“Túneles”, de Roderick Gordon y Brian Williams

Por Javier Munguía | Reseñas | 27.12.09

TúnelesTúneles. Roderick Gordon y Brian Williams
Traducción de Adolfo Muñoz
Puck (Barcelona, 2007)

En estos tiempos de crisis, es difícil pensar que el desempleo puede ser providencial. Pero puede serlo. Lo fue, al menos, para Brian Williams. A pesar de que había estudiado bellas artes en la Slade School of Art de Londres, William se desempeñaba como banquero en la zona financiera de esa misma ciudad. Cuando fue despedido de su trabajo, se embarcó junto a su amigo Roderick Gordon, biólogo de profesión, en la aventura de escribir una novela a cuatro manos sobre mundos subterráneos. Al terminar el libro, sus autores lo publicaron por sus propios medios, en una edición que supongo modesta.

bg.the_authorsAhora mismo me entero de que The Highfield Mole –primer título del libro- se publicó el 17 de marzo de 2005 y tuvo un tiraje de 500 ejemplares en pasta dura y 2000 en pasta blanda. Se dice que esta edición se agotó el primer día de venta, previo apoyo publicitario. El éxito de la obra llegó a oídos de Barry Cunningham, el editor que en 1997 había apostado por aquella novela sobre magos y brujas en la que nadie creía, rechazada por varias casas editoriales y que poco después de publicada se convertiría en el primer tomo de una de las sagas más exitosas de todos los tiempos: Harry Potter. Cunninhgham decidió publicar el libro de Williams y Gordon, rebautizado como Túneles, en Chicken House, anunciándolo como “el próximo Harry Potter”. Ambas obras son sagas fantásticas dirigidas a un público juvenil, pero sus semejanzas llegan hasta ahí.

En todo caso, Barry Cunninngham acertó nuevamente: Túneles y las secuelas publicadas hasta ahora, Profundidades y Caída libre, se han convertido en best-sellers, los derechos se han vendido a 40 editores en 15 idiomas y pronto se estrenará la primera película inspirada en la saga. ¿Qué hay en estas novelas que seduce a tantos lectores en el mundo?

El protagonista del primer libro de la serie, Túneles, se llama William Burrows, tiene 14 años, cabello muy rubio y piel muy pálida, y parece haber heredado de su padre la pasión por cavar hoyos en la tierra. A pesar de su alto nivel de estudios, el doctor Burrrows, padre de Will, ha debido conformarse con un modesto puesto como encargado de un museo que nadie visita excepto el polvo. Sin embargo, el doctor no está del todo resignado: sueña con hacer un descubrimiento con sus excavaciones que le otorgue la celebridad que cree merecer. Ya tiene en su haber un hallazgo de relevancia, una villa romana enterrada, pero un profesor de brillante trayectoria se apropió del proyecto y le arrebato la gloria. El doctor Burrows no está dispuesto a permitir que una infamia semejante le ocurra de nuevo.

La madre de Will es una mujer enajenada con la televisión que apenas charla con su familia; en realidad, el sostén de ésta es la hermana del muchacho, Rebecca, quien además de estudiar realiza todas las labores del hogar, como cocinar, limpiar y lavar la ropa. En la escuela, la situación de Will no es precisamente grata: es blanco fácil de los matones de la clase, quienes hacen mofa de su fragilidad y su piel pálida. Suerte que el joven cuenta con el apoyo de su fuerte y grande amigo Chester. Por lo demás, a Will no parece importarle mucho no ser aceptado ni popular: lo que le apasiona son los túneles y los tesoros desconocidos que puede descubrir.

En la primera parte del libro, el doctor Burrows, a espaldas de su hijo, realiza hallazgos sorprendes e inquietantes: una bola de cristal que brilla con luz propia, cuyo funcionamiento es incapaz de explicar; hombres de negro que se deslizan silenciosos sobre la ciudad y que parecen seguirlo; tuberías subterráneas que aparentan no tener fondo. Una noche, luego de un pleito con su esposa en el que ésta le reclama su mediocridad, el doctor Burrows desaparece. Will, con la ayuda de su fiel amigo Chester, se dará a la tarea de encontrarlo. Puesto en antecedentes por un diario de su padre que encuentra en el sótano, Will pide ayuda a su amigo para cavar un túnel debajo de su propia casa que podría llevarlo a descubrir el paradero de su padre. Al entrar en la tierra acompañado de Chester, Will no sólo sabrá qué ha sido de su padre, sino que descubrirá un mundo insospechado y peligroso, de hombres rubios y muy pálidos, que pondrá en riesgo su propia identidad.

Deben saber los lectores que este primer volumen de la saga no da respuesta a muchas de las interrogantes que plantea; supongo que ellas son resueltas en volúmenes posteriores. Túneles significa apenas una introducción a ese mundo paralelo al nuestro, de reglas propias y extrañas características, pero que a la vez nos habla del nuestro, de las amenazas a nuestra libertad, de la prepotencia de una autoridad entronizada como absoluta, de la xenofobia y el rechazo a lo diferente, entre otras cuestiones.

Si en Harry Potter cada de los volúmenes que conforman la saga, excepto el sexto, constituye una aventura completa, cuyo centro es un conflicto que al final del tomo se resuelve, aunque la batalla final siempre queda pospuesta, en Túneles no hay resolución: digamos que el conflicto se queda a medias. Ello no obsta para el libro sea atractivo. Los autores invitan al lector a imaginar un lugar fascinante por todo lo que tiene de diferente a lo conocido y que al mismo tiempo hunde sus raíces en nuestras fantasías más locas: muchos de nosotros nos hemos imaginado un mundo bajo la tierra que bulle de aventuras y seres fuera de lo común; este libro colma nuestra imaginación, la estimula y nos hace lectores cautivos de las próximas entregas.

El estilo es sencillo y directo, y la estructura no tiene mayores complejidades que ir sembrando hábilmente dudas y expectativas en el lector que lo invitan a quedarse, a seguir excavando en el libro, lo cual no es poco mérito. Además, la novela sorprende porque al principio la realidad de Will y su familia parece mediocre y sin brillo, pero ya que el joven ha entrado en el mundo subterráneo se nos hacen revelaciones que modifican nuestra perspectiva, dándole una vuelta de tuerca: debajo de esa fachada disfuncional y aburrida, el hogar de Will esconde secretos terribles; sólo una parte de ellos se nos dará a conocer en el primer tomo.

Sin duda, el que hayan despedido a Brian Williams de su trabajo como banquero fue providencial para él. También lo es para los lectores, a quienes, acompañado de Roderick Gordon, ha entregado una obra imaginativa y apasionante que promete mucho más en sus siguientes tomos.

Javier Munguía
http://javiermunguia.blogspot.com

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