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	<title>Revista de Letras &#187; Richard Yates</title>
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	<description>La  Revista de críticas de libros, entrevistas, reportajes, reseñas y noticias sobre el mundo literario</description>
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		<title>&#8220;Y entonces, a las chicas sonrientes, les estalla el corazón&#8221;. Entrevista a Tao Lin</title>
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		<pubDate>Sat, 03 Sep 2011 09:35:11 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Unai Velasco</dc:creator>
				<category><![CDATA[Entrevistas]]></category>
		<category><![CDATA[Alpha Decay]]></category>
		<category><![CDATA[Richard Yates]]></category>
		<category><![CDATA[Tao Lin]]></category>

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		<description><![CDATA[Aparecida en marzo de 2011, la novela de Tao Lin "Richard Yates" (Alpha Decay) provocó, nada más salir al mercado, un interesante debate sobre lo que representaba de avance en las formas narrativas. Unai Velasco entrevista al autor para, desde lo literario, revelar algunas claves de la obra y las intenciones creativas de Tao Lin.]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">Aparecida en marzo de 2011, la novela <em><strong style="text-align: justify;">Richard Yates</strong></em>, escrita por <strong>Tao Lin</strong> (Alpha Decay) provocó, nada más salir al mercado, un interesante debate sobre lo que representaba de avance en las formas narrativas.</p>
<div id="attachment_21168" class="wp-caption alignright" style="width: 310px"><a href="http://www.revistadeletras.net/wp-content/uploads//2011/09/Tao-Lin.jpg" rel="lightbox[21167]"><img class="size-full wp-image-21168" title="Tao Lin" src="http://www.revistadeletras.net/wp-content/uploads//2011/09/Tao-Lin.jpg" alt="" width="300" height="171" /></a><p class="wp-caption-text">Tao Lin (foto: Alpha Decay)</p></div>
<p style="text-align: justify;">Al margen de la discusión, y habiendo pasado el &#8220;periodo de reflexión&#8221;, Unai Velasco entrevista al autor para, desde lo literario, revelar algunas claves de la obra y las intenciones creativas de Tao Lin.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>A los personajes de Bret Easton Ellis en <em>Less tan zero</em> parece que les hayan golpeado con un martillo en la cabeza. ¿Qué les pasa a los tuyos? Siempre se tiene la sensación de que están muy pero que muy por detrás de sus propios cuerpos. ¿Cómo consigues ese efecto?</strong></p>
<p style="text-align: justify;">El problema de la mayoría de mis personajes es que se sienten solos o están tristes. Los médicos dirían de muchos de ellos que tienen un “trastorno de angustia social”. Cuando están con más gente se ponen nerviosos y tienen miedo, sobre todo si están en una situación donde se espera que hablen, cosa que les hace sentirse alienados y solos y tristes.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Siguiendo con la comparación (¿tal vez odiosa?) con Ellis. En su caso, las actitudes desangeladas parecen una respuesta (drogas mediante) a un estilo de vida muy determinado. En tu caso, no me parece tanto una cuestión social como fisiológica, la transcripción de una enfermedad del alma. ¿Te interesa ese tipo de escritura, más europea, la de un Beckett o un Thomas Bernhard?</strong></p>
<p style="text-align: justify;">A Beckett no lo he leído demasiado pero Bernhard me gusta mucho. Lo que más me ha gustado de él ha sido <em>Tala</em>. Me identifico con el narrador de ese libro, que parece odiar a todo el mundo y también a sí mismo. Creo que mis personajes son en realidad bastante felices: están seguros que algún día encontrarán amigos y amigas y novios y novias con los que estén a gusto y que podrán hacer cosas divertidas e interesantes con estos amigos. Les gusta la gente y hay cosas que les emocionan y les gusta bromear y divertirse. Seguramente el único problema que tienen es que están siempre ansiosos y son tímidos y puede que no tengan los mismos intereses que la mayoría de la gente.</p>
<p style="text-align: justify;"><a href="http://www.revistadeletras.net/wp-content/uploads//2011/09/Richard-Yates.jpg" rel="lightbox[21167]"><img class="alignleft size-medium wp-image-21169" title="Richard Yates" src="http://www.revistadeletras.net/wp-content/uploads//2011/09/Richard-Yates-185x300.jpg" alt="" width="219" height="374" /></a><strong>Permíteme que aventure un breve análisis de tu obra. En tus obras el uso de una escritura ‘de chat’, poco compleja en su base,—me refiero ahora a prosa y poesía— parece estar al servicio de una estrategia mayor que la del mimetismo realista: automatizar el relato, serializarlo, inducir a una atmósfera de aburrimiento (que va directa al estómago del lector) e incrustar ahí una serie de sorpresas anímicas que están cerca de lo tragicómico: las figuraciones animales (el hámster en Cognitive-Behavioral Therapy, que convoca la carcajada y una ansiedad soterrada), las figuraciones surrealistas (los osos, <em>aliens</em> y delfines de <em>Eeeee, eee, eeee</em>, cuyo humor en el fondo acojona) y la figuración bobalicona (la <em>couple</em> de <em>Richard Yates</em>, cuyas tonterías nos hacen reír pero dejan un rastro triste al pasar la página o los objetos parlantes de tu poesía, en la línea de <em>¿Quién engañó a Roger Rabbit?</em>).</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Me gusta tu análisis.</p>
<blockquote>
<p style="text-align: justify;"><strong>¿Es la falta de madurez una consecuencia de la edad en Dakota y Haley o es su propia guerra preventiva?</strong></p>
<p style="text-align: justify;">No estoy seguro de que sean inmaduros. Es que realmente no sé qué significa ser maduro o inmaduro. Sé que hay gente capaz de reprimir sus necesidades y centrarse en las de los otros y creo que eso es lo que la gente entiende por madurez. Si es así creo que Dakota Fanning es muy madura pero también, hasta cierto punto, sumisa. Siguiendo esta definición, Haley Joel Osment es más inmaduro que Dakota Fanning. Pero no pienso en ellos como personas inmaduras. Creo que los dos están intentando cambiar mucho en poco tiempo, y eso es difícil. Si jugasen a <em>baseball</em> tendrían agujetas cada día y tendrían entrenadores que les gritarían, pero la gente vería eso como algo positivo. Yo veo su relación de igual manera que les vería entrenar para conseguir algo difícil. Los dos quieren algo positivo -dejar de mentir, comer sano, hacer lo que dicen, hacer feliz al otro- y están muy centrados en conseguir sus objetivos. La novela acaba en el clímax de esa lucha, seguramente. Si la novela tuviera cien páginas más el lector quizá descubriría que los dos personajes son más felices y que hasta cierto punto han cumplido sus objetivos.</p>
</blockquote>
<p style="text-align: justify;"><strong>En la línea del estilo serializante que te comentaba, <span style="text-decoration: underline;"><a href="http://vicenteluismora.blogspot.com/2011/03/despertando-del-sueno-tao-lin.html" target="_blank">Vicente Luis Mora escribió un texto largo</a></span> (que creo que leíste) donde se preguntaba por el recurso de nombrar a los personajes de <em>Richard Yates</em> siempre por su nombre y apellido. ¿Podemos enmarcar esa decisión en ese primer tratamiento (llamémosla fase de filtros) de distanciamiento, para que el lector (como aventura Mora) nunca pueda lograr una empatía cálida con ellos?</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Simplemente me pareció divertido que esos fueran sus nombres. Cuando leo el libro soy consciente que los personajes han de tener un nombre, pero tanto me da cuál sea, porque representan personajes. Los nombres podrían ser 2093182 y 5820193, que el libro, para mí, sería el mismo. Si la gente me llama John o Mike o Júpiter o Ulises sigo siendo yo mismo, sigo siendo cualquiera que sea el efecto que hago sobre el mundo, sigo siendo lo que digo y lo que hago y lo que pienso y lo que siento. Al ponerles nombres de gente famosa más o menos estoy diciendo que no importa mucho el nombre que les pongas. Pero tienen que tener nombres. Así que escogí algo gracioso y un poco arriesgado. No quiero que la gente no pueda empatizar con mis personajes.</p>
<blockquote>
<p style="text-align: justify;"><a href="http://www.revistadeletras.net/wp-content/uploads//2011/09/Yates.jpg" rel="lightbox[21167]"><img class="alignright size-medium wp-image-21170" title="Yates" src="http://www.revistadeletras.net/wp-content/uploads//2011/09/Yates-220x300.jpg" alt="" width="164" height="224" /></a><strong>Al hilo de mis suposiciones, yo no diría que tu estilo sea minimalista. Más bien lo emparentaría con los usos barrocos de la sugestión ilusoria (¿acaso la profundidad de la escritura ‘de chat’ no es una forma de trampantojo?) y con su retórica de la empatía piadosa (todas esas ‘chicas marchosas’ y las ‘expresiones faciales neutras’ son caracterizaciones verdaderamente tristes)…</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Creo que he utilizado dos estilos diferentes. Diría que tanto en <em>Richard Yates</em> como en <em>Shoplifting from American Apparel</em> (que Alpha Decay publicará en breve, creo) el estilo se basa en utilizar palabras específicas y evitar abstracciones y que el texto sea fácil de leer y que haya también una variedad en las frases para que sea interesante. En otros libros he usado estilos que incluyen frases largas, guiones, punto y comas, abstracciones, fragmentos de frases, etcétera.</p>
</blockquote>
<p style="text-align: justify;"><strong>En <em>Richard Yates</em> hay un problema muy chungo de comunicación cuya ejecución es siempre problemática: la presencia ausente. Ya sea en las conversaciones de chat, donde no hay posibilidad para el abrazo, mientras que el cara a cara no nos asegura nada sobre la verdad, y la mentira entre la pareja acecha continuamente. ¿Es<em> Richard Yates</em> una novela sobre la incomunicación con el otro? ¿Estamos tan jodidos?</strong></p>
<p style="text-align: justify;"><em>Richard Yates</em>, para mí, es una novela sobre dos personas que se gustan mucho pero que, como todas o casi todas las relaciones, tienen problemas, problemas que intentan solucionar. Creo que sus problemas son únicos, pero también creo que todos los problemas son únicos. La veo simplemente como una novela sobre dos personas que se gustan; podría transcurrir en Australia o en el año 200 a. C. o en el 20.000 d. C., en la luna o en Rusia.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>¿Cuál es la relación entre tu poesía y tu prosa? ¿Qué poetas te interesan? ¿Hay alguna influencia particular en tus dos poemarios?</strong></p>
<p style="text-align: justify;">No sé si se relacionan de algún modo. Sólo veo que las dos salen de mi cerebro. Me gustan Matthew Rohrer, Michael Earl Craig, Ben Lerner y los que he publicado en <span style="text-decoration: underline;"><strong><a href="http://muumuuhouse.com" target="_blank">muumuuhouse.com</a></strong></span>. No creo que en mi primer poemario haya una influencia directa de otro libro en particular. En el segundo estuve muy influenciado por <em>A Green Light</em> de Matthew Rohrer y por la poesía de Ben Lerner.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Hablaba antes de lo tragicómico, aunque quizá es más adecuado hablar de una ingenuidad muy blanca, veraniega, que se precipita hacia lo siniestro. Esta idea está muy bien captada, sobre todo, en los delfines y en los <em>aliens</em> asustados de <em>Eeeee, eee, eeee</em>. Uno piensa en los <em>Rabbits</em> de David Lynch. ¿Te interesa esa ambivalencia casi emo del surrealismo?</strong></p>
<p style="text-align: justify;">No recuerdo los conejos de Lynch. No intento pensar en qué palabras definen mis libros. Me centro en escribir y dependiendo de mi estado de ánimo parecerá alegre, triste, surrealista, irreal, aburrido, salvaje, emocionante o cualquier otra cosa. No tengo una única postura sobre ello y creo que seguramente nadie la tiene. Me gusta la música <em>emo</em> de Samiam, Sunny Day Real Estate, I Hate Myself, Mineral y otros grupos.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Unai Velasco</strong></p>
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		<title>Esto no es una crítica literaria sobre &#8220;Richard Yates&#8221;, por Manuel Astur</title>
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		<pubDate>Wed, 08 Jun 2011 08:42:26 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Manuel Astur González</dc:creator>
				<category><![CDATA[Reseñas]]></category>
		<category><![CDATA[Alpha Decay]]></category>
		<category><![CDATA[Richard Yates]]></category>
		<category><![CDATA[Tao Lin]]></category>

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		<description><![CDATA[Imaginemos. Un día cualquiera entre semana, al atardecer, una chica viaja en un tren de cercanías, camino de su casa en una urbanización a las afueras de la ciudad...]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">Imaginemos. Un día cualquiera entre semana, al atardecer, una chica viaja en un tren de cercanías, camino de su casa en una urbanización a las afueras de la ciudad, después de haber salido de clase en la escuela, donde estudia, por ejemplo, diseño de moda. No está triste, pero tampoco contenta. Es inteligente, pero no valora su cerebro como su mejor arma. No es guapa, pero, desde luego, tampoco fea y la ropa moderna que lleva, junto con el pintalabios rojo que se pone todas las mañanas (y repasa cada poco) y el esmalte, del mismo color, de sus uñas, ya un poco descascarillado, le garantiza la aprobación general de los hombres y no desentonar en las discotecas donde va los fines de semana. Tendrá unos 19 años. Se considera buena persona, “vive y deja vivir”. Está más o menos satisfecha con su vida y, si bien cree que podría ser mucho mejor, no se esfuerza para que así sea pues sabe que es imposible cambiar nada. Podemos decir que ha encontrado un cálido refugio en una cómoda vida no mediocre pero tampoco excepcional. Destaca lo justo como para que la inviten a fiestas de revistas de moda y no llamar demasiado la atención. Le gusta mucho la música y entiende de sobra como para reconocer un <em>hit</em> cuando el <em>dj</em> lo pincha y poder alzar los brazos en éxtasis. No es una gran lectora, pero en su bolso tiene un libro de Murakami que ha sustituido al <em>Lobo Estepario</em> de Hesse, que leyó el mes pasado, y se deja aconsejar de buena gana por sus amigos más puestos en el tema. De arte lo desconoce casi todo, pero sabe reconocer, nada más verlo, lo que es bueno, o “excitante”. De hecho, aparte de la moda, su gran pasión, hace también fotografías que cuelga en internet (su última serie, en la que retrataba a sus amigas con el pintalabios corrido y los ojos morados como si hubieran sido víctima de malos tratos, ha tenido buenas críticas en su entorno) y es muy fan de Terry Richardson y de García-Alix. También le gusta el cine y adora las películas de Wes Anderson (querría parecerse a Margot Tennenbaum). No soporta la televisión pero ve buenas series como <em>Mad Men</em> o <em>Los Soprano</em> en internet. Es buena estudiante pero eso no le impide salir de fiesta cuando le apetece; sus padres tienen bastante dinero y mientras no les dé problemas (están muy ocupados ganando ese dinero) no ponen pegas en que la niña utilice su tarjeta de crédito “con moderación”.</p>
<blockquote>
<p style="text-align: justify;">
<div id="attachment_19780" class="wp-caption alignright" style="width: 249px"><a href="http://www.revistadeletras.net/wp-content/uploads//2011/06/subway_girl_by_Benlo-2.jpg" rel="lightbox[19775]"><img class="size-full wp-image-19780" title="subway_girl_by_Benlo" src="http://www.revistadeletras.net/wp-content/uploads//2011/06/subway_girl_by_Benlo-2.jpg" alt="" width="239" height="362" /></a><p class="wp-caption-text">Ilust.: Benlo - poignantpoet.blogspot.com</p></div>
<p style="text-align: justify;">Le gusta viajar y adora Nueva York, ciudad en la que sueña vivir dentro de unos años y donde ha ido ya en tres ocasiones, además de Berlín y Tokio, pero se suele quejar amargamente de que no puede hacerlo muy a menudo. Le gusta España pero considera que es un país un poco atrasado. Tiene más de 800 amigos en <em>Facebook</em>, 600 <em>followers</em> en<em> Twitter</em> y un <em>Formspring</em> que no utiliza mucho pues sólo le hacían preguntas picantes sus amigas (las muy putas). Amigos de verdad tendrá unos diez y, de esos, íntimos, sólo tres chicas a las que conoce prácticamente desde la infancia y con las que se lo pasa muy bien. No tiene problemas familiares, si bien no entiende a sus padres, que están todo el día trabajando amargados y no le prestan la más mínima atención. Ella no será así, desde luego, ella va a ser alguien, sí,  va a vivir su vida como quiere, no como le digan, piensa de vez en cuando. No tiene novio: cree en el amor y algún que otro capullo le ha hecho daño. Está convencida de que aún no ha encontrado al hombre adecuado y va con cuidado.</p>
</blockquote>
<p style="text-align: justify;">Mira el ocaso por la ventana. Ha empezado a llover y los cristales están empañados. Mira su reloj <em>Casio</em> dorado: aún le queda una media hora de viaje. Saca el libro de Murakami pero ni lo abre. Saca su <em>iPhone</em>, se pone los auriculares y empieza a sonar Bon Iver. Se conecta a <em>Facebook</em> y ve que tiene siete solicitudes de amistad. Como casi siempre, son de hombres. Mira las fotos y según su aspecto las va rechazando o aceptando. Uno de ellos parece oriental. Y vive en <em>New York</em>. Aceptar.</p>
<blockquote>
<p style="text-align: justify;"><a href="http://www.revistadeletras.net/wp-content/uploads//2011/06/TaoLin.jpg" rel="lightbox[19775]"><img class="alignleft size-full wp-image-19779" title="TaoLin" src="http://www.revistadeletras.net/wp-content/uploads//2011/06/TaoLin.jpg" alt="" width="333" height="177" /></a>Menos mal que sabe inglés. Entra en su muro y, por sus estados, ve que es un chico sensible. No tiene problema en decir que está llorando. También ve que es escritor, mira tú, tiene varios libros publicados, con lo jovencito que es. Dice cosas profundas, pero no es pedante, y eso que se nota que ha leído mucho y es muy culto. Ella se siente reflejada en sus palabras. Lee las conversaciones en su muro, son largas, se repite mucho, algunas profundas, otras pura chorrada. Es extrañamente provocativo. Mira sus fotos con naturalidad -está acostumbrada a ese exhibicionismo de su generación y ella misma ronda a los fotógrafos en las fiestas con la esperanza de que le saquen, y etiqueten a los pocos días, una foto en la que fingirá estar más colocada de lo que realmente está y divertirse mucho más de lo que en verdad se divierte-  y alguna que otra le hace sonreír. Es un poco payasete, le gusta mucho llamar la atención. Parece que está un poco loco. Es un inconformista. Conoce a mucha gente. Entiende de moda. Está al día. Es un poco rebelde pero no rechaza la sociedad. Es moderno. Es tímido y, al mismo tiempo, muy presumido. Parece bipolar. Tiene sentido del humor y, de vez en cuando, destellos de originalidad. No apabulla. Avanza por las fotos y las notas,  se parece a ella,  le gusta lo que ve pero tampoco le entusiasma, es entretenido pero no apasionante, mola, nada más, le gusta bastante. Nada más. O nada más y nada menos.</p>
</blockquote>
<p style="text-align: justify;"><a href="http://www.revistadeletras.net/wp-content/uploads//2011/06/Richard-Yates.jpg" rel="lightbox[19775]"><img class="alignright size-full wp-image-19781" title="Richard Yates" src="http://www.revistadeletras.net/wp-content/uploads//2011/06/Richard-Yates.jpg" alt="" width="169" height="272" /></a>Por fin, el tren llega a su parada. El tiempo ha pasado rápido. Se desconecta de internet y guarda el <em>iPhone</em> y el libro en el bolso. Se baja en la estación vacía. Camina por la calle bajo la lluvia pensando en lo mucho que le gustaría tener su vida. Estaría bien ser su amiga, quizá en su próximo viaje a <em>New York</em> podría enseñarle sitios y presentarle a gente interesante que le cambie la vida. Todo es cuestión de conocer a las personas adecuadas.</p>
<p style="text-align: justify;">Cuando entra en su casa, donde recibe el habitual saludo frío de sus padres, se dirige directamente a su habitación, enciende el ordenador, pone en el muro del escritor neoyorkino “<em>Hi! how are you?</em>” y sigue viendo sus cosas, investigando su vida. Afuera, en la calle, ladra un perro.</p>
<p style="text-align: justify;">Imaginemos ahora que, en lugar de coger un <em>iPhone</em> y abrir <em>Facebook</em>, lo que esta chica ha abierto ha sido <strong><em>Richard Yates</em></strong>, la última novela de <strong>Tao Lin</strong>, editada en nuestro país por Alpha Decay. En mi opinión, tampoco habría demasiada diferencia. En realidad no habría ninguna.</p>
<p style="text-align: justify;">Imaginemos, por último, que esto ha sido una crítica literaria. Podría serlo, pero no lo es. Del mismo modo que esta tampoco es una novela sino otra cosa parecida. Nada más. O nada más y nada menos.</p>
<p><strong>Manuel Astur González</strong><em> </em><br />
<a href="http://manuelastur.wordpress.com/" target="_blank">www.manuelastur.wordpress.com</a></p>
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