Loopoesia 2010: Bitácora para navegantes, por Jean Martin du Bruit


Dice la leyenda que un jueves por la noche Neill Higgins y Jordi Corominas i Julián hablaron largo y tendido en el bar Fantástico. El inglés pinchaba y el catalán bebía. Hablaron de sus ideas y decidieron poner en marcha Loopoesia, así, de la nada. El único material disponible era un poemario a musicalizar. Otro jueves repitieron charla y  perfilaron elementos. Máscaras, gominolas para el público, íconos desafiantes y dos gritos emblemáticos: Carmen, la poesía, y yo soy Isabel la Católica, lema símbolo de un proyecto experimental que a base de tesón y voluntad innovadora ha llegado mucho más allá de lo previsto en un principio. Lejos queda el debut del 14 de marzo de 2009. Loopoesia abandona Barcelona y viaja a Madrid para presentar su espectáculo de 2010 en La casa de los jacintos y el Badulake. El grupo ha consolidado su propuesta y llegará  a la capital acompañado de The Lady Sounds, conjunto excepcional que enlaza con la mentalidad pop de Jean Martin du Bruit y el Anónimo toledano, quienes fieles a su espíritu decidieron enterrar la sardina del debut y mostrar al público una actualización que incluye un nuevo poemario con sorprendentes músicas y una puesta en escena radicalmente distinta a la que os teníamos acostumbrados. El decálogo que sigue a esta introducción pretende ser una bitácora que motive y permita entender los ríos que mueven nuestra recién estrenada nave.

Los jugadores de Ajedrez de Plaza Catalunya de Jordi Corominas i Julián

Es el nuevo poemario loopoético, construcción lírica que se caracteriza por su estructura de suite, 12 poemas se convierten en uno mediante sus conexiones temáticas y formales, que permite su musicalización. En 2009 usamos dos composiciones parecidas pero que juntamos por las circunstancias. La nueva pieza, que podréis leer desde el 5 de febrero en http://letratlantica.blogspot.com, es una sinfonía urbana dirigida por los hombres que cada día se reúnen para jugar con peones y damas al lado de la estatua divina de la barcelonesa Plaza de Cataluña. Ellos lo saben todo y acompañan al lector-espectador en el recorrido por las facetas más importantes de una ciudad que podría ser cualquiera. Un hombre abandona su casa y su amor, pisa el centro y deja que los versos se nutran de personas atendiendo a su cita, gente ingenua entre la ilusión y la cruda realidad; sus acompañantes avanzan, aunque uno de ellos se ha suicidado en una habitación de hotel encaprichada en contarnos todo lo que ha sucedido en su interior. El muerte debe demorar en el cementerio, visto desde una perspectiva humorística por sus trabajadores, fumadores empedernidos que odian las urnas llenas de ceniza y la triste fila del camposanto, parecida a las estanterías de un centro comercial. Las similitudes entre disparidades crónicas existen. La composición salta a los modernos y se para en un bar de diseño vacío, oda a todos los silencios que ignoramos entre cuatro paredes que desaparecen cuando las señoras que limpian abren los locales y danzan con su fregona. El homenaje a la esencia del barrio se asusta cuando irrumpen los políticos, último vals antes de la despedida, donde el protagonista vuelve a tu humedad, que es mi calor.

La unidad absoluta de Los jugadores de ajedrez de Plaza Cataluña, sobre todo si lo comparamos con la fusión de Las nocheviejas del Patriarca y La balada del delineante, hará que la música abrace otros extremos. Si en 2009 fuimos pop, en 2010 jugaremos con muchos estilos y elementos que marquen claramente los espacios que exhibe el poema, más largo en el verso y más complejo, tanto en estructura como en profusión de imágenes.

Viejos hábitos, trucos de viejo: La performance y sus recovecos

Muchos recuerdan nuestras antiguas barbaridades. Fornicar con un pony, bajarnos los pantalones, soltar dadaísmos extáticos. Nos encanta la locura, pero ante todo queremos que se entienda nuestro proyecto como una prueba hiperrealista de extrema racionalidad, y lo mismo queremos transmitir desde el escenario con los múltiples acompañantes que circulan por el show. A finales de 2009 incorporamos novedades para ver la reacción que causaban entre el respetable. Jean Martin du Bruit y el Anónimo toledano tienen su papel muy definido. El licenciado en Cambridge recita poesía automática y se mueve en función de la música, los versos grabados y sus emociones. Viste estrafalario, recita poseído, asusta con su máscara blanca, tiene ataques epilépticos y ahora hasta se permite irse un rato durante el interludio para emerger oralmente desde un punto inconcreto y reaparecer con más energía antes de decapitar a su enemiga, la muñeca fascista. Por su parte, el Anónimo toledano, tigre bengalí nostálgico y guasón, mezcla con fantasía y profesionalidad la melodía y entona identidades oscilantes, aunque por lo que sabemos confiesa ser George Harrison. Su doble letalidad se ve acompañada en 2010 por la bailarina Lola Farigola Romaní, perfecta en su labor fruto de la espontaneidad y una gran técnica. Por desgracia aun somos pobres, y la perla de la danza no nos acompaña a Madrid. Brindaremos los shows  a su ausente presencia.

Una cosa son los protagonistas, héroes fugaces que dependen en gran medida del batiburrillo conceptual instalado allá donde actúan. ¿Lo conocen? ¿No?¡Será  posible! Temblamos por las risas de los controladores aéreos. Piernas de maniquí, tridentes diabólicos, una muñeca del chino, animales loopoéticos. ¿Quieren más? Hay seis íconos, tres debutantes en nuestras lides. Audrey Hepburn, colgada de la espalda de Jean Martin, es un grito contra la anorexia estereotipada, ridícula delgadez impuesta por los cánones del consumismo, lo cual no deja ser paradójico; Paul McCartney y George Harrison son las presencias positivas, el bajista por interesarse mucho en el concepto de suite musical y el quiet Beatle por sus creencias religiosas que nos confieren paz de espíritu. Esta trilogía permanece y convivirá durante estos meses con Enriqueta Martí, una asesina eterna, el negro de Banyoles, el primer inmigrante de España, y Pericles de los palotes, ídolo de masas instalado, como estadista que fue, junto al micro para infundirnos sus convicciones.

Los cambios sirven para crecer: Proyecciones, interludio y una mesa de té

El 27 de diciembre de 2009 actué solo en el Heliogabal. El reto era potente y mi compañero toledano tenía que atender unos asuntos en Inglaterra, por lo que opté por adelantar algunas novedades, entre ellas las proyecciones. Surgieron después de un show. Fuimos a una fiesta de cumpleaños y descubrimos que su ambiente fantasmagórico podía hundirnos. Resistimos y, de repente, unas imágenes de la homenajeada iluminaron nuestras mentes. Hay fotografías que sólo importan a quien sale en ellas, teniendo nula trascendencia para el resto del género humano. Desde esa premisa hicimos un montaje de 185 instantáneas que sigue el ritmo de la música y la poesía. Las proyecciones son el principal motivo de otra decisión importante: abandonar la libreta automática y recitar espontáneamente a pelo. Limitamos movimientos y los engrandecemos dándoles más significado escénico, algo que también consigue el nuevo interludio, composición musical con una pista base al revés que confiere dramatismo a la supuesta pausa entre los cementerios y los modernos. Nos llamamos Loopoesia porque usamos loops de canciones, pero siempre quisimos crear un sonido que nos perteneciera. Lo consigue el interludio donde el vacío preformativa será sólo teórico, pues dos hombres victorianos beberán té  en una amantelada mesa, pequeño guiño al sombrerero loco de Alice in Wonderland, uno de nuestros libros de cabecera.

Los retos y el futuro

El cambio es para mejorar, una evolución de progreso. Nuestra intención es que así siga siendo. Trasladarnos a Madrid durante un fin de semana es como dar un salto enorme. Seiscientos kilómetros de distancia y un sueño. Juntamos poesía, música, imagen, simbolismo y performance. Algún espectador piensa demasiado. Queremos veros disfrutar. Ya habrá  tiempo para el análisis. Aterrizamos en una ciudad que nos tiene enamorados de antemano y queremos que nuestro amor se amplíe durante estas mágicas jornadas. Loopoesia es amor.

Jean Martin du Bruit

Loopoesia en Madrid

.Viernes 5 de febrero

21 horas 30 minutos

La Casa de los Jacintos presenta The Lady Sounds+Loopoesia

C/ Arganzuela 11 (La Latina)

. Sábado 6 de febrero

21 horas

Badulake presenta The Lady Sounds+Loopoesia

Salitre 30 (Lavapiés)

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