la edad adulta. No recuerdo muy bien el mío, pero conozco bien la anécdota que significó un antes y después en la generación beat...]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<blockquote>
<p style="text-align: center;"><em><strong><a href="http://www.revistadeletras.net/wp-content/uploads//2010/06/Hipopotamos.jpg" rel="lightbox[10982]"><img class="alignright size-full wp-image-10983" title="Hipopotamos" src="http://www.revistadeletras.net/wp-content/uploads//2010/06/Hipopotamos.jpg" alt="" width="146" height="237" /></a>Y los hipopótamos se cocieron en sus tanques.</strong></em><br />
William S. Burroughs y Jack Kerouac<br />
Traducción de Fernando González Corugedo<br />
Anagrama (Barcelona, 2010)</p>
</blockquote>
<p style="text-align: justify;">
<p style="text-align: justify;">Siempre hay un acontecimiento que finiquita la adolescencia y marca el ingreso en la edad adulta. No recuerdo muy bien el mío, pero conozco bien la anécdota que significó un antes y después en la generación beat: El asesinato de Dave Kammerer a manos de Lucien Carr, quien con el paso de los años ganaría un merecido prestigio como jefe de la oficina de noticias de la United Press. A su muerte, acaecida el 28 de enero de 2005, pudo destaparse el pastel tan esperado por la miríada de fans de los chicos malos de la literatura norteamericana de la posguerra, un inédito de título estrambótico que finalmente llega a nuestro país, más aficionado a Kerouac y Burroughs por esnobismo que no por tradición, pues que yo sepa pocos son los escritores patrios que alaban la obra de las bestias de <em>En la carretera</em> y<em> El almuerzo desnudo</em>.</p>
<p style="text-align: justify;">Corría el verano de 1944 y Nueva York era una ciudad sumergida en una doble fiesta vacacional. La guerra había vaciado la gran manzana, y las pocas ratas que la mordían aguantaban el calor estival vegetando por las mañanas en sus hogares y viviendo la noche como si el sol fuera a desaparecer. Un grupo de jóvenes mataba sus horas en el sofá, en el puerto y en los bares, que nunca cerraban y regalaban una variopinta colección de lunáticos desquiciados. Ese agosto de drogas, alcohol, ligues y enfados sería la catapulta propulsora que hermanaría lo beat desde lo trágico. El impacto de ese breve lapso se cifra en la definitiva unión de la santísima trinidad tras la sangre y la pérdida de la virginidad mental.</p>
<p style="text-align: justify;">La relación entre Lucien Carr y su víctima se inició en Sant Louis en 1936. Lucien tenia once años y Dave veinticinco. Con el paso del tiempo su amistad se volvió muy intensa. El lunes 14 de agosto ambos estaban solos e iban a culminar su tragicomedia de amor-odio. Kammerer perseguía a su joven amigo con insistencia, quien no cedía a las súplicas sexuales de quien bien podía ser su hermano mayor. La borrachera, la canícula y antiguas rencillas hicieron el resto. Carr apuñaló a Dave, le hirió dos veces en la parte alta del pecho, le ató los brazos con cordones de zapato, cargó de piedras los bolsillos del cuerpo exánime y lo tiró a las aguas del río Hudson, donde fue encontrado al cabo de cuarenta y ocho horas, cuando su asesino ya dormía su condena en una apestosa celda de la futura capital del Planeta. Esa, a grandes rasgos, es la historia que da pie a <em><strong>Y los hipopótamos se cocieron en sus tanques</strong></em>, <em>bildungsroman</em> a cuatro manos nacido una vez la calma volvió y el pensamiento pudo reflexionar objetivamente sobre esos agitados meses donde todos intuían el desenlace y nadie se atrevió a frenarlo, como si el destino fuera un coche demasiado acelerado e interesante.</p>
<blockquote>
<p style="text-align: justify;"><strong>La trama, el proceso de escritura y la conclusión: la normalidad mitificada por el paso del tiempo.</strong></p>
<p style="text-align: justify;"><em> </em></p>
<p style="text-align: justify;">
<p style="text-align: justify;">
<p style="text-align: justify;">
<div id="attachment_10984" class="wp-caption alignleft" style="width: 252px"><a href="http://www.revistadeletras.net/wp-content/uploads//2010/06/KEROUAK-BURROUGS.jpg" rel="lightbox[10982]"><img class="size-medium wp-image-10984" title="KEROUAC BURROUGS" src="http://www.revistadeletras.net/wp-content/uploads//2010/06/KEROUAK-BURROUGS-285x300.jpg" alt="" width="242" height="253" /></a><p class="wp-caption-text">Foto © Allen Ginsberg</p></div>
<p style="text-align: justify;">Kerouac y yo hablábamos sobre la posibilidad de escribir juntos un libro, y decidimos hacerlo sobre la muerte de Dave. Escribíamos capítulos alternos y nos los íbamos leyendo el uno al otro. Había una clara separación de material sobre quién escribía qué. No buscábamos una precisión literal en absoluto, sólo cierta aproximación. Nos divertimos haciéndolo. Y lo hicieron intentado captar la atmósfera del momento a través del reto de compaginar dos estilos que pudieran hilvanarse correctamente narrando algo que ambos escritores compartieron. Las partes de <strong>Kerouac</strong> están cargadas de su agitación juvenil de testosterona y delirios de grandeza. Oculto bajo el alias de Mike Ryko, finlandés que quiere ir a la mar para no fenecer en tierra y vivir la bohemia francesa, el autor de <em>La vanidad de los Duluoz</em> recorre las calles numéricas de la mítica urbe con el despropósito por bandera; nadie le cree, y es rechazado por sistema hasta por su futura esposa, harta de tanta tontería que suele terminar en desmanes nocturnos y la voluntad de volver al muelle por si suena la flauta de la contratación, útil pasatiempo para gozar del aire libre y encadenar lo laboral con el ocio de bares, búsqueda alimenticia y gorroneo amistoso a personas como Will Dennison, que no es otro que <strong>William Burroughs</strong>, quien en sus partes es más sosegado porque tiene un trabajo de detective de poca monta y más o menos sabe cuando toca parar el jolgorio. Su domicilio es el refugio perfecto que sólo rompe su sosiego cuando irrumpen los bribones que protagonizan el relato, entre los que destacan el guapo Phillip Tourain, Lucien Carr, y el sureño Ramsay Allen, Dave Kammerer, hombres predestinados a que entre ellos pase algo, secundarios de lujo en la nada veraniega, pues la historia es un absoluto compendio de normalidad que el lector idealiza desde la leyenda de los nombres.</p>
</blockquote>
<p style="text-align: justify;">El apartamento de Ryko es un desastre que contrasta con el de Dennison, ordenado hasta cuando el molesto timbre disturba la quietud del lugar. Todos sabemos el significado de agosto y su mansedumbre, que en este contexto adquiere una nota especial por lo anómalo de las circunstancias bélicas, que dieron al desierto más desierto y al relato un clímax de dominio, acrecentado por la actitud del reparto, convencido de su importancia por la ausencia de los demás y porque entonces todo era más pequeño y las ilusiones muy elevadas desde la áurea mediocridad  que implicaba saber donde pillar y en que garitos beber hasta altas horas de la madrugada. En medio, como siempre, un grupo de personas que intentan evitar la soledad y quedan cuando pueden para sentirse amos de un microcosmos que desaparecería tras la victoria en Europa, si bien, y es justo mencionarlo, para ellos los cañones se apagarían un poco antes, entre cuadros del MOMA y la sabiduría de entregarse para no cometer el error de darse a la fuga.</p>
<blockquote>
<p style="text-align: justify;"><a href="http://www.revistadeletras.net/wp-content/uploads//2010/06/go.jpg" rel="lightbox[10982]"><img class="alignright size-medium wp-image-10985" title="go" src="http://www.revistadeletras.net/wp-content/uploads//2010/06/go-205x300.jpg" alt="" width="146" height="213" /></a>Las impresiones de los dos narradores oscilan entre la objetividad y el intento de dotar a su prosa de un ángel que preludie el acontecimiento. De otro modo es imposible entender porque los dos implicados en el crimen firman  una petición para el congreso de un grupo de izquierdas como Rimbaud y Verlaine, inevitable mención que corrobora el juego homosexual que llena la trama de provocadoras insinuaciones. Han pasado sesenta y seis años y todo se ha vuelto mucho más fácil. La cuestión ya no aturde, pero por aquel entonces era una bomba de relojería, un pecado capital que situaba el manuscrito en la línea de sombra de lo prohibido, y quizá por eso la efeméride inspirara a tantos miembros de la generación beat, desde Ginsberg hasta el desconocido, recientemente recuperado en España por Ediciones Escalera, John Clellon Homes, autor del verdadero debut del grupo en 1952 con <em>Go</em>.</p>
</blockquote>
<p style="text-align: justify;">Lo autobiográfico es un camino comprensible en toda la literatura contemporánea. <em>Y los hipopótamos se cocieron en sus tanques </em>no necesita de la ficción porque sus creadores simplemente reflejaban lo vivido, que desde un punto de vista convencional, el de la sociedad norteamericana que silenciaba las nuevas costumbres, era transgresor, mientras que para sus protagonistas era pura rutina que las décadas situarían en tierras mitológicas que dan a la obra categoría de monumento fundacional, porque la anécdota de 1944 fue el verdadero pilar que posibilitó erigir el edificio imitado por tantos, venerado por muchos e igualado por pocos. Disfrútenlo.</p>
<p><strong>Jordi Corominas i Julián</strong><br />
<a href="http://corominasijulian.blogspot.com/">http://corominasijulian.blogspot.com</a></p>
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		<title>Un magnífico preludio a &#8220;Historie de ma vie&#8221;: &#8220;El duelo&#8221;, de Giacomo Casanova</title>
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		<pubDate>Thu, 27 May 2010 05:10:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jordi Corominas i Julián</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Las malas lenguas abundan por doquier y producen desconocimiento. Giacomo Casanova fue el primer escritor verdaderamente moderno. Supo desnudar su intimidad y dar a la primera persona digna categoría literaria...]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">
<blockquote style="text-align: justify;">
<p style="text-align: center;"><em><strong><a href="http://www.revistadeletras.net/wp-content/uploads//2010/05/duelo.jpg" rel="lightbox[10803]"><img class="alignright size-full wp-image-10804" title="Maquetación 1" src="http://www.revistadeletras.net/wp-content/uploads//2010/05/duelo.jpg" alt="" width="146" height="253" /></a>El duelo</strong></em>. Giacomo Casanova<br />
Traducción de Elena Martínez<br />
Gadir Editorial (Madrid, 2010)</p>
</blockquote>
<p style="text-align: justify;">
<p style="text-align: justify;">Las malas lenguas abundan por doquier y producen desconocimiento. <strong>Giacomo Casanova</strong> (Venecia 1725- Dux 1798) fue el primer escritor verdaderamente moderno. Supo desnudar su intimidad y dar a la primera persona digna categoría literaria. Sin embargo, hasta hace bien poco su nombre fue sinónimo, y así figura en el diccionario, de seducción a raudales. Triste es limitar tanta grandeza. El veneciano fue una inigualable excepción histórica de hiperactividad. El aventurero nutrió su obra de su existencia. Recorrió la nada desdeñable cifra de sesenta y cinco mil kilómetros, conoció a las más ilustres personalidades de su tiempo y se vio enfrascado en múltiples dimes y diretes de los que da buena cuenta en su <a href="http://www.revistadeletras.net/wp-content/uploads//2010/05/casanova2_med.jpg" rel="lightbox[10803]"><img class="alignleft size-medium wp-image-10806" title="casanova2_med" src="http://www.revistadeletras.net/wp-content/uploads//2010/05/casanova2_med-193x300.jpg" alt="" width="120" height="185" /></a>monumental <em>Historie de ma vie</em>, magna e incompleta autobiografía que con buen tino publicó recientemente Atalanta en una edición que por su calidad aumenta aun más si cabe la dignidad de quien la escribió entre 1785 y 1798 en el exilio, definitivo reposo del guerrero, del castillo bohemio de Dux, donde el aficionado a la alquimia transcurrió los últimos años de su atribulada singladura.</p>
<blockquote>
<p style="text-align: justify;"><a href="http://www.revistadeletras.net/wp-content/uploads//2010/05/casanova1.jpg" rel="lightbox[10803]"><img class="alignright size-medium wp-image-10805" title="casanova1" src="http://www.revistadeletras.net/wp-content/uploads//2010/05/casanova1-188x300.jpg" alt="" width="120" height="185" /></a>Antes de la<em> Historie de ma vie</em> hay dos textos fundamentales que la preludian. <em>La Storia della mia fuga dai Piombi</em>, publicada en España por Alianza Editorial, narra la experiencia casanoviana en la temible cárcel veneciana, de donde escapó el día de todos los santos de 1756, y es curioso remarcar como <em><strong>Il duello</strong></em>, escrita en 1780, enlaza su acto heroico con el siguiente episodio clave de sus peripecias, empezando la narración tras su brillante ardid entre techos, embarcaciones y refugio seguro en su lucha contra la inquisición de su lugar de origen. Ambos volúmenes son el primer paso hacia el total orgasmo del sujeto como protagonista, y comparten el haber sido escritos en lengua italiana, factor que Casanova cambiará cuando se decida a escribir su gran obra, donde usará el francés, que por aquel entonces era lo más parecido a una coiné transnacional, y eso no hace sino verificar la alta estima que nuestro protagonista tenía para consigo mismo, consciente de acariciar con sus acciones la tan deseada inmortalidad.</p>
</blockquote>
<p style="text-align: justify;"><strong>Osadías, argucias y pistolas: historia de una ofensa victoriosa.</strong></p>
<p style="text-align: justify;"><a href="http://www.revistadeletras.net/wp-content/uploads//2010/05/casanova3.jpg" rel="lightbox[10803]"><img class="alignleft size-medium wp-image-10809" title="casanova3" src="http://www.revistadeletras.net/wp-content/uploads//2010/05/casanova3-224x300.jpg" alt="" width="177" height="238" /></a>Tras vagar, con mayor o menor suerte, durante una década por el Viejo Mundo, en 1766 Casanova se planta en la corte polaca de Estanislao II. Ha circulado por Francia, Inglaterra, Alemania y una serie de reinos pertenecientes a Rusia. En Varsovia se introduce en palacio con la sutileza del <em>connaiseur</em> de monarcas y rituales, coincidiendo con una antigua amante Anna Binetti, dama de proverbial belleza por la que bebe los vientos uno de los principales jerifaltes de la corona, el Conde Braniscki, prepotente y arrogante rufián que se permitirá insultar a nuestro protagonista llamándole cobarde veneciano, oportuno escarnio que en realidad sirve a Giacomo para enhebrar esta dinámica obrita donde exhibe todos sus recursos humanos para paliar su dañado honor. Por otra parte es más que probable que la escribiera para ganarse la confianza de los mandamases de la Serenísima, pues Casanova siempre se sintió inseguro entre sus muros lagunares, como si el retorno a casa tras 19 años de exilio fuera un paréntesis que, y así fue, le devolvería otra vez a deambular por Europa. Desde este punto de vista el insulto acompañado del gentilicio desencadena una doble furia: la del ser ofendido y la del nacionalista que mientras redacta, catorce años después de los sucesos narrados, piensa en salvar, otra vez su piel. Lo demostraría el uso de una tercera persona casi mayestática que incide en su origen veneciano para probar su arrojo, propio de los de su tierra.</p>
<blockquote>
<p style="text-align: justify;">
<div id="attachment_10810" class="wp-caption alignright" style="width: 189px"><a href="http://www.revistadeletras.net/wp-content/uploads//2010/05/Casanova_fr.jpg" rel="lightbox[10803]"><img class="size-medium wp-image-10810" title="Casanova_fr" src="http://www.revistadeletras.net/wp-content/uploads//2010/05/Casanova_fr-222x300.jpg" alt="" width="179" height="242" /></a><p class="wp-caption-text">Giacomo Casanova</p></div>
<p style="text-align: justify;">Lo interesante de <em>El duelo</em> es la aguda capacidad de observación del prosista, quien no ahorra detalles para sumergir al lector en la vorágine de los preparativos, el combate y los posteriores eventos que desencadenaron en otro migrar que le llevaría a dar con sus huesos en varias cárceles españolas entre 1768 y 1769. Antes de esos lances, descritos brevemente en las últimas páginas del volumen, apreciamos el estilo del italiano, consistente en informarnos de lo acaecido mientras aporta un intenso e inmenso cuadro de costumbres de su tiempo expresado mediante temáticas morales y cotidianas reflexiones que producen nuestra hilaridad, como cuando propone aplazar el duelo porque quiere que pasen los efectos de una medicina. Pòstoli, título que ostentaba su rival, no se anda con chiquillas y le dice bien claro, sabiendo tener a su favor la protección real, que el envite es inaplazable y debe realizarse con pólvora. Llegado el momento crucial, la suerte sonreirá al amante de ciento veintidós mujeres, individuo que nunca debemos comparar con Don Juan, pues el español penetraba sin querer dar placer, mientras Casanova buscaba compartir sensaciones; su individualismo era una energía ególatra que destilaba generosidad cuando se trataba de disfrutar en la cama, todo lo contrario que en la situación que describe el libro editado por Gadir, donde los disparos son balas de honrilla. Ambos contendientes salen heridos, pero la condición extranjera del héroe provoca su nueva huída con final feliz tras muchos requiebros, varias discusiones y una mediática parada en un monasterio franciscano. Tal era su fama, y sonado el combate, que la invisibilidad era imposible. Lo sorprendente, en un ambiente tan hostil, es que lograra salvar la piel y evitar una más que previsible condena. Le quisieron amputar la mano y se negó. Sanó, y aquí entra toda la parte inventiva de sus narraciones, de manera milagrosa y partió hacia otros confines, donde leyó todas las gacetas, los periódicos internacionales de la época, y remedió las afrentas subidas enfrentándose con los desinformados escribas, inocentes víctimas de su cólera obsesiva por alcanzar el lugar merecido en la constelación de su siglo, del que fue cronista y pionero en su forma de exprimir sus sensaciones para con lo que le rodeaba. Su perpetuo movimiento le hizo siamés de Immanuel Kant, filósofo que desde su estática monotonía en Konigsberg supo despojar los objetos del artificio y captar su esencia,  mientras Casanova con sus paseos se convirtió en espejo de un mundo al que superó y sobrevivió.</p>
</blockquote>
<p><strong>Jordi Corominas i Julián</strong><br />
<a href="http://corominasijulian.blogspot.com/">http://corominasijulian.blogspot.com</a></p>
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		<title>Otra América, otro espacio: &#8220;Pornotopía&#8221;, de Beatriz Preciado</title>
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		<pubDate>Tue, 25 May 2010 05:30:21 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jordi Corominas i Julián</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Pornotopía. Arquitectura y sexualidad en “Playboy” durante la Guerra Fría]]></category>

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		<description><![CDATA[Lector, es posible que seas una de tantas personas enganchadas a Mad Men. Nada que objetar. Inicios de los sesenta. Vemos a esos hombres. Muchos de ellos casados, e infieles. Luchan entre dos modelos norteamericanos. La fidelidad se impone de cara a la galería...]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">
<blockquote style="text-align: justify;">
<p style="text-align: center;"><strong><em><a href="http://www.revistadeletras.net/wp-content/uploads//2010/05/27194_1.jpg" rel="lightbox[10721]"><img class="alignright size-medium wp-image-10722" title="27194_1" src="http://www.revistadeletras.net/wp-content/uploads//2010/05/27194_1-179x300.jpg" alt="" width="146" height="245" /></a>Pornotopía. Arquitectura y sexualidad</em></strong><strong><em> en “Playboy”</em></strong><strong><em> durante la Guerra Fría.</em></strong> Beatriz Preciado<br />
Anagrama (Barcelona, 2010)</p>
</blockquote>
<p style="text-align: justify;">Lector, es posible que seas una de tantas personas enganchadas a <em>Mad Men</em>. Nada que objetar. Inicios de los sesenta. Vemos a esos hombres. Muchos de ellos casados, e infieles. Luchan entre dos modelos norteamericanos. La fidelidad se impone de cara a la galería. El hechizo Hefner hace el resto entre sábanas, ligueros y sensualidad a escondidas. El hogar conyugal ya no es el nidito de amor, sino más bien una rutina de carga y descarga impuesta por la sociedad, coartada para crecer y guardar las apariencias para satisfacción de la moral al uso, rota por los sueños revolucionarios de un divorciado empeñado en ensalzar la soltería hacia una insólita quintaesencia: bienvenidos al universo <em>Playboy</em>, santo y seña que preludia nuestra contemporaneidad desde el interior.</p>
<p style="text-align: justify;">El 2 de agosto de 1945 terminó la Segunda Guerra Mundial. Estados Unidos despertó  soberana y agitada. Las mujeres trabajaban y pedían independencia. El matrimonio se erigió como perfecta institución que controlaba la supuesta liberalidad de los nuevos tiempos, repletos de miedo e incertidumbre. Las antiguas teorías quedaban desmontabas y se imponía instaurar un orden estable que permitiera controlar la manada. Nacionalismo y consumo, liberalización de costumbres y temor atómico. Nada se sabía entonces del efecto del <em>Baby boom</em>, como tampoco podía conocerse el futuro impacto del <em>rock and roll </em>en las mentes jóvenes, asustadas y rebeldes por lo pacato del país que las vio nacer, conservador hasta la médula y consciente de instaurar unos mecanismos dominantes basados en el bienestar de las masas, satisfechas por ir de casa al trabajo en su vehículo, comprar en grandes superficies y sentirse poderosas por tener en los bolsillos un buen fajo de billetes.</p>
<p style="text-align: justify;">
<p style="text-align: justify;">
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<div id="attachment_10723" class="wp-caption alignleft" style="width: 194px"><a href="http://www.revistadeletras.net/wp-content/uploads//2010/05/marilynplayboyL.jpg" rel="lightbox[10721]"><img class="size-medium wp-image-10723" title="marilynplayboyL" src="http://www.revistadeletras.net/wp-content/uploads//2010/05/marilynplayboyL-243x300.jpg" alt="" width="184" height="226" /></a><p class="wp-caption-text">Imagen © Playboy</p></div>
<p style="text-align: justify;">Esa atmósfera de exuberante conformismo insinuaba otras formas de vida. En 1953 Hugh Hefner era un empresario esperanzado. Lanzó el primer número de su célebre revista con una portada histórica que esquivó  las garras de la censura y propició el nacimiento de un nuevo modelo heterosexual tocando pocas pero precisas teclas. Muchos desdeñan el mito <em>Playboy</em> porque consideran que la famosa publicación es un simple compendio de chicas desnudas para calentar al personal. <strong>Beatriz Preciado</strong> nos demuestra en <em><strong>Pornotopía</strong></em>, finalista del Premio Anagrama de Ensayo 2010, que las intenciones del magnate del pijama iban mucho más allá.</p>
<blockquote style="text-align: justify;">
<p style="text-align: justify;"><strong>Del ciervo al conejo: arquitectura masculina al servicio del placer</strong></p>
<p style="text-align: justify;">La América de los cincuenta era una voraz perseguidora de lo heterodoxo- homosexuales, comunistas y disidentes- que favorecía un machismo instalado en la perpetua estabilidad de la tradición. La mujer era la reina del hogar, y poco importaba que un albor de independencia atizara positivamente el aire femenino. Hefner estaba en desacuerdo con esos postulados y a través de su publicación lanzó una sutil campaña que creó un turbulento territorio paralelo en ese supuesto remanso de paz. Entendió que toda la pantomima del hombre ciervo, cazador que nutre a la familia tras satisfacer sus impulsos reprimidos, merecía ser alterada a favor del conejo, libre y sin obligaciones directas para con el clan. De la caza mayor a la caza menor, de la escopeta a la gozosa seducción, hedonismo que planteaba un consumismo con otras alas, destinado al hombre soltero, capaz de disfrutar desde parámetros que tumbaran el secular dominio de las damas entre las cuatro paredes de cualquier casa.</p>
<p style="text-align: justify;">
<div id="attachment_10726" class="wp-caption alignright" style="width: 142px"><a href="http://www.revistadeletras.net/wp-content/uploads//2010/05/playboy.jpg" rel="lightbox[10721]"><img class="size-medium wp-image-10726" title="playboy" src="http://www.revistadeletras.net/wp-content/uploads//2010/05/playboy-194x300.jpg" alt="" width="132" height="204" /></a><p class="wp-caption-text">Imagen © Playboy</p></div>
<p>Hefner era, y es, un maniático del interior. Raras han sido las ocasiones en las que se ha prodigado en visitas exteriores, pues siempre ha circulado entre sus dominios y posesiones sin pisar la calle. Una habitación es más que suficiente para recrear las urgencias de lo masculino, y <em>Playboy</em> fue el primer escaparate de este <em>way of life</em>, humano y cercano desde la oficina, donde introdujo el concepto de <em>The girl next door</em> con sus propias trabajadoras, fuente de orgías, juegos, contactos y disparates. <em>Playboy</em> era la única empresa donde tener relaciones con los empleados suponía ascender. La revista regalaba maravilla con unas ilustraciones, indiscutibles herederas de las <em>Pin-ups</em>, que no asustaban y generaban empatía en el lector. Chicas normales, desnudas pero próximas en su pose, féminas ideales, perfectas imágenes de masturbación al lado de la cama del apartamento habilitado con todas las comodidades deseables: minibar, música de alta fidelidad, una cocina oculta, buena literatura, una pipa y una compañera de quita y pon que saciara los impulsos sexuales. Las cosas, sí, ese vocablo impronunciable en la escuela, suplieron a la ama de casa.</p>
<p style="text-align: justify;">¿Machista?</p>
<p style="text-align: justify;">
<div id="attachment_10727" class="wp-caption alignleft" style="width: 182px"><a href="http://www.revistadeletras.net/wp-content/uploads//2010/05/vikki_dougan.jpg" rel="lightbox[10721]"><img class="size-medium wp-image-10727" title="vikki_dougan" src="http://www.revistadeletras.net/wp-content/uploads//2010/05/vikki_dougan-177x300.jpg" alt="" width="172" height="292" /></a><p class="wp-caption-text">Vikki Dougan (Foto © Playboy)</p></div>
<p>Sí, a la par que revolucionario. El antiguo leñador, prototipo de un norteamericano desaparecido, cuidaba su aspecto y navegaba por lo urbanita enfundado en su caro traje. Eso era para la clase media de entonces, Hefner, a medida que su emporio fue creciendo, entró en otra dimensión. La imagen es la clave del proceso en este inmenso salto de la cultura popular. Las cámaras invadieron sus mansiones para mayor gloria de los <em>reality shows</em>, herederos de esa esencia. Surgieron clubes en todas las ciudades importantes del planeta. Y el hombre que engendró esa locura vivía aislado, solo en una mansión donde desdibujaba la frontera de lo público y lo privado mientras desafiaba la opulencia, falsa al estar impregnada de una sufrida ética del sacrificio, con opulencia y horizontalidad. Su gran parque temático, coetáneo de Disney e inspirador de Graceland y Neverland, ignoraba la mesa de trabajo y expresaba poder desde la cama en todas sus vertientes, laborales y erótico-festivas. Hefner transcurrió los sesenta instalado en su lecho consumiendo anfetaminas como sus compatriotas, con la gran diferencia que él no salía de su regio palacio mientras decidía desde el sitio destinado a Morfeo, metamorfoseado en oficina, fuente de sexo a raudales y espacio multiusos de un hiperactivo insomne por la droga. Años después, ya mayor, el genio espigado confesó sufrir problemas lumbares tras pasar largas horas estirado en su suave cetro. No era uno de esos reyes medievales que recibían a sus súbditos en la cama, pero casi. Desde sus aposentos coordinaba su inabarcable esfera de actividades que se extendía hasta comprender un jet privado con el emblema del conejo, múltiples clubes, castillos hedonistas, programas televisivos y un infinito surtido que en realidad era una caverna transgresora de las convenciones. La división de espacios perdió el sentido y su baraja se llenó del todo en uno, casa y burdel, plató y sala de baile, despacho ejecutivo y perpetua fuente de información global.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify;"><strong> </strong></p>
<div id="attachment_10725" class="wp-caption alignleft" style="width: 207px"><strong> </strong><strong><a href="http://www.revistadeletras.net/wp-content/uploads//2010/05/Playboy1.jpg" rel="lightbox[10721]"><img class="size-medium wp-image-10725" title="Playboy1" src="http://www.revistadeletras.net/wp-content/uploads//2010/05/Playboy1-239x300.jpg" alt="Foto © Playboy" width="197" height="247" /></a></strong><p class="wp-caption-text">Foto © Playboy</p></div>
<p><strong>El fin del Imperio y sus consecuencias: <em>Still watching you</em></strong></p>
<p style="text-align: justify;">
<p style="text-align: justify;">
<p style="text-align: justify;">A sus ochenta y tantas primaveras Hefner sigue retozando con veinteañeras ligeras de ropa. El empresario ha cedido y ahora es su mito el que predomina. Desde mediados de los ochenta muchos de sus locales cerraron. Todo lo que él ayudó a crear se transmitía desde otras circunstancias. La era Reagan le perjudicó y fue la antesala de la catástrofe, consecuencia del auge de las nuevas tecnologías. ¿Tiene sentido consumir la macropornotopía <em>Playboy</em> en la época del sexo de pago por Internet, webcams, youporn y burdeles praguenses, <em>Great Sister</em>, gratis con cámaras 24 horas? El Imperio se desmorona contento al haber ganado la partida en la tendencia, el placer como máxima divisa de la sociedad de consumo, y lo audiovisual, como demuestran los mil  y un <em>realities</em> que atosigan nuestras pantallas, la vida en directo, paradigma televisivo del siglo XXI. Sin embargo, la única y última derrota de Hefner puede analizarse por su descuido, lógico y comprensible, con lo inmaterial. El chico crecido en Chicago avanzó en la época de lo sólido, no podía esperar que la ausencia de tacto propiciara tanto éxito en el 2000 entre ordenadores y otros servicios a los que nos hemos acostumbrado y que han supuesto un fuerte descenso de sus activos, compensado por el fenómeno del mito Hefner, ilustrado y escrito en una biografía de coleccionista que algunos consideran la obra definitiva para entender la pasada centuria, donde este americano hizo de la vigilancia un espectáculo y permitió, sin saberlo, que su universo de <em>Playmates</em> fuera la tentadora antesala de esa deleznable cámara que nos controla en la superficie y en la red.</p>
<p><strong>Jordi Corominas i Julián</strong><br />
<a href="http://corominasijulian.blogspot.com/">http://corominasijulian.blogspot.com</a></p>
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		<title>El balneario crítico en el disparate: &#8220;El complejo de dinero&#8221;, de Franziska von Reventlow</title>
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		<pubDate>Mon, 03 May 2010 12:43:45 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jordi Corominas i Julián</dc:creator>
				<category><![CDATA[Críticas]]></category>
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			<content:encoded><![CDATA[<blockquote>
<p style="text-align: center;"><em><strong><a href="http://www.revistadeletras.net/wp-content/uploads//2010/05/el-complejo-de-dinero.jpg" rel="lightbox[10106]"><img class="alignright size-medium wp-image-10107" title="el complejo de dinero" src="http://www.revistadeletras.net/wp-content/uploads//2010/05/el-complejo-de-dinero-192x300.jpg" alt="" width="146" height="229" /></a>El complejo de dinero</strong></em>. Franziska von Reventlow<br />
Traducción de Richard Gross<br />
Periférica (Cáceres, 2010)</p>
</blockquote>
<p style="text-align: justify;">
<p style="text-align: justify;"><em>“Fraternizamos con otros quebrados y estamos rodeados de gente que habla de hipotecas, valores inmobiliarios, acciones, depósitos robados, títulos seguros o inseguros. Todo el ambiente ha adquirido una nota capitalista, sobremanera benefactora”.</em></p>
<p style="text-align: justify;">¿Les suena la cantinela? Quítenle sobremanera benefactora y el panorama se asemejará notablemente al de nuestro tiempo. Karl Marx siempre tan sabio. La historia se repite y la cita que abre este artículo tiene ya casi cien años. Cosas del capitalismo y sus malditos ciclos. Los seres humanos nacen, se reproducen, mueren y desaparecen. Las crisis económicas vuelven y repiten esquema. Las nuevas generaciones no aprenden de errores pasados y por eso algunos buenos editores pueden publicar obras tan actuales, y hablamos de una novela de 1916, como <em><strong>El complejo de dinero</strong></em> de <strong>Franziska von Reventlow</strong>, perfecta metáfora de una concepción del desastre que supone el descalabro monetario en un universo cínico que se ha acostumbrado y adaptado a las <em>delicias</em> del sistema. Ahora que todos somos clase media, la melodía de la escritora alemana produce una risa sardónica desde su tumba, agridulce advertencia, canto a la vida y crítica a la inconciencia del desenfado expresado en forma de vacuo derroche, símbolo de una ruleta que nunca se para e impone el juego como falsa ilusión de supervivencia para seguir dando la razón a Quevedo.</p>
<p style="text-align: justify;">
<div id="attachment_10108" class="wp-caption alignleft" style="width: 240px"><a href="http://www.revistadeletras.net/wp-content/uploads//2010/05/Reventlow_1908.jpg" rel="lightbox[10106]"><img class="size-medium wp-image-10108" title="Reventlow_1908" src="http://www.revistadeletras.net/wp-content/uploads//2010/05/Reventlow_1908-300x292.jpg" alt="" width="230" height="223" /></a><p class="wp-caption-text">Franziska von Reventlow</p></div>
<p style="text-align: justify;">Money can’t buy me love? ¡No! Money, that’s what I want encaja más con la personalidad de la protagonista, una acomodada joven que vive con envidiable libertad hasta que, algo que siempre sucede de repente, rescisiones, embargos y acreedores se juntan para incrementar su obsesión con el vil metal. Resulta que sus problemas ocurren en el momento álgido del psicoanálisis, por lo que no es extraño que un amigo le recomiende un buen tratamiento en el diván de un sanatorio en el norte de Italia, habitual lugar de veraneo para un nutrido grupo de la burguesía europea de la <em>Belle époque</em> que en el manuscrito recientemente editado por Periférica está representada por un variopinto grupo de caracteres díscolos e ingenuos, hombres y mujeres a los que poco o nada les importa curarse, obcecados como están con sus delirios de grandeza, planes de futuro y amoríos que la narradora expone a cuentagotas  en sus epístolas para mantener la intriga y dar a conocer los detalles paulatinamente, respetando así la fiabilidad del paso de las hojas del calendario como modo idóneo para una percepción completa de las situaciones expuestas.</p>
<blockquote>
<p style="text-align: justify;">Quien recibe las cartas es una tal María, nosotros, destinada a sorprenderse con las batallitas de su amiga, rodeada de bichos raros: Un profesor no numerario, un chico que necesita un abrigo, un antiguo amigo, un millonario ruso, su futura prometida y el estúpido de negro, el más listo de la cuadrilla, dedicada a usar el centro de salud desde anómalas perspectivas que nos encantan, transformándolo en un balneario inútil donde se come de maravilla, se bebe en la terraza y se duermen las resacas. Además, claro está, estos seres rebosan energía y emprenden proyectos petrolíferos,  marchan de su benéfica cárcel, retornan y la vida sigue igual, en ese vacío que implica elegir un centro de acción donde sólo se espera, pues esa es una de las claves, la espera de todos y cada uno de ellos enfocada al mañana y a los resultados, siempre económicos, siempre tragicómicos por lo disparatado del baile de las marionetas encadenadas a lo pecuniario. María lee y se troncha. Sí, su queridísima amiga espera en esa pausa genovesa noticias sobre una herencia, y el Mercurio que debe traérselas es su marido, un tipo del que apenas sabe nada, con el que sólo comparte eso, el repartimiento de bienes de un muerto que les debe dar dinero, con el que las enfermedades se solucionarían y la felicidad llenaría el cielo.</p>
</blockquote>
<p style="text-align: justify;"><strong> </strong></p>
<div id="attachment_10109" class="wp-caption alignright" style="width: 190px"><strong><a href="http://www.revistadeletras.net/wp-content/uploads//2010/05/20070119125850856_1.jpg" rel="lightbox[10106]"><img class="size-full wp-image-10109" title="20070119125850856_1" src="http://www.revistadeletras.net/wp-content/uploads//2010/05/20070119125850856_1.jpg" alt="" width="180" height="218" /></a></strong><p class="wp-caption-text">Franziska von Reventlow</p></div>
<p><strong>El ojo irónico en contraposición a la gravedad del espacio: las manías y los entresijos.</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Una de las particularidades más hermosas de ser un lector voraz es la capacidad que tienen los manuscritos de evocar pequeñas cajas de antiguas palabras que guardamos en el cerebro. Al principio de mi lectura la geografía y el espacio me recordaron a <em>La señorita Else</em> de Arthur Schnitzler. Ambiente transalpino, círculo cerrado. El autor de <em>Relato soñado</em> enmarcaba la acción en un hotel, pero la tensión nerviosa de la narración, con una mujer delirando entre dificultades familiares de cariz económico, apelaba más a un tipo de ambiente muy típico de la narrativa centroeuropea del primer tercio del siglo XX: el reposo que genera angustia, el estatismo de los mil y un sanatorios que poblaban el Viejo Mundo antes de la catástrofe. Podemos apreciar tal contexto en monumentos como <em>La muerte en Venecia</em> o <em>La montaña mágica</em> de Thomas Mann, donde el reloj sigue marcando las horas mientras la sensación de tiempo congelado sobrevuela el horizonte con un tono trágico que anuncia el fin de una era desde las coordenadas de una tranquila opulencia que se resiste a morir por desdén a la Historia, por no entender el mal causado por querer abarcar mucho y pensar que la eternidad del bienestar era sencilla.  Otros relatos del período captan la misma idea dándole un vértigo superior en ritmo, aunque no en calidad. Me sorprendió intuir que <em>El complejo del dinero</em> viajaría hacia Monte Carlo, y mientras mi cabeza acariciaba la idea evoqué al instante <em>Veinticuatro horas en la mujer</em> de Stefan Zweig. ¿Por qué? Los billetes de las mayores fortunas iban al paraíso monegasco en busca del éxito en el Casino. El lugar de reposo y la sala del rojo y el negro fueron dos buques insignia de aquellas elegantes personas con la capacidad de invertir grandes cantidades en ocios de rompe y rasga. La <em>Jet set</em> del continente se unía en sitios selectos apartados de la realidad, balsas de aceite donde seguir en una próspera alienación sin pies en el suelo. Esta frivolidad es una de las señas de identidad de <em>El complejo del dinero</em>, lo que cambia en relación a los pilares literarios que he mencionado en estas páginas es su tono, que no busca ese aire trágico, sino más bien lo contrario, porque desde el principio vemos la verde manía de la protagonista como una mordaz crítica a la decadencia de la no renuncia, al ocaso  de cerrar los ojos y seguir acelerando para no despertar del sueño. Los acaudalados residentes del sanatorio aman demasiado la burbuja en la que han crecido e ignoran el ridículo que causan en la mirada externa. Lo grotesco de su actitud los asimila a esos señores de etiqueta que abandonan los últimos una fiesta a altas horas de la madrugada, son los chicos para los que toca la orquestra de los compases finales de <em>La notte</em> de Michelangelo Antonioni, entes ausentes, invisibles quijotes que bien podrían dibujarse o proyectarse en telas y celuloides del expresionismo alemán. La diferencia, la revelación, es que Franziska von Reventlow trata la cuestión metiendo el dedo en la llaga, con una contundente poética que prescinde de superfluos lirismos y revienta el grano con  vocablos esenciales, desnudando oropeles y ciñéndose a los pilares del edificio, terminología económica a la que nos hemos habituado por decreto de crisis, léxico que sólo surge cuando la cosa se pone fea, vocabulario reservado a la oligarquía que emerge cuando el temible déficit, la desbocada inflación y las impagadas hipotecas inundan la cotidianidad para asustarla. La intención de la narradora se puede contemplar desde una visión esperpéntica, mezcla de vestido nuevo del Emperador y una <em>Luces de Bohemia</em> de alta alcurnia, sin callejón del gato porque lo cóncavo, lo deforme, está en el interior de los protagonistas, cuya alma es bien conocida por la autora, quien seguramente en el momento de escribir la novela aprovechaba los beneficios de su matrimonio de conveniencia con el barón Alexander von Rechenberg-Linten, lo que nos llevaría a concluir que el feminismo que impregna parte del relato es terapia de autenticidad para combatir los sinsabores de casarse para sobrevivir, luz de claroscuro en una mujer que para avanzar en lo que amaba tuvo que claudicar y ceñirse a convenciones en lo sentimental, duro camino desde su rebeldía que daría a la obra que acabamos de comentar una profundidad especial al exhibir las armas del enemigo para desenmascararlo y juzgar lo económico como un cáncer que trasciende su influencia hasta provocar el colapso del cuerpo al saturar todos sus órganos.</p>
<p><strong>Jordi Corominas i Julián</strong><br />
<a href="http://corominasijulian.blogspot.com/">http://corominasijulian.blogspot.com</a></p>
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		<title>XXII Editores: Jan Martí</title>
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		<pubDate>Wed, 21 Apr 2010 13:12:03 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jordi Corominas i Julián</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Proseguimos después de una pausa con nuestro recorrido por el sector editorial independiente a través de algunos de sus editores más destacados. Le toca el turno a Jan Martí, fundador de Blackie Books que, en pocos meses, se ha hecho con un importante lugar entre los sellos más relevantes de los últimos tiempos. La charla estuvo conducida por Jordi Corominas i Julián.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">Proseguimos después de una pausa con nuestro recorrido por el sector editorial independiente a través de algunos de sus editores más destacados. Le toca el turno a Jan Martí, fundador de Blackie Books que, en pocos meses, se ha hecho con un importante lugar entre los sellos más relevantes de los últimos tiempos. La charla estuvo conducida por Jordi Corominas i Julián.</p>
<p style="text-align: justify;">
<p style="text-align: center;"><a href="http://www.revistadeletras.net/wp-content/uploads//2010/04/XXII-Jan-Martí.jpg" rel="lightbox[9688]"><img class="size-medium wp-image-9703   aligncenter" title="XXII - Jan Martí" src="http://www.revistadeletras.net/wp-content/uploads//2010/04/XXII-Jan-Martí-300x67.jpg" alt="" width="393" height="87" /></a></p>
<p style="text-align: justify;">
<div id="attachment_9689" class="wp-caption alignleft" style="width: 330px"><a href="http://www.revistadeletras.net/wp-content/uploads//2010/04/Blackie.jpg" rel="lightbox[9688]"><img class="size-medium wp-image-9689" title="Blackie!" src="http://www.revistadeletras.net/wp-content/uploads//2010/04/Blackie-300x219.jpg" alt="" width="320" height="225" /></a><p class="wp-caption-text">Foto © Cristian Rodríguez</p></div>
<p style="text-align: justify;">En un alarde de puntualidad ayurvédica paseo sin querer por los lugares del crimen de Carmen Broto, crónica negra antes de aterrizar en el gracienco Carrer de la Iglesia, donde la entrada a la nave de <strong>Blackie Books</strong> me hace pensar inmediatamente en mataderos y vampiras del Raval, como si entrara en un siniestro edificio decimonónico. El ascensor, una cápsula comprimida que casi encasilla mi cabeza con el techo, me transporta a una película de espías que al salir al cuarto piso, como por arte de magia, me brinda la tentación de abrir una puerta y ver un exterior industrial, escenario de crónica negra que no guarda relación con la editorial que visito. Me recibe Alice, bajamos a la Plaça de la Virreina, pedimos unas copas en una terraza y pulso el botón de Play mientras <strong>Jan</strong> <strong>Martí</strong> remueve su carajillo ronpujolero.</p>
<p style="text-align: justify;">
<blockquote style="text-align: justify;">
<p style="text-align: center;"><strong>A modo de test&#8230;</strong></p>
<p><strong>¿Cuándo decidiste ser editor y por qué?</strong></p>
<p>No soy editor porque aún no sé qué significa. Lo que sí hice fue montar una editorial, Blackie Books. Lo hice tras currar unos años en otras editoriales y ver que el oficio no era difícil. No era difícil, pero lo estaban convirtiendo en algo un poco demasiado aburrido, esquemático, organizado. Básicamente, muchos se habían olvidado de que se trataba de LIBROS, y de gente que los lee.</p>
<p><strong>¿Cuál es el criterio principal de tu catálogo?</strong></p>
<p>El criterio no sabemos cuál es. Queremos que cada libro que publiquemos nos guste mucho, y nos apetezca muchísimo proponerlo, como cuando te apetece mucho que un colega o una chica que te gusta escuche tu disco preferido. Cuando algo te gusta mucho la primera reacción siempre es querer compartirlo. Es más o menos eso. No nos inquieta si el libro no es una novedad, si el autor es de aquí o de fuera, si está vivo o muerto, si es ficción o ensayo, si es para niños o mayores (son más o menos lo mismo)… de todo pero no cualquier cosa, dijimos una vez.</p>
<p><strong><a href="http://www.revistadeletras.net/wp-content/uploads//2010/04/Do-it.jpg" rel="lightbox[9688]"><img class="alignright size-medium wp-image-9693" title="Do it!" src="http://www.revistadeletras.net/wp-content/uploads//2010/04/Do-it-202x300.jpg" alt="" width="190" height="280" /></a>¿Primer libro publicado?</strong></p>
<p>El <em>Do it!</em> de Jerry Rubin. Y no por casualidad. Publicar ese libro como primera referencia significa algo. No se qué exactamente, supongo que algo que tiene que ver con cierta constatación y cierta actitud como respuesta. Y con el sentido del humor.</p>
<p><strong>¿El libro más difícil? (de editar, de conseguir, de vender&#8230; interpretación libre).</strong></p>
<p>Con <em>El tutú</em> había una dificultad: no supimos, hasta después de editarlo, si era verdad que era un libro de 1891 o no. Al final resultó que sí, y que hasta hay un único ejemplar localizable en una librería en el barrio de Saint Germain, en París. Pero no era lo mismo estar publicando un hallazgo del siglo XIX que una jugarreta de un (gran) imitador de los años ’60. Al final todos contentos. Respondo a esta pregunta desde París, por cierto; en media hora voy a ir a ver el libro. Le haré fotos, por si acaso.</p>
<p><strong>¿Qué libro te hubiera gustado publicar y has debido rechazar? (por estar ya editado, por problemas de derechos, por no encajar en tu colección&#8230;).</strong></p>
<p>Me gustó mucho (y recomiendo) <em>Dios ha muerto</em>, de Ron Currie. Lo compré en San Francisco e intenté enseguida hacerme con los derechos, y cuando estaba a puntito de conseguirlo se interesó otra editorial grande contra la que no pude competir (ni por asomo). Hubo una jugarreta ahí, pero bueno, lo he comprado esta mañana en el aeropuerto y me gusta casi tanto como si fuera de Blackie.</p>
<p><strong>¿Qué te impulsa a publicar un libro, además de verlo en tu catálogo?</strong></p>
<p>Pensar que nos forramos vendiéndolo y que por fin podemos comprarnos ese chalet en Torrevieja. Pensar en estar leyendo ese libro en la piscina del chalet, hecha por encargo en forma de perrito, sentados en un sillón inflable hiper-hortera. Eso, y otras cosas que no diré para no desvelar nuestros trucos.</p>
<p><strong>¿Qué te impide publicar un libro?</strong></p>
<p>Que sea malo, o aún peor, oportunista. O aún peor, cobarde.</p>
<p><strong>Por curiosidad: ¿Por cuántos correctores pasan tus libros?</strong></p>
<p>Dos correcciones “oficiales”, más el ojo avizor de los componentes de Blackie. En total son un montón de lecturas, pero es inevitable que se escape esa errata. Esa errata que descubres a los pocos minutos de recibir el libro ya impreso. Abres, y ahí está. Es durísimo.</p>
<p><strong>¿Libro electrónico?</strong></p>
<p>Sí, la idea no está mal, sobre todo de cara a las universidades, a los libros de apoyo, a las bibliotecas, etc. Pero que lo hagan un poco mejor, hombre, que le den un poco más al tarro, que los aparatos estos de ahora son muy feos, no aportan nada, no convencen. Solo pesan menos. Pero bueno, nadie compra un libro por el peso, ¿no? En todo caso, veo inevitable la piratería, las descargas, como con la música. Así que estoy tranquilo en ese sentido.</p>
<p><strong>Confiesa: Vas a una librería. ¿Recolocas tus libros en las mesas de novedades o en los estantes cuando no están bien visibles?</strong></p>
<p>Sí, y además tenemos una patrulla especializada en este tipo de operaciones. Nuestras mamás.</p>
<p><strong>Imagina: En unos años, debido al éxito de la editorial, te ofrecen formar parte de un grupo o venderla. ¿Qué haces?</strong></p>
<p>No, sólo la regalaría.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify;">
<p style="text-align: justify;"><strong>¿Qué hacías antes de fundar Blackie Books?</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Nací en Barcelona en 1982, a los tres años aprendí a leer y a escribir. Hijo de padres keniatas, experto en cultura guatemalteca y bailes populares kurdos, hablé latín por vez primera a los cuatro años.</p>
<p style="text-align: justify;">¡¡¡QUE NO HOMBRE, ES BROMA!!! (ahora ya no).</p>
<p style="text-align: justify;">Lo que sí que es verdad es que leí mucho de los tres a los diez años, lo leí todo, después lo dejé hasta ahora, no volví a leer mucho nunca, la literatura de mayores…</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>¿Te aficionaste a la Playstation?</strong></p>
<p style="text-align: justify;">No, a ver, los libros para mayores no me gustan, prefiero Roald Dahl, Jan Voss, Arnold Lobel. Mi <em>background</em> literario es que lo leí de los tres a los diez años.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>¿Y qué pasó de los diez a los veintiocho?</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Me gustó más la música.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>¿Y cómo volviste a sentir el gusanillo por la literatura?</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Nunca dejé de leer. Lo que me atraía era ser editor. Seleccionar, proponer.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>¿Cómo si fueras un productor musical?</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Sí, es parecido, o como si fuera un Dj o un recopilador que selecciona música. Es un filtro modesto pero necesario.</p>
<blockquote>
<p style="text-align: justify;"><strong><a href="http://www.revistadeletras.net/wp-content/uploads//2010/04/logo1.jpg" rel="lightbox[9688]"><img class="alignright size-full wp-image-9694" title="logo" src="http://www.revistadeletras.net/wp-content/uploads//2010/04/logo1.jpg" alt="" width="170" height="170" /></a>¿Y cómo llegas a fundar y dirigir Blackie? ¿Cuál es su origen?</strong></p>
<p>Trabajaba en RBA y me enganché. Hice prácticas en prensa, en la parte comercial y luego fui director adjunto. Estaba en <em>National Geographic</em>. Me pilló el gusanillo. Llegaban catálogos, revistas del extranjero y entendí el funcionamiento del proceso y me sentí capaz de montar mi propio proyecto. Me gusta mucho navegar por Internet, soy un buscador insaciable. Si ahora fuéramos a mi portátil lo encontraríamos con treinta y dos ventanas abiertas, que luego divido en ideas muy buenas, buenas o a considerar.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify;"><strong>¿De cien ideas que encuentres en una búsqueda, sólo saldrá una buena?</strong></p>
<p style="text-align: justify;">O las dejo descansar y de repente reaparecen porque alguien menciona ese nombre que guardé en una carpeta.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Como cuando algo nos activa una información estática en el cerebro durante años que vuelve e irrumpe con fuerza.</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Guardar<em> ítems</em>. Hoy recuperamos una idea que ya estaba en un correo de hace tres años. Es eso, no sólo son archivos interesantes, también son ideas, proyectos, esbozos que pueden cobrar vida.</p>
<blockquote>
<p style="text-align: justify;"><strong><a href="http://www.revistadeletras.net/wp-content/uploads//2010/04/Simpsons.jpg" rel="lightbox[9688]"><img class="alignleft size-medium wp-image-9695" title="Simpsons" src="http://www.revistadeletras.net/wp-content/uploads//2010/04/Simpsons-202x300.jpg" alt="" width="190" height="280" /></a>En este sentido temporal es interesante remarcar que en vuestro caso hay un proceso fundacional muy largo. Estabais en Facebook un año antes de publicar el primer libro, <em>Los Simpson y la filosofía</em>.</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Fue un proceso muy largo, mucho más de lo que tenía previsto. Nacimos en octubre de 2009 y en agosto de 2008 en la revista de verano de <em>EL PAIS</em> salimos en portada con  una página triple interior, algo que ahora sería impensable. No tuvo ningún tipo de sentido, y fue porque entonces cobré conciencia de todas las cosas que faltaban por pensar y hacer. Diseño, cubiertas, materiales, imprenta, distribuidora, el papeleo…</p>
</blockquote>
<p style="text-align: justify;"><strong>Intuyo que eres una persona muy detallista.</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Lo he aprendido con la música. Cuando publicas o sacas algo es un momento increíble y extraño. Quería ir con mucho cuidado, por eso tardamos más.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>No fue algo alocado, fundaste la editorial con todo muy bien amueblado, nada de Viva la Pepa</strong>.</p>
<p style="text-align: justify;">Desde 2007 quería hacerlo y tenía libros guardados. Cree y contraté cosas antes de la existencia de la editorial, lo tenía muy claro.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>¿Cuál era tu prioridad? ¿Tenías un criterio para el catálogo de Blackie?</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Eso no lo pensé, más que nada quise reunir libros que me gusten. No los pensé con un orden de salida, sólo quería publicar el <em>Do it!</em> de Jerry Rubin primero, porque me parece una declaración de actitud e intenciones de la editorial.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>De todos modos, pese a lo heterogéneo del catálogo si que se puede intuir puntos de unidad.</strong></p>
<p style="text-align: justify;">¿Sí?</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Sí.</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Ah, pues ya haré lo posible para que no se note.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Es que soy un poco puñetero.</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Sí, me has picado. (risas)</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Literatura norteamericana, sin duda.</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Me gustan mucho los Estados Unidos y su concepto de la cultura pop, entendido como algo que se puede estudiar, de manera académica, no cómo se enfoca en España.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Eliges libros de historia contemporánea reciente que la abordan desde la literatura.</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Rubin es Historia, es un manifiesto, no es literatura. Un manual contracultural. Me interesa más estar en contra del concepto novedad que impera en muchas editoriales.</p>
<blockquote style="text-align: justify;">
<p style="text-align: justify;"><strong><a href="http://www.revistadeletras.net/wp-content/uploads//2010/04/Everett.jpg" rel="lightbox[9688]"><img class="alignright size-medium wp-image-9696" title="Everett" src="http://www.revistadeletras.net/wp-content/uploads//2010/04/Everett-202x300.jpg" alt="" width="183" height="290" /></a>¿Qué consideras novedad?</strong></p>
<p style="text-align: justify;">No la novedad contemporánea, sino más bien proponer algo que no estaba en la superficie. Reproponer generaciones y presentar obras que hoy en día siguen teniendo validez, que sirven a nuestra sociedad.</p>
</blockquote>
<p style="text-align: justify;"><strong>¿Y tu labor musical te impulsa a intentar tener un catálogo de libros escritos por cantantes y obras relacionadas con el tema?</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Sí, pero es muy difícil encontrar el instante en que varias disciplinas encajan bien. <em>Cosas que los nietos deberían saber</em>,<em> </em>de Mark Oliver Everett,  no es un libro sobre música, simplemente lo ha escrito él y se dedica a esa profesión, lo que no le da más valor;  además en las librerías no está en la sección de música. No soy muy fan de las autobiografías o biografías musicales puras, tampoco tengo ídolos así a lo bestia.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Por la recepción que han tenido los libros, qué creéis, ¿tienen un espectro de público concreto, de veinte a cuarenta y cinco años, o es flexible?</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Es bastante flexible, aunque no hemos llegado a todo el mundo, y deberíamos subsanarlo.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Pese a ello, los mismos nombre de los autores, véase el caso de Werner Herzog, acercan vuestras publicaciones a un abanico muy amplio de lectores, que además pueden sorprenderse al encontrar algo diferente, no lo qué esperaban de ese nombre.</strong></p>
<p style="text-align: justify;"><a href="http://www.revistadeletras.net/wp-content/uploads//2010/04/El-tutú.jpg" rel="lightbox[9688]"><img class="alignright size-medium wp-image-9698" title="El tutú" src="http://www.revistadeletras.net/wp-content/uploads//2010/04/El-tutú-202x300.jpg" alt="" width="193" height="290" /></a>No puedo saber qué esperaban. En el caso de <em>Do it!</em> es para dos generaciones, la que lo vivió y la actual, la que ahora quiere quejarse u observar cómo se quejaban cuando lo hacían de verdad. <em>El tutú</em> también es para todos y <em>Los Simpson y la filosofía</em> también cumple esas premisas. No tiene ningún sentido limitarse en el target de público. Nuestro diseño de las cubiertas tampoco definen ese aspecto.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Vuestras cubiertas son muy especiales. ¿Vuestra idea es tratar el libro como un todo?</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Por supuesto. Lo que se desea es que la gente se acerque al libro. El modo más directo es hacer que el volumen sea bonito, apetitoso y suculento.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Pero ya con la tapa dura y el tipo de diseño le da una especie de plus, como si vuestras publicaciones tuvieran algo de artesanal.</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Pensamos mucho en el diseño, lo queríamos bonito y original. Libros que después de su lectura merezcan ser conservados o regalados. Si te fijas, su tacto es diferente.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Sí, lo palpas y lo notas. Además la tapa dura seguramente también se puede relacionar con la idea de tratar el pop de manera académica, no en plan pop de usar y tirar.</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Efectivamente. Y está bien remarcarlo porque es una etiqueta peligrosa y hay que delimitarla muy bien.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Conviene matizarlas porque ahora todo el mundo se atribuye el adjetivo pop.</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Sí, y ser pop no es cómo se escribe, puede tener origen en el contexto y hasta de la recepción que tenga el libro en un momento histórico, <em>El tutú</em> (ndlr, una obra de 1891) también es pop.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Una determinada actitud cultural sin tener en cuenta la época en que suceda.</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Eso es. Somos flexibles. Reunir libros de cualquier época, tema y género. La línea debe ser variada. Nuestros libros no tienen ninguna relación entre ellos, la cuestión es identificar el sello con ellos.</p>
<blockquote>
<p style="text-align: justify;"><strong><a href="http://www.revistadeletras.net/wp-content/uploads//2010/04/Conquista-de-lo-inútil.jpg" rel="lightbox[9688]"><img class="alignleft size-medium wp-image-9697" title="Conquista de lo inútil" src="http://www.revistadeletras.net/wp-content/uploads//2010/04/Conquista-de-lo-inútil-198x300.jpg" alt="" width="177" height="266" /></a>Otro aspecto destacable son las ilustraciones. Se nota una preocupación por integrar la ilustración con el texto, que es otra forma de ir hacia el todo. ¿Cómo enfocáis la cuestión del diseño?</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Tenemos un diseñador y desde el principio hablamos con él, lo escuchamos, nos reunimos muchas veces y pasamos horas hablando sobre la cubierta y lo que queremos decir con ella. En el caso de <em>La conquista de lo inútil</em>, de Werner Herzog, podíamos poner el barco y quedarnos tan tranquilos, pero optamos por una portada bonita que diera belleza al libro.</p>
</blockquote>
<p style="text-align: justify;"><strong>El concepto de libro objeto.</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Sí, y también todo el trabajo de los ilustradores. Dedicamos mucho tiempo a buscar ilustradores.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>¿Tenías alguna influencia que te inspirara en el diseño de los libros?</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Penguin es un ejemplo, porque da sentido a la colección aunque los libros no tengan relación entre ellos.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Y supongo que buscabais un diseño del texto vivo, porque los textos no son aburridos tipográficamente, dan dinamismo a la lectura.</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Sí, casi podríamos escribir la historia de los pasos que seguimos y lo que descartamos para llegar a la colección. Por ejemplo el siguiente libro podría ser uno para niños, y lo haría con tapa dura y lomo plano porque así eran los que leía cuando era pequeño. O sino un libro de ensayo sólo tipográfico, un poco como el de Herzog.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong><a href="http://www.revistadeletras.net/wp-content/uploads//2010/04/Brautigan.jpg" rel="lightbox[9688]"><img class="alignright size-medium wp-image-9699" title="Brautigan" src="http://www.revistadeletras.net/wp-content/uploads//2010/04/Brautigan-198x300.jpg" alt="" width="190" height="290" /></a>En este sentido, si bien antes lo has mencionado, Blackie no se cierra a ningún género.</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Me encantaría publicar cómics, uno o más, también libros de ilustración, tema fotográfico, libros infantiles, reproponer libros infantiles para mayores, ensayo, mezclas y hasta la novela de una página sobre Messi que inventamos antes. (ndlr: Messi, el pirómano aburrido de tanto elogio que nunca mira para atrás).</p>
<blockquote>
<p style="text-align: justify;"><strong>¿Y autores españoles?</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Es otro tema delicado. Produce mucha responsabilidad recibir manuscritos y pensar en publicar inéditos. Primero vimos cómo nos iba con traducciones y ahora ya pondremos en marcha varios libros nacionales.</p>
</blockquote>
<p style="text-align: justify;"><strong>Y aquí por fuerza debes generar una línea unitaria en la elección de temas y autores.</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Sí, es complicado, no sabría dar un nombre a nuestro criterio. Nos cuesta mucho la ficción pura inédita, conviene ir con pies de plomo con la ficción.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>¿Autores inéditos?</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Bueno, ahora sacamos <em>El incongruente</em>, un libro de Gómez de la Serna con un largo prefacio de Julio Cortázar. Más tarde sacaremos cuatro novelas de Enrique Jardiel Poncela. Hay gente que alucina con eso, pero no, somos una generación que ha superado los prejuicios guerra civilistas, no lo hemos vivido y al releer los textos de alguien marginado tras la transición pues no pienso en esos aspectos que quizá antes ocultaron su obra. Habrá recuperaciones y nuevos autores.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong> </strong></p>
<div id="attachment_9690" class="wp-caption alignleft" style="width: 208px"><strong></strong><strong><a href="http://www.revistadeletras.net/wp-content/uploads//2010/04/P1270773.jpg" rel="lightbox[9688]"><img class="size-medium wp-image-9690" title="P1270773" src="http://www.revistadeletras.net/wp-content/uploads//2010/04/P1270773-224x300.jpg" alt="" width="198" height="266" /></a></strong><p class="wp-caption-text">Foto © Cristian Rodríguez</p></div>
<p style="text-align: justify;"><strong>Es curioso que en España aun no exista la mentalidad de superar determinados estereotipos problemáticos de la Guerra Civil o la Transición, que siempre se analizan desde una óptica sufrida y escasamente crítica.</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Ayer estrenaron una producción típica sobre el tema. Desde hace treinta y cinco años se enfoca la cuestión desde el mismo modo. Por desgracia es un tema que nunca se solucionará, pero no lo analizamos desde esa perspectiva, sino más bien de cómo leemos o cómo pensamos hoy en día esos textos. Al haber nacido tras los hechos se tiene una perspectiva diferente de la cultura anterior. Y si se quiere, publicar la obra de Jardiel Poncela puede ser un buen test para ver si muchos siguen pensando con esa nostalgia que no deberíamos tener, entre otras cosas porque no somos nuestra abuela. (tras abordar el tema, nace una charla espontánea en la mesa entre Diana Hernández, Alice Incontrada, Jan Martí y servidor sobre varios casos de Estado y memoria, hasta que aparece la crítica en el diálogo y retomamos la entrevista propiamente dicha).</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>¿Dais igual importancia a la crítica de la prensa generalista que a la digital?</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Sí, estamos en un período de pruebas. Por ejemplo si un <em>blogger</em> nos pide un libro antes miramos la calidad de su web y el número de visitas. Debemos ser selectivos porque, entre otras cosas, los envíos cuestan mucho dinero. Por otra parte también salen críticas en blogs de lectores. Cada día lo controlo con Google Alerts, es bonito encontrar críticas en blogs inesperados.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Mantenéis mucho el equilibrio entre papel y red, algo propio de las editoriales independientes.</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Las editoriales grandes no pueden controlarlo, no tienen tiempo. Pasa lo mismo con Facebook. Nosotros podemos usarlo porque interactuamos, preguntamos a los usuarios, nos sirve para orientarnos y aprender, no es nuestra herramienta de difusión básica, es un gran vehículo de contacto donde recibimos propuestas, agradecimientos y todo tipo de comentarios.</p>
<blockquote>
<p style="text-align: justify;"><strong><a href="http://www.revistadeletras.net/wp-content/uploads//2010/04/Peyton-Place.jpg" rel="lightbox[9688]"><img class="alignleft size-medium wp-image-9700" title="Peyton Place" src="http://www.revistadeletras.net/wp-content/uploads//2010/04/Peyton-Place-202x300.jpg" alt="" width="190" height="290" /></a>¿Me puedes decir alguna futura novedad de los próximos meses?</strong></p>
<p style="text-align: justify;"><em>Lamentación del prepucio</em>, aunque el título quizá no es definitivo. <em>Peyton Place</em>, un <em>best-seller</em> de los años 50 con un prólogo de Boris Izaguirre. Un libro así amplia el mercado hasta una unión intergeneracional, y además es pop, y no sólo en el contexto.</p>
</blockquote>
<p style="text-align: justify;"><strong>Y una publicación así hace que la gente mayor vea que hay nuevas editoriales en el mercado que ofrecen novedades que hasta ahora sólo se podían encontrar en el rastro.</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Hay una anécdota (ndlr: aquí interviene Alice) de un librero al que un señor de 60 años le pide cada día <em>Peyton Place</em>. Señores que.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>También sacaréis uno de Warhol…</strong></p>
<p style="text-align: justify;"><em>I’ll be your mirror</em>, una recopilación de entrevistas de Warhol, entrevistas imprevisibles que permiten conocer muy bien al personaje. El libro es un testimonio directo, es él quien habla.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Al mercado español, quizá hay alguna excepción en Global Rhythm, parece haber una especie de rechazo a publicar libros de entrevistas.</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Sí, y es bastante absurdo. En el caso de Warhol sus palabras recorren tres décadas de su trayectoria.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>(&#8230;)</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Durante un momento pensamos terminar repitiendo el concepto de novedad, pero está más arriba, así que poco sentido tenia hacerlo. Seguimos un rato más bajo la amenaza del frío, nos levantamos, nos despedimos y ahora, a las 16:51 minutos del viernes 9 de abril he transcrito el diálogo, no hay más. Larga vida a Blackie Books.</p>
<p><strong>Jordi Corominas i Julián</strong><br />
<a href="http://corominasijulian.blogspot.com/">http://corominasijulian.blogspot.com</a></p>
<blockquote>
<p style="text-align: center;">
<p style="text-align: center;">Más información: <a href="http://www.blackiebooks.org/">Web de Blackie Books</a></p>
</blockquote>
<p style="text-align: justify;">
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